¿La hora de las mujeres? o ¿La “purga” de sus derechos”?

El enfoque de equidad de género contenido en el acuerdo final, significa el reconocimiento de la histórica discriminación de las mujeres para acceder a los bienes, servicios y recursos del desarrollo, lo mismo que a la representación política.

Rocio Pineda-García
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14 de Octubre de 2016

*Foto de portada: Eduardo Briceño

La hora de las mujeres

El liderazgo de las mujeres en la negociación del conflicto armado y su compromiso con una paz sostenible y duradera, es inédito.

Su protagonismo emerge a pesar de la resistencia “natural” de los medios para destacar su rol y valorar su opinión política de la misma manera que la de los señores.

Y ojo que, solo el 11 de septiembre de 2014, después de 23 meses de instalada la mesa de negociación en Oslo, María Paulina Riveros y Nigeria Rentería[1] fueron vinculadas[2] al equipo negociador del Gobierno Nacional. En estos meses sumados a la fase exploratoria, las mujeres carecieron de representación casi por 4 años.

Hay que destacar también a la canciller María Ángela Holguín. Jugó un papel trascendental en las puntadas finales del acuerdo y conjuntamente con María Emma Mejía[3] (las vimos sentadas al lado del Presidente Santos en la Asamblea General de la ONU)[4], lograron el compromiso y acompañamiento del Consejo de Seguridad con el proceso de verificación de la dejación de las armas de la insurgencia.

Por su parte en las Farc-ep,´Victoria Sandino´[5] ha estado presente en la mesa de negociación de la Habana, junto con ´Alexandra Nariño´[6], Al mismo tiempo un grupo amplio de guerrilleras y de funcionarias del Estado participan en la Sub Comisión de Género. Ambas delegaciones son minoría en la mesa de negociación, pero una buena cantidad de ellas figuran en segunda fila en funciones de apoyo y asesoría, que por importantes que sean, son invisibles. Estereotipos de género, señores de la “ideología de género”.

Aun así, hay que resaltar que en ambas delegaciones y en la subcomisión de género, por primera vez las mujeres participan en representación específica de los intereses estratégicos de las mujeres. De ahí, que a lo largo del acuerdo se establezcan medidas de equidad de género.

Qué importa que sean 70, 80 o 10 las veces que aparece la palabra género. El lenguaje crea realidades y los derechos fundamentales de las mujeres y de las minorías sexuales son innegociables señores de la “ideología de género”.

Por otro lado, papel destacado han tenido las víctimas sobrevivientes invitadas a La Habana, 60 por ciento mujeres; las líderes de organizaciones de mujeres, entre otras, Olga Amparo Sánchez, Marina Gallego, Claudia Mejía, Beatriz Quintero, Ángela Cerón y Patricia Ariza, al igual que el grupo de expertas internacionales presentes allí, en diferentes momentos. 

Un rol clave han cumplido la Representante a la Cámara por el Partido Alianza Verde, Angela María Robledo de la Comisión de Paz del Congreso y promotora de los derechos de las mujeres; la ex senadora Piedad Córdoba incansable promotora de la paz, libre hoy de las inhabilidades políticas[7] impuestas por la Procuraduría General de la Nación.

E indispensable nombrar en estos momentos complejos post plebiscito, de nuevo a la canciller María Angela Holguín, a Martha Lucía Ramírez[8] una de las promotoras del “No”, cuya moderación la distancian de otros radicalismos masculinos, a la Senadora Claudia López[9], quien con claridad defiende los avances en equidad de género contenidos en el acuerdo final. Además, concita a los líderes del “No” para que asuman la responsabilidad de sus actuaciones antiéticas frente a la ciudadanía y defiende el Derecho a la Verdad, como un prerrequisito para la reconciliación. Suma su posición a la de las víctimas, para quienes es este derecho, es un asunto nodal para la construcción de una paz sostenible y duradera.

Constituyen también un ejemplo de liderazgo, autonomía política y coherencia la Ex senadora Cecilia López y la actual Ministra del Trabajo y ex presidenta del Polo Democrático, lo mismo que la presidenta de la Unión Patriótica Aida Avella, todas ellas jugadas por el actual acuerdo de paz.

Las Alabaoras de Bojayá; Fabiola Perdomo, esposa de uno de los diputados del Valle asesinados; Clara Rojas, secuestrada y su hijo nacido en cautiverio entregado a otra familia; Constanza Turbay cuya familia fue exterminada en Caquetá; Silvia Berrocal, de la Chinita-Urabá donde 35 personas fueron masacradas; Janeth Páez, sobreviviente del atentado del Club el Nogal, todas ellas víctimas de las Farc-ep, quienes de manera explícita y pública asumen y dan ejemplo de perdón y reconciliación como el horizonte que el país necesita, para que nunca más otras personas padezcan los sufrimientos y secuelas de la guerra vividos por ellas y sus familias.

También merece mención Ingrid Betancur, secuestrada por las Farc-ep y satanizada por los medios de comunicación por el simple hecho de reclamar del Estado la indemnización que sus compañeros de cautiverio ya habían tramitado. Sus reflexiones sobre la deshumanización de los victimarios y su postura acerca de que “no hay nada más fuerte que el perdón para detener la deshumanización (de la guerra)[10]”, destacan su talante moral y liderazgo demócrata y moderno.  

Todas ellas nos dan ejemplo de su grandeza moral, al brindar generosamente el perdón a sus victimarios. Ellas y miles como ellas, constituyen la reserva moral del país, que en campos y ciudades le apuestan al acuerdo final y a su implementación pronta. Son un baluarte moral de la sociedad y un orgullo de género para las demás ciudadanas.

Son sus voces las que necesitan eco, en vez de la sobre-exposición de los promotores del ´no´, precursores de una falsa catástrofe nacional e inquisidores de la equidad de género. Su altura moral avergüenza a quienes, escudándose en patrañas de todo tipo, entorpecen la urgente implementación del acuerdo final y el sufrimiento de las comunidades esperanzadas en el fin de esta guerra.

Un 0,4 por ciento más del voto negativo en el plebiscito, es solo una victoria pírrica. Pero si ese pírrico porcentaje hubiese sido a favor del Sí, seguramente lo hubieran impugnado de todas las formas “non sanctas” acostumbradas y hoy estaríamos en una debacle innombrable.  

¿Derechos purgados?

El enfoque de equidad de género contenido en el acuerdo final, significa el reconocimiento de la histórica discriminación de las mujeres para acceder a los bienes, servicios y recursos del desarrollo, lo mismo que a la representación política.

Por eso, el acuerdo final visibiliza las mujeres y establece medidas específicas para evitar que la implementación de cada uno de los puntos del acuerdo, reproduzca desventajas estructurales sociales, políticas, económicas y culturales para las mujeres.

Sectores que han negado históricamente el reconocimiento del ejercicio pleno de los derechos de las mujeres, incluidos los derechos sexuales y reproductivos, han encontrado un caballito de batalla en la llamada “ideología de género”, con el objetivo de desmontar de los avances que, en términos de igualdad de derechos, de oportunidades y de representación, hemos logrado las ciudadanas a lo largo de los Siglos XX y XXI.

A la férrea oposición a la equidad de género promovida por el ex Procurador Ordoñez, (el Consejo de Estado anuló su reelección por procedimientos en contravía de las normas) y algunos sectores de la Iglesia Católica, se suman ahora algunos ministros de las iglesias cristianas.

Paradójicamente ninguno de ellos alza la voz contra el abuso sexual de las niñas y las adolescentes cometidos por sus parientes masculinos, por maestros o vecinos; o contra los asesinatos de mujeres causados por sus maridos católicos, apostólicos y romanos; nunca tampoco los hemos visto oponiéndose con la autoridad que los caracteriza contra la explotación sexual de las niñas, o contra los abusos sexuales cometidos por algunos ministros cristianos.

Eso sí, cientos de púlpitos son usados indebidamente como tribunas para rechazar alguna reivindicación de derechos o libertades cuando de las mujeres se trata.

Las ciencias sociales se han encargado de demostrar con creces, las causas que originan la discriminación, la subordinación y la explotación de las niñas y mujeres en los diversos contextos socio-culturales. Son razones de tipo social, económicas y culturales, que por fortuna son susceptibles de transformación, tal como lo ha demostrado el devenir histórico.

Detrás de la “ideología de género”, otra de las falacias contra el plebiscito, se esconden velados intereses androcráticos, temerosos de la libertad individual, del empoderamiento colectivo y de la subjetivación de las mujeres. A eso le apuestan. A mantenerlas tuteladas al servicio de sus credos y doctrinas.

Por eso ni las mujeres presentes en la mesa de negociación, ni las líderes, ni las organizaciones de mujeres, ni la institucionalidad de género de carácter nacional y regionales, ni las ciudadanas de a pie estamos dispuestos a permitir que se renegocien los avances, que términos de equidad de género, contempla el acuerdo del fin del conflicto armado.

Adenda: felicitaciones Presidente Santos. Merecido el Nobel de Paz, por su persistencia en acabar este conflicto armado interno, su interés y preocupación por las víctimas y la escogencia de su equipo negociador.

 

[1] La primera de ellas Directora de DH y DIH del Ministerio del Interior y la segunda la Alta Consejera de Equidad de Género para las Mujeres.

[2] Vale la pena destacar la amplia movilización de las organizaciones de mujeres y la insistencia de ONU-mujeres y algunas funcionarias públicas, para lograr la representación de las mujeres en este proceso de negociación.

[3] Embajadora ante la ONU

[4] El 21 de septiembre de 2016, en la 71ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

[5] Nombre de combate

[6] Nombre de combate

[7] El 11 de noviembre de 2016.

[8] Partido Conservador

[9] Partido Alianza Verde

[10] www.rotativo.com. Mes/noticias/internacionales…-deshumanizacion-ingrid-betancur/

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