¿"Ideología de género" u oportunismo político?

¿Realmente todas las comunidades religiosas discriminan? ¿Es cierto que el movimiento contra los derechos de la población Lgbti representa a la mayoría del país?

Alejandra Coll Agudelo
Alejandra Coll Agudelo
Abogada
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05 de Junio de 2017

En los últimos cinco años se ha hecho muy visible un movimiento alrededor de lo que denominan "La defensa de la familia, los niños y los valores tradicionales". Han convocado marchas, se han opuesto a la educación sexual incluyente, a los derechos de las mujeres, a los derechos de la población LGBTI y proponen un régimen de adopciones muy restringido, limitado a parejas heterosexuales.

Estos sectores se presentan como los "representantes de mayorías". Repiten una y otra vez que el país es profundamente religioso y no está preparado para ser progresista. Incluso han propuesto que los niños y niñas LGBTI tengan colegios aparte. 

Esto me llevó a plantearme muchas preguntas: ¿Realmente somos un país religioso? Y luego ¿todos los sectores religiosos son necesariamente homofóbicos? ¿Realmente estos sectores representan la mayoría en Colombia como afirman?. 

Primero, me pregunté si realmente somos un país religioso al extremo. Consulté los datos del Dane, y constaté que si bien Colombia es un país en donde buena parte de su población asiste regularmente a algún culto religioso, cada vez hay más personas que no acuden a ninguna iglesia.

En el ministerio del Interior hay por lo menos mil expresiones religiosas inscritas, lo que demuestra que Colombia tampoco es un país mayoritariamente cristiano, como manifiestan algunos de los lideres del movimiento que se opone a los derechos de la población LGBTI. Según el Dane  el 11 por ciento de la población se identifica con el cristianismo. El resto profesa otra fé religiosa o no asiste regularmente a ningún culto. 

Empecé a indagar con las personas religiosas que conozco sobre su postura en relación a los derechos de la población LGBTI y sus respuestas me llamaron la atención.

No todas las iglesias cierran sus puertas a la Comunidad LGBTI ni convocan marchas en su contra. En algunas comunidades religiosas no tienen intención de promover iniciativas legislativas en contra de la adopción de parejas del mismo sexo o madres solteras. "Es un tema estrictamente legal en el que no queremos intervenir. De otro lado, en nuestra iglesia hay muchas madres solteras, y apoyar la iniciativa de quitarle a las personas sin pareja la posibilidad de adoptar sería contradictorio", dice un lider religioso entrevistado para esta columna y que pide no ser identificado. "En nuestra iglesia hay distintas posturas sobre la homosexualidad, cada persona que asiste piensa distinto. Aquí promovemos el amor y respetamos el proyecto de vida de cada persona". 

También me pregunté: ¿Qué hace la gente LGBTI que quiere ir a la iglesia? Para responderme esa pregunta entrevisté a Jhon Botia, un hombre gay que se identifica como cristiano. Me contó de la comunidad religiosa a la que asiste y la aceptación que le han dado. De hecho, me manifestó su indignación por la forma en que algunos sectores se adjudican la representación del cristianismo y las mayorías sin tenerla. 

Si bien hay comunidades religiosas que claramente se oponen al homosexualismo, realmente solo un mínimo porcentaje está dispuesta a hacer activismo en contra de sus derechos. Muchas de las personas que han salido a las marchas convocadas por estos sectores, lo han hecho sobre la base de información falsa. Algunas de las mentiras más recurrentes es que a sus hijos e hijas les van a enseñar a ser homosexuales en el colegio, o que sus familias están en riesgo. 

Después de un mínimo de investigación, es muy fácil determinar que personajes como Carlos Alonso Lucio, el Pastor Arrázola en Cartagena, Alejandro Ordoñez, Ángela Hernández, u Oswaldo Ortiz realmente tienen intereses políticos y no representan más que a sus electores.

Todos aspiran a cargos de elección popular y permanentemente han mostrado su interés en la política electoral. Disfrazan sus campañas políticas bajo el traje de "preocupación por los niños y niñas", "defensa de la familia tradicional", entre otros aspectos. Sus feligreses (y en el caso de Alejandro Ordoñez, el Estado) terminan pagando sus campañas políticas con sus recursos. 

Me llamó la atención una carta de un familiar del Pastor Orwaldo Ortiz, en donde  le pide que no siga en su cruzada discriminadora que terminaría afectando a su propia familia en donde hay mujeres solteras y un hombre gay intentando adoptar. Esto pone en evidencia que este grupo de personas antepone sus intereses electorales ante cualquier cosa, incluyendo su propia familia. 

Algo que logré comprobar al hablar con personas LGBTI es que si hay algo que realmente divide y daña a las familias es la homofobia y discriminación. Lo que verdaderamente rompe hogares es la decisión de perder contacto con uno de sus integrantes solo por el hecho detener una orientación sexual diversa.

Si realmente a estos sectores les importara rescatar el concepto de familia, promoverian la unidad entre sus integrantes y no la exclusión que realmente las destruye. 

Es cierto que existe un movimiento que quiere atentar contra los derechos ciudadanos de todo aquel que no cumpla con sus estereotipos de familia y moral. Sin embargo, ese sector no representa la mayoría del país y está lejos de de ser la voz autorizada de todas las comunidades religiosas de Colombia. 

Lo que este sector si logró claramente  fue desprestigiar el concepto de  enfoque de género y desinformar a buena parte de la población. La tarea ahora es revindicar lo que efectivamente significa el enfoque de género y hacer frente a las calumnias con argumentos certeros. Necesitamos un mundo y un país en donde todos/as tengamos un lugar para vivir sin violencia y discriminación.