Mujeres insubordinadas

Desde el feminismo hemos promovido y seguiremos haciéndolo, movilizaciones y cambios. Desde este lugar, combatimos la opresión, la exclusión y toda forma de discriminación. Contra la ideología de género, contra Trump, contra la violencia, por la maternidad como una opción y por nuestro pleno reconocimiento como ciudadanas. Mujeres insubordinadas. 

Ana Cristina González Vélez
Ana Cristina González Vélez
Médica e investigadora feminista. Consultora internacional.
207 Seguidores0 Siguiendo

2 Debates

30 Columnas

Columna

200

0

15 de Febrero de 2017

El feminismo es a la vez una teoría, y un movimiento político, crítico por excelencia. Un movimiento que cuestiona las desigualdades, la marginación, la exclusión y toda forma de subordinación. De manera inicial y fundante, las que existen entre mujeres y hombres, y de manera estructural las que existen entre distintos grupos de mujeres según su raza, su etnia, su nivel educativo, su clase.

 

Nos propone una lucha contra hegemónica y ha logrado penetrar incluso en el corazón del capitalismo con su crítica a la clásica división sexual del trabajo en la que éste se sustenta a partir del trabajo no remunerado que hacen las mujeres en el hogar (reproducción de la fuerza de trabajo) y a partir de la doble y triple jornada que obliga a muchas de ellas a recibir menores ingresos, o a aceptar trabajos menos buenos, de menor estatus y con menor poder.

 

Pero lamentablemente, esta diaria y silenciosa revolución ha sido hecha y documentada casi exclusivamente por nosotras mismas. Todo y todos parecen decirnos que esta lucha y este poder, no es “real” e incluso los medios que como la Silla Vacía han tenido la inteligencia y la lucidez de abrir este espacio (la Silla de las Mujeres), nos circunscriben a nuestros propios guetos  desde una lógica que parece decir que sólo los arreglos entre patriarcas -con la participación de algunas pocas mujeres-, constituyen el verdadero poder.

 

No obstante, distintas protestas alrededor del mundo que abarcan desde las marchas de “Ni una menos” contra la violencia hacia las mujeres en varios países de América Latina, hasta las marchas promovidas en Estados Unidos contra el Presidente Trump por sus medidas anti-derechos, traen de nuevo al feminismo y a las mujeres a la escena públic,a para mostrar que somos una fuerza de poder real.

 

Es así como en USA () la resistencia contra las fuerzas autoritarias, las que se mueven contra los migrantes y las mujeres o la población LGBTI, emana también del feminismo, desafiando como en otras ocasiones, el estatus quo y recordando a la sociedad que somos una fuerza transformadora.

 

Fue así como en Colombia la movilización en torno a la ideología de género logró ser contrarrestada por las feministas quienes sacamos a flote una defensa seria e íntegra que nos permitió triunfar –en el papel- y que seguramente ahora nos dará fuerza para lograr la implementación de los compromisos relativos al enfoque de género en el proceso de construcción de paz. Una defensa que sólo nosotras podíamos hacer.

 

Por este motivo, y tanto porque los “asuntos de las mujeres” no parecen hacer parte de las agendas más inminentes del país, como porque nuestra fuerza política sigue siendo considerada una fuerza de segunda mano, es que poco lo que se ha dicho sobre la maternidad entre las mujeres hoy concentradas como parte del proceso de paz. Casi un 30% de esta ex guerrilla son mujeres y más de un 5%, en esta última recta del proceso de desmovilización, han tenido hijos o están embarazadas. Sus condiciones de vida, como las de los demás concentrados, son precarias y su maternidad es inquietante porque no conocemos las condiciones ni las razones por las que ésta viene ocurriendo aunque algunas vean en ella un gesto de compromiso con la paz. Si en el pasado fueron sometidas a abortos o a anticoncepción forzada, e incluso si algunas debieron entregar a sus hijos en adopción, o si en el presente no tienen acceso a métodos anticonceptivos, o a abortos seguros, o bien si no pueden negociar sus relaciones sexuales o incluso si son sometidas a abusos y violaciones, es algo que concierne a la sociedad como un todo.  Muchas mujeres que han sentido la muerte como una presencia desgarradora –en la guerra o en situaciones de desastre natural por ejemplo- ven en la maternidad una manera de recuperar la vida, pero muchas también ven en ésta la única posibilidad de tener un proyecto que les es propio.

 

Por todas estas razones es que el Estado tiene que asegurar que el embarazo entre las mujeres en las zonas de concentración sea realmente una opción. Esto implica que de forma perentoria, todas reciban información sobre métodos anticonceptivos y sobre aborto seguro, sobre métodos de protección de infecciones de transmisión sexual y sobre el cuidado prenatal. Quienes elijan embarazarse, deben poder hacerlo con todas las condiciones de cuidado que se requieren para un parto seguro y un cuidado posterior que incluya tanto al neonato como a la mujer, de manera que pueda planificar en el futuro su reproducción. Pero también, quienes no deseen embarazarse, deben poder contar con las mismas condiciones y garantías para tomar decisiones seguras y oportunas.

 

Coda: el próximo 8 de Marzo las mujeres del mundo estaremos en paro. En América Latina, en el Caribe, en Estados Unidos y en mil lugares más, dejaremos todas nuestras actividades para demostrar simbólicamente, el valor del trabajo que hacemos. Y para que se escuche bien alto que la lucha contra la violencia y la discriminación, la estamos haciendo en todas partes. Estamos insubordinadas. En el país entero. En la casa y en la calle.