Los derechos de las mujeres en la era de Donald Trump

Donald Trump, hoy presidente electo de los Estados Unidos, es un engreído, prepotente y ordinario ser humano. Sus declaraciones atentan contra la dignidad humana de las mujeres, las/os inmigrantes y de las minorías, las buenas formas y la estética en la política. 

Olga Amparo Sánchez
Olga Amparo Sánchez
Feminista activista e investigadora colombiana
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21 de Noviembre de 2016

El martes 8 de noviembre de 2016, Estados Unidos vivió una de las más polémicas, agresivas y violentas elecciones presidenciales. Ganó Donald Trump, contra los pronósticos de las encuestas que daban como segura ganadora a la preparada e inteligente Hillary Clinton. Ella, durante largos años, y con paciencia tejió el camino hacia la Casa Blanca. Perdonó las infidelidades de su flamante esposo, el expresidente Bill Clinton, soportó estoicamente los insultos de Trump y sus seguidores/as, la investigación del FBI, y la mala imagen de la que goza entre el pueblo estadounidense.

Donald Trump, hoy presidente electo de los Estados Unidos, es un engreído, prepotente y ordinario ser humano. Sus declaraciones públicas, durante el proceso electoral, acerca de las mujeres, las/os inmigrantes y las minorías no solo fueron funestas sino irrespetuosas y grotescas. Dichas declaraciones atentan contra la dignidad humana de las mujeres, las/os inmigrantes y de las minorías, las buenas formas y la estética en la política.

¿Por qué gana este prepotente empresario y pequeño ser humano? Donald Trump, gana entre otras razones, porque representa el sentir de un gran conglomerado de mujeres y hombres estadounidenses. Él supo llegar con su lenguaje destemplado, ordinario y rabioso, al ciudadano/a promedio de los Estados Unidos, conservador/a, fundamentalista, que desprecia el “establishment” de su partido, que ha visto disminuido sus ingresos en los últimos años, y no goza en la actualidad de estabilidad laboral.

Trump supo llegar a esa población blanca mayor de 40, que además se encuentra horrorizada por la pérdida de la primacía blanca en la sociedad de los Estados Unidos. De acuerdo a estudios recientes, en 10 o 15 años otros grupos étnicos serán la mayoría en la sociedad estadounidense. Estos cambios aterrorizan a quienes le dieron el triunfo a Trump, porque vislumbran que el sistema de privilegios puede ser modificado, y que los derechos conquistados por las mujeres, la población LGTBI, las/os inmigrantes y las minorías contribuyen a poner en jaque ese sistema y sus privilegios.

¿Pues bien, qué espera a las mujeres en la era de Donald Trump? No veo un futuro promisorio para sus derechos. No lo vislumbro, porque uno de los grandes problemas del su triunfo Trump, es la existencia de grandes colectivos de la población estadounidense que continúan naturalizando la violencia contra las mujeres, que las considera como un objeto sexual para el placer de los varones, que minimizan y desprecian la denuncia de las mujeres que se atreven romper el silencio del abuso y el maltrato en su contra.  

El triunfo de Trump, es reflejo de una sociedad que ha perdido la capacidad de asombro y de empatía con las personas que viven injusticias, discriminaciones y exclusiones, y en la que aún no existe, mayoritariamente, sanción social y política para quienes atenten contra la dignidad, libertad y los derechos de las mujeres, la población LGTBI, las/os inmigrantes y las minorías. Y lo que aterra no es solamente lo que dijo Trump en su campaña, sino que una persona como él, alcanzara el apoyo de 306 votos del Colegio Electoral contra 232 que se adjudicó Hillary Clinton, y 60,367,273 votos electorales contra 61,035,189 que alcanzo Hillary Clinton. Y es ahí donde se debieran colocar las alertas, y empezar a diseñar estrategias que permitan no perder lo ganado durante largos años de vindicaciones, exigencias y movilización a favor de los derechos de las mujeres.

La era de Trump es preocupante para los derechos de las mujeres, porque él cuenta con el respaldo de un sector importante de la población blanca estadounidense, con una mayoría republicana en el Congreso, y porque ha demostrado que no tiene ningún respeto por las mujeres y sus derechos. Y no puede estar muy lejano el día, en que la política de cooperación internacional de Estados Unidos se condicione a posturas en contra del aborto, el matrimonio entre parejas LGTBI y el recorte de derechos de las minorías. Y es alarmante también, por las posturas de su Vicepresidente Mike Pence. Él sostiene que es "un cristiano, un conservador y un republicano”. Y no ha negado su defensa de los valores tradicionales de la familia, su rechazo al aborto, al matrimonio de personas del mismo sexo, y la llegad de refugiados a Indiana.

Si al triunfo de Trump y Pence, se le suma el entorno internacional de una derecha recalcitrante que espera ganar en Francia, con Marine Le Pen, en Holanda con Geert Wilder, en Alemania con Frauke Petry, y en Reino Unido con Nigel Farage, los derechos de las mujeres, de las/os inmigrantes, de la población LGTBI y de las minorías se encuentran en serio peligro. En poco tiempo se puede retroceder en lo ganado en siglos de vindicaciones.

Las mujeres no claudicaremos en nuestra vindicación de radicalizar la democracia y la justicia. Durante siglos hemos resistido, sobrevivido y fisurado al patriarcado, lo continuaremos haciendo y para ello no existirán fronteras que nos impidan defender lo ganado. 

Adenda: El triunfo y la pérdida de Hillary Clinton opacó el hecho que, al Congreso de los Estados Unidos, llegaron tres mujeres representantes de minorías. Catherine Cortes Masto, latina, de Nevada, Kamala Harris, hija de migrantes de la india y Jamaica, de California, Tammy Duckworth, de Ilinois

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