La Vaca en La Silla: educación, ciencia e innovación en la segunda vuelta

En esta columna sugiero tres cosas que no deberían hacerse como se vienen haciendo y propongo dos consideraciones para transformar la forma como se viene pensando la innovación. 

Claudia Patricia Vaca González
Claudia Patricia Vaca González
Profesora e investigadora de la Universidad Nacional de Colombia
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16 de Junio de 2018

En 2018 Colombia no logró acercarse a la meta de ser el país más educado de América Latina y la locomotora de la innovación se quedó varada. Dos promesas que Santos no cumplió. O cumplió a medias la primera y a pedazos la segunda, para ser justa.

Durante los ocho años de este gobierno los profesores, los científicos y los jóvenes del país se hicieron escuchar. Tal vez por eso, en la primera vuelta, la educación dominó el debate electoral.

En la segunda vuelta nos quedamos con las ganas de un gran debate. Una lástima porque si en algo difieren las propuestas de los candidatos finalistas es materia de educación y ciencia.

La propuesta de es bastante estructurada. Incluye elementos de formación integral en la infancia, el fortalecimiento de la educación secundaria para el ingreso a la universidad y una apuesta por una educación superior pública y gratuita, muy similar a la propuesta de Fajardo.

, pero su perspectiva es más segmentada y, si se quiere, segregada. Las propuestas de cobertura y acceso a la educación superior difieren sustancialmente de las de Petro. Se concentran en la facilidad de créditos, condonación y ahorro, o en la educación virtual, por ejemplo.

En una cosa sí coinciden ambos candidatos: la ausencia de propuestas explícitas de política pública de ciencia y tecnología e innovación. Es cierto que los dos hacen la eterna promesa de aumento del presupuesto y mencionan vaguedades sobre la gestión institucional.

Todo indica que en estos tópicos más vale describir los deseos por exclusión.

Gane quien gane al menos tres cosas no deberían hacerse como se vienen haciendo, para evitar los mismos resultados. Dos consideraciones deberían estar presentes, para transformar la forma como se viene pensando la innovación:

Para cambiar a fondo

  1. Educación sin enfoque rural. Distintos expertos han llamado la atención sobre las brechas de acceso y calidad de la formación básica y secundaria entre el campo y la ciudad y la inmensa inequidad en el acceso a la educación superior de los jóvenes campesinos (sólo el 4% lo logra). La política educativa centrada en las ciudades debe ser equilibrada con una política educativa rural del mismo peso, con recursos suficientes e incentivos para la disponibilidad y formación de los docentes de zonas rurales.

  1. Educación sin enfoque en ciencias básicas y naturales. Los indicadores de conocimiento y aplicación de las ciencias básicas en el país siguen siendo débiles. Esta formación implica el fortalecimiento de las competencias docentes en primaria y secundaria. Más y mejores profesores de ciencias básicas, sumada la promoción de una cultura de la científica.

  1. Ser Pilo Paga. Restructurar el programa. Mientras uno de cada dos bachilleres continúa sin acceder a la educación superior, este programa garantiza cobertura solo a un 2% de los bachilleres. Los recursos pueden ser usados de manera más eficiente (adaptadas de Mantilla I.): i) establecer un valor per cápita en vez de pago por universidad ii) privilegiar estudiantes de municipios pobres, ojalá mujeres, incluyendo sostenimiento y nivelación y iii) priorizar cupos a universidades públicas y regionales.

Para transformaciones a largo plazo

  1. : Un gran pacto nacional para garantizar el cumplimiento del derecho a la educación y lograr la calidad de la que hemos carecido, que se exprese en una gran inversión de recursos en el sector, incluida la asignación del 1% del PIB a ciencia, tecnología e innovación.  En este caso, para que los recursos se asignen adecuadamente debe evaluarse y rediseñarse el sistema de ciencia tecnología e innovación, incluido que lo componen.

  1. Promover un sistema de patentes balanceado que posibilite la competencia y la innovación, a través de alianzas para la producción nacional de las tecnologías, cuya investigación se financió con recursos públicos. Ello incluye el diseño de nuevos incentivos a investigadores o estrategias de licenciamiento y uso de las patentes nacionales. El diseño debe establecer cómo la inversión pública en investigación se refleja posteriormente en precios asequibles, a la vez que la forma de transferir y convertir los resultados de investigación en productos que resuelvan problemas prioritarios.