Montar en bici: un peligro unisex

Hombres y mujeres se encuentran constantemente expuestos a los peligros viales de transportarse en bicicleta por Bogotá. Este es uno de los casos en los que la categoría de género no tiene nada qué decir al respecto. 

Lina Céspedes
Lina Céspedes
Abogada
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17 de Septiembre de 2017

La categoría género no sirve para analizar todos los fenómenos sociales. Yo sé que esto puede sonar un sacrilegio para algunos, en especial en esta época en que la inclusión de una dimensión de género se ha vuelto obligatoria para que cualquier iniciativa, política pública o regulación legal sea políticamente correcta.

Sin embargo, el género no es siempre una categoría relevante para comprender lo que nos pasa como individuos y sociedad. De ahí que sea siempre importante preguntarse antes de meter el famoso concepto en el mix, qué es lo que nos aporta, qué es lo que no identificaríamos si estuviera ausente de nuestros análisis.

Gracias a mi condición de “biciusuaria” en Bogotá me he topado con una de esas situaciones en las que el género no tiene nada que decir. La inseguridad vial que enfrentamos los ciclistas día a día en la capital del país no tiene una arista de género. Más bien, es uno de esos casos en los que hombres y mujeres sin distingos enfrentamos la imprudencia y a veces violencia de carros y motocicletas. Así mismo, son hombres y mujeres los sujetos activos de esa negligencia y/o animosidad contra el ciclista.

Ahora, es posible que algunos digan que las mujeres somos menos hábiles para montar en bicicleta, lo que nos expone más a accidentes, replicando un argumento que ha hecho carrera entre los conductores de carros, especialmente taxistas, según mi experiencia. Dentro de la misma lógica, se podría afirmar que los hombres son más temerarios y que por esa razón son más proclives a los mismos. Por el momento me es imposible descartar del todo esta lectura porque no tengo cifras y no conozco un estudio concienzudo que explore las diferencias de género en la conducta vial automotor y ciclista. No obstante, con base en lo vivido en las calles, los dos sexos exhiben trazos de prudencia o negligencia indistintamente.

Por ejemplo, sé que el 12 de septiembre de este año tanto hombres y mujeres ciclistas que transitábamos en la ciclorruta de la carrera 19 de norte a sur estuvimos expuestos a la muerte a manos de motociclistas de los dos sexos que invadían nuestro carril a velocidades por encima de los 30 km/h. ¿La razón para pasarse entre los maletines color naranja? Adelantar carros y quedar de primeras en el semáforo. Confieso que ese día llegué a mi hogar dando las gracias por estar viva y con la firme convicción de recapacitar sobre la racionalidad de mi decisión de usar bicicleta para moverme en Bogotá.

Quienes me conocen, saben que lo único que he hecho en los últimos meses desde que comencé a usar las ciclorrutas de las carreras 16 y 19 es escalar las medidas de seguridad. Mandé traer un casco con los últimos desarrollos en el tema, encargué una cámara para poder documentar lo que sucede en las calles y evito las horas pico. Ya no me siento segura con el casco común y corriente del ciclista. Me aburrí de tener que parar a tomar fotos de los carros parqueados en nuestro carril, cosa que he considerado esencial para demostrar cómo esta conducta nos obliga a meternos entre los carros exponiendo nuestras vidas. Me siento intimidada en las horas pico y sus enjambres de motociclistas que piensan que son parte de la carrera de Isla de Man. Aunque no se engañen, todo esto que estoy haciendo puede ser un saludo a la bandera y/o exponerme a un robo épico, porque ese el otro asunto: las ciclorrutas están abandonadas. Uno transita por ellas y si está de buenas se encuentra un policía encargado de la seguridad de los ciclistas una vez al mes.

Hoy domingo me fui a recorrer las ciclorrutas que generalmente transito. No sé por qué razón pensé que algo iba a cambiar en unos cuantos días. Tal vez fue el anuncio en Twitter del Secretario de Movilidad, Juan Pablo Bocarejo, sobre la demarcación de la ciclorruta en las carreras 16 y 19. Mi desilusión fue grande. Lo único que encontré es que en un pequeño tramo en la intersección entre esas carreras se pintaron unos carriles azules para nosotros. Pero más allá de eso nada.

Los maletines color naranja siguen en su mismo lugar, de manera irregular, dejando grandes boquetes para que el tráfico desenfrenado de Bogotá se cuele por encima de sus ciclistas. Siempre que estoy montada en mi bicicleta me asalta la siguiente pregunta: ¿qué pasaría conmigo si uno de estos carros toca a una velocidad alta uno de esos maletines y lo bota hacia mí? Ya está visto que los maletines de la carrera 11 entre calles 106 y 116 han sido embestidos por más de uno. Hoy que pasé, muchos exhibían sus entrañas de arena o simplemente la habían dejado desparramada en la vía.

Aún no he tomado una decisión respecto de si abandonar definitivamente la bicicleta y dejarla para los fines de semana en la ciclovía y mis paseos fuera de Bogotá. Lo que sí decidí es convertirme en una biciusuaria activista. Siempre he llegado a los activismos a pesar de mí misma. Es muy difícil serlo en un país que ve con ojos suspicaces todo lo que se le relacione.

Le tenemos tanto miedo al disenso y a la crítica que asociamos el activismo y la protesta con la subversión. En fin, luego de apropiar mi feminismo, el siguiente paso es ser una ciclista activista. Seguiré denunciando las imprudencias y violencias en la vía mientras me sea posible y mi sentido común me lo permitan, así la Secretaría de Movilidad ignore mis trinos y solo manifieste que le gustan cuando apoyo sus iniciativas.

En cuestión de ciclistas la ciudad no se puede contentar con pilotos. Las ciclorrutas deben ser diseñadas para ser puestas en funcionamiento con todo el mobiliario urbano necesario para garantizar la integridad de los ciclistas y con un esquema de seguridad a la altura de Bogotá. Una vez se cuente con este mínimo, la ciudad puede dedicarse a incentivar a sus ciclistas a usarla, no a la inversa como ha venido ocurriendo.

La Secretaría de Movilidad nos ha invitado a asumir el reto de transportarnos en bicicleta los 5 días de la semana del 25 al 29 de septiembre. Yo he aceptado ese reto, sin embargo, no sé si la Secretaría ha aceptado el reto de proteger de manera adecuada a sus ciclistas.

Las opiniones expresadas en este medio son personales y no reflejan posturas institucionales.

Foto tomada de