La furia del patriarcado

La furia material y simbólica del patriarcado contra la autonomía, integridad física, emocional y sexual de las mujeres. Quizás algunas/os- sí al lenguaje incluyente- piensen que nada tienen que ver con el lugar, la valoración y reconocimiento que las sociedades patriarcales, como la nuestra, otorgan a las mujeres.

Olga Amparo Sánchez
Olga Amparo Sánchez
Feminista activista e investigadora colombiana
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30 de Diciembre de 2017

No puedo dejar de expresar, antes de que termine el año, mi indignación y rechazo por los hechos de las dos últimas semanas. Esos hechos dan cuenta de la furia material y simbólica del patriarcado contra la autonomía, integridad física, emocional y sexual de las mujeres. Quizás algunas/os- sí al lenguaje incluyente- piensen que son manifestaciones que nada tienen que ver con el lugar, la valoración y reconocimiento que las sociedades patriarcales, como la nuestra, otorgan a las mujeres.

Pues bien, cuáles son esos hechos. 1) la decisión del juez 22 del circuito judicial de Bogotá, Luis Octavio Mora Bejarano, quien se pronunció sobre una acción de cumplimiento interpuesta por el Representante a la Cámara Alirio Uribe, del partido Polo Democrático Alternativo pda. El juez le ordenó a la Alcaldía Mayor modificar su eslogan “Bogotá Mejor para Todos” por Bogotá Mejor para Todos y Todas”, esto con el fin que el Alcalde acate el Acuerdo 381 de 2009 del Consejo de Bogotá que promueve el lenguaje incluyente; 2) las declaraciones del Ministro de Defensa quien afirmó: “a los líderes sociales los matan por líos de faldas, y 3) el artículo del 17 de diciembre de Antonio Caballero en la Revista Semana acerca del Acoso.

¿Qué tienen en común estos hechos? que suceden en el entramado del patriarcado. Como sostiene Ángela María Estrada: es un sistema de poder/socio sexual que se apropia de la sexualidad y la capacidad reproductora de las mujeres, las pone al servicio de una organización social basada en un patrón de ordenamiento masculino, en lo cual lo femenino resulta incompleto, desviado, inferior. Patriarcado que en las sociedades modernas “es una relación en la que el poder del amor de las mujeres entregado libremente, es explotado por los varones” (Anna Jónasdóttir). Tienen también en común la apropiación del cuerpo de las mujeres, las violencias simbólicas y materiales en su contra, la subvaloración, banalización y trivialización de las vindicaciones feministas.

La decisión del juez 22 del circuito judicial de Bogotá de ordenarle al Alcalde de Bogotá el uso del lenguaje incluyente, desata una andanada de insultos, burlas y atropellos contra el Representante a la Cámara Alirio Uribe y organizaciones y mujeres que nos atrevimos a opinar al respecto. Sorprende que el debate sobre dicha decisión haya estado precedido del desconocimiento del lenguaje como expresión del pensamiento, que da cuenta de usos y costumbres de las sociedades. Asimismo, el lenguaje es ante todo un instrumento utilizado por las personas para interpretar las realidades objetivas, psíquicas y sociales; pero también a través del lenguaje se excluye, discrimina y se naturaliza, por ejemplo, las violencias contra las mujeres.

No aciertan quienes en su afán de defender la economía del lenguaje o la semántica del mismo trivializan una vindicación que el feminismo ha dado en el mundo, la cual ha llegado tarde a nuestro país. Y no aciertan, entre otras razones, porque lo masculino no puede ser el referente que incluya a varones y mujeres. Este referente es expresión del sexismo y el androcentrismo. No señores/as, lo masculino no incluye a las mujeres, y no creo sea un desatino exigir transformaciones en el lenguaje sexista, que por supuesto no es masculinizar o feminizar adjetivos y sustantivos. La vindicación y discusión acerca de lenguaje sexista no se refiere a las formas¸ tiene que ver con derribar las barreras que ocultan, subordinan, infravaloran y excluyen las experiencias, necesidades y actuaciones de las mujeres.

Considero que quienes han respondido de forma tan banal y virulenta están expresando la valoración que tienen acerca de las mujeres y su rechazo a que ocupemos el lugar al cual tenemos derecho, ser nombradas y reconocidas. A quienes han opinado a través de redes y artículos, les recomiendo que investiguen y lean algunos estudios acerca de la importancia de transformar el lenguaje sexista, uno de esos artículos el de la lingüística norteamericana Robin Lakoff, “Language and Woman’s Place” (“El lenguaje y el lugar de la mujer”).

Ustedes, señoras y señores, tienen derecho a pensar diferente pero no les asiste ningún derecho de negar la vindicación feminista de ser nombradas como sujetos autónomos y parámetro también de lo humano. Lo que no se nombra no existe. Esta afirmación, implica que las mujeres no tengamos una representación simbólica en la lengua lo cual contribuye a nuestra invisibilización. Por ello, es necesario, a fin de lograr el objetivo de la igualdad entre sexos, hacer un uso del lenguaje que represente a las mujeres y a los varones y que nombre sus experiencias de forma equilibrada.

Pero al patriarcado no le basta con defender el lenguaje sexista, necesita recrear y fortalecer imaginarios, prejuicios y prácticas sociales que nos subvaloran y naturalizan las violencias en nuestra contra. El Ministro de Defensa para minimizar la crítica situación de líderes y defensores/as de derechos humanos, utiliza la tan despectiva y cacareada frase “los matan por líos de faldas”.

Con esta aseveración el Ministro pretende negar la magnitud del problema y la responsabilidad del Estado en lo referente a proteger y hacer realidad el derecho a la vida y a la participación de líderes y defensoras/es de derechos humanos, y contribuye a la visión androcéntrica del mundo, al fortalecimiento de roles que se atribuyen a varones y mujeres, que son considerados naturales, como propios de cada sexo.

La frase utilizada por el Ministro solo hace referencia a los líderes varones, contribuyendo con ello a reforzar que quienes participan en la vida política son ellos. Su afirmación reviste una gravedad adicional, si a alguien lo/a asesinan por “lío de faldas” pareciera ser que no amerita que el sistema de justicia opere con prontitud, eficiencia y eficacia. Por lo demás, el Ministro desconoce la vindicación feminista acerca de darle un significado político a lo que se ha sido considerado crímenes pasionales. Señor Ministro se equivoca de cabo a rabo, los crímenes contra líderes sociales son expresión de intereses económicos y políticos, odio, poder, exclusión y negación de derechos.

El asesinato de líderes sociales es un hecho de tal gravedad y magnitud, que el 21 de diciembre la ONU denuncio que en 2017 han sido asesinados 105 defensores/as de derechos humanos y manifestó su preocupación “por la descalificación, el hostigamiento y la estigmatización” de estos activistas, cuya labor considera “legítima, necesaria, y fundamental para la consolidación de la democracia, el Estado de derecho y la construcción de una paz sostenible”. Señor Ministro, le pregunto: ¿han asesinado a 105 líderes por “lío de faldas”?

Por último, me refiero el artículo del Antonio Caballero acerca del “Acoso”, del 17 de diciembre, no al artículo del 23 de este mismo mes. En su primer artículo además de minimizar la gravedad del hecho, desconoce que el acoso sexual representa una intromisión indeseada y no buscada, habitualmente por parte de un varón, en los sentimientos, pensamientos, conductas, espacio, tiempo, energías y cuerpo de una mujer o una niña (Wise, Sue y Stanley Lis; 1992: 81). Y generalmente, las conductas del acoso sexual no son extremas y terribles, sino menores, prosaicas y acumulativas pero se da el caso que estas son también brutales y aterradoras.

Adicionalmente, el artículo 29 de la Ley 1257 de 2008, tipificó en Colombia la conducta de acoso sexual, porque lesiona la libertad, integridad y formación sexuales. La conducta delictiva consiste en: “El que en beneficio suyo o de un tercero y valiéndose de su superioridad manifiesta o relaciones de autoridad o de poder, edad, sexo, posición laboral, social, familiar o económica, acose, persiga, hostigue o asedie física o verbalmente, con fines sexuales no consentidos, a otra persona…”. Aún más el Ministerio de Salud y Protección Social en la Resolución 459 de 2.012, afirma que en este delito “lo que puede ser el límite entre el libre enamoramiento y el acoso, lo constituye la poca posibilidad de resistir o negarse a las pretensiones sexuales, es decir, la imposibilidad de una resistencia seria del sujeto pasivo, sin consecuencias negativas, dada la relación de poder existente, derivada, como se dijo, por relaciones de autoridad o de poder, edad, sexo, posición laboral, social, familiar o económica”.

Uno de los aspectos más graves del acoso sexual es que constituye sexismo corriente, "es el goteo constante del grifo" y los varones que lo cometen no son individuos extraordinarios haciendo cosas extraordinarias en situaciones extraordinarias. Esos individuos son padres, hermanos, padrastros, vecinos, profesores o jefes. Por ser sexismo corriente, el acoso sexual es aceptado en nuestra sociedad como un hecho normal, situación que las mujeres y las niñas deben “agradecer”, pues son objeto de interés y admiración de los varones. Cuando una mujer o una niña denuncian un hecho de acoso sexual, se enfrentan a situaciones complejas: la debilidad de la prueba, la palabra de la mujer o la niña contra la palabra del varón responsable del abuso sexual y los estereotipos de quienes tienen la responsabilidad de prevenir y sancionar estos hechos de violencia sexual.

Por último, señor Caballero todo las manifestaciones de acoso que usted minimizo y banalizó en su artículo del 17 de diciembre de 2017, constituyen en delitos. No quisiera exagerar, pero seguramente muchos varones encuentran en su postura el permiso para continuar atentando contra la integridad y la autonomía emocional y sexual de las mujeres, ¿de qué lado está Usted?