Orgullo para toda la población

Sobre el día del "orgullo gay" en Donostia, País Vasco. Junio 28 de 2017. 

Ana Cristina González Vélez
Ana Cristina González Vélez
Médica e investigadora feminista. Consultora internacional.
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29 de Junio de 2017

A lo largo de la última década y media he participado de las marchas del "orgullo gay" en distintas ciudades del mundo. No porque vaya tras las marchas sino porque estas me han encontrado en distintos lugares. Bogotá, Río de Janeiro, Montevideo, New York. En todos ellos, con intensidad variable, esta marcha suele ser un "espectáculo". Y uso las comillas no porque hoy me haya levantado dudando de todo y poniéndolo todo en cuestión sino, en ambos casos, porque quiero llamar la atención.

En cuanto al orgullo gay, porque sigo pensando que esta es una denominación masculinizada de una conmemoración que debería hacer sentir orgullosas a todas las personas que conviven con, -y la respetan- la diversidad. En cuanto al espectáculo porque ha sido justamente eso, una puesta en escena, estridente la mayoría de las veces, exacerbada, provocadora y en muchos momentos desconcertante. No tengo duda de que todos los personajes que desfilan por esas marchas son reales, existen, y merecen respeto. Como seres humanos. Ninguna duda. Algunos, para mi son tan excéntricos que me evocan una intención muy básica: provocar y a veces, forzar la mirada hacia la diferencia.

En todas, digo, ha sido así con grados variables. Menos ayer, en Donostia. Que la gente Vasca es seria en el sentido en que en Colombia se entiende este adjetivo, es decir, comprometida, rigurosa, formal e incluso distante, es algo que escuché desde que aterricé acá hace poco mas de un mes. Pero que esa seriedad marcara la diferencia en la marcha del orgullo, fue una experiencia antropológica. Y no negativa. Al contrario, para mi gusto, bastante buena.

La marcha del orgullo (así a secas y por ello sin comillas) convoca en esta ciudad pequeña a una multitud que cubre extensión, unas 5 cuadras. Es decir a mucha gente (sobretodo teniendo en cuenta su población). Es tranquila, casi silenciosa (pese a la batucada de las mujeres lesbianas que la encabezaba), intergeneracional (como muchas otras), ligeramente colorida (con las banderas del arco iris levantándose entre la multitud pero no ahogándola), politizada (pude ver personajes de la vida pública, los partidos, independentistas con banderas duales: o sea arcoiris MAS el otro símbolo), en fin. Mucha gente que se mezclaba y hacía muy difícil (salvados estereotipos) saber quienes eran los "gays", las y los "trans", los bi, los hetero, los no binarios. Era una ciudadanía marchando tranquila y con orgullo por los derechos que se van consolidando para estas poblaciones. Pero un orgullo que parecía más colectivo, más amplio, más abarcativo. Y una marcha sin espectáculo. Simplemente, una marcha.

 

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