¿Maternidad subrogada o alquiler de vientres?

¿Qué se alquila en la maternidad subrogada? El vientre de una mujer: es así de simple y complejo. Darle el nombre de subrogada es un eufemismo, para disfrazar lo que en la realidad es.

Olga Amparo Sánchez
Olga Amparo Sánchez
Feminista activista e investigadora colombiana
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23 de Agosto de 2017

El artículo de Lina Céspedes sobre “”, colgado en la Red de las Mujeres el 13 de agosto de 2017, genera un debate importante que la sociedad colombiana y el feminismo están en mora de llevar a cabo. Admiro y respeto a Lina por sus constantes aportes al feminismo, por su responsabilidad intelectual y por sus posturas críticas bien fundamentadas.

Considero necesario expresar mi opinión acerca de la autora del artículo, porque es necesario continuar fisurando al patriarcado que siempre coloca las diferencias entre las mujeres como un problema de “envidias o broncas” entre nosotras. Por supuesto, tenemos como humanas broncas, afectos y desafectos, pero nuestras diferencias son, en más de las veces, políticas y teóricas.

El idioma castellano es rico en la forma como juega con las palabras para matizar y minimizar el verdadero significado. Según la Real Academia Española, “subrogada” significa: “poner a alguien o algo en lugar de otra persona o cosa” y alquiler: “Acción y efecto de alquilar o precio en que se alquila algo”. ¿Qué se alquila en la maternidad subrogada? El vientre de una mujer: es así de simple y complejo. Darle el nombre de subrogada es un eufemismo, para disfrazar lo que en la realidad es.

Por supuesto, como lo plantea Céspedes: “la realidad social ya nos está mostrando que este tipo de negocios se están dando, es esencial que propendamos por tener un debate informado y por lograr una regulación que proteja a todos los involucrados y los induzca a actuar responsablemente”. Pero ¿quiénes son las implicadas e implicados en esta nueva realidad social?.

Generalmente las mujeres que alquilan sus vientres, son mujeres de escasos recursos económicos que no siempre reciben directamente el pago por la gestación y quienes alquilan son parejas heterosexuales u homosexuales que tienen buena capacidad económica, para pagar por el alquiler del vientre y con ello realizan una justa aspiración humana: tener una hija o un hijo.  También están implicados los laboratorios médicos, ginecólogas/as, servicios de salud; es una red de mercado que se nutre del deseo y las necesidades de mujeres y varones, sean estos/as homosexuales o heterosexuales.

Si el alquiler de vientres lo dejamos en el plano de un negocio, es factible que se pueda compartir la postura de que todas/os las/os implicadas/os deban obtener ganancia de él, es la lógica del capitalismo. Se tiene una mercancía, el vientre de la mujer, se compra si tienes el poder adquisitivo para ello.

En la lógica del mercado, el valor de las mercancías se regula entre otras factores  por la oferta, la demanda y/o por la intervención del Estado a través de leyes o regulación de precios. Por ello se hace necesario  la expedición de leyes que reglamenten la venta y compra de “maternidades subrogadas”.

Pues bien, las maternidades subrogadas no son otra cosa que el alquiler de vientres. Este “negocio” nos coloca de frente y descarnadamente en el sofisticado mercado de compra y venta de los cuerpos. Mercado que promete refinados e ilusorios placeres y deseos, disfraza de derecho, lo que no es otra que una idea malformada de la libertad y la autonomía.

En nombre de la libertad, se compra el vientre de una mujer, afirmando que es su autonomía venderlo. En esta lógica surge una pregunta: ¿Es posible el ejercicio de la autonomía, de quienes alquilan sus vientres en contextos de profundas injusticias y desigualdades?

No me asisten falsas posturas moralistas, fundamentalistas o idealismos sobre la reproducción humana; no creo que siempre las hijas/os son producto del amor, existe tal diversidad de motivaciones para ello y aún más reconozco que las dinámicas de la sociedad capitalista van a imponer la “maternidad subrogada”. Porque en la sociedad de mercado mientras existan necesidades y deseos no satisfechos, estos se compran y se venden.

Posiblemente Colombia transite por el camino de países como la Gran Bretaña, Israel, Australia o Brasil que han aprobado “la maternidad subrogada”. Dichas leyes buscan un punto medio, preservar los derechos de todas las personas implicadas en el negocio, especialmente los derechos de la mujer que alquila su vientre y los de la niña/o por nacer.

Considero que el debate trasciende los intereses legítimos de quien vende y quien compra. Es necesario ampliarlo, más allá de regularlo o no hacerlo. La gestación de una mujer que alquila su vientre, se da gracias a un proceso de reproducción asistida, lo cual no significa que todos los adelantos de la ciencia deban ser permitidos.

Por ejemplo, desde la bioética se hace énfasis en que uno de los principios rectores en la regulación de los progresos de la biomedicina es que el cuerpo humano y su material genético no pueden ser objeto de compra y venta. En este principio se fundamenta, por ejemplo, las campañas de donación de órganos y no su comercio.

Por último, la maternidad no es el acto de parir o vivir una gestación subrogada. La maternidad es un constructo social que tiene diferentes significados de acuerdo con el entorno social y la historia de cada mujer. Se construye en la relación cotidiana con la/el hija/o, biológica o no biológica,  es un permanente aprendizaje y mezcla de sentimientos, deseos, frustraciones y realizaciones. Esta es una de las razones por las cuales también considero que es inexacto hablar de maternidad subrogada.

Si vamos a dar el debate démosle el nombre preciso: alquiler de vientres, compra y venta de necesidades y deseos en contextos, reitero, de profundas desigualdades e injusticias.