¿De cuál ideología de género estábamos hablando?

El país entero indignado por la brutalización de la violencia contra mujeres y niñas. Una violencia que tiene todo que ver con la ideología de género. 

Ana Cristina González Vélez
Ana Cristina González Vélez
Médica e investigadora feminista. Consultora internacional.
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08 de Diciembre de 2016

El país entero está indignado y dolido. Y diría que además, avergonzado. Los hechos atroces de los últimos días nos han dejado ver la cara más dramática y repugnante de la dominación que en nuestro país –y en todo el continente- sigue teniendo por víctimas a las mujeres: la violencia de género.  Su expresión nos une como país en torno al rechazo y todos clamamos por justicia. Algunas, además, clamamos por un cambio cultural. Más difícil, más lento, más confrontador, pero más necesario. 

La lucha contra la “ideología de género” enarbolada por los sectores más conservadores y fundamentalistas religiosos, se planteó como la salvación de la familia y de la niñez. La mejor forma para proteger ese núcleo “esencial” de la sociedad y educar a nuestros niños y niñas es, según ellos, eliminar el género del acuerdo de paz, incinerar las cartillas de educación sexual, marginar del debate y de la garantía de los derechos cualquier forma de diversidad sexual, y mantener a las mujeres y los hombres en su lugar “natural”.

Ese lugar, ese orden simbólico que promueve y reproduce relaciones de poder desiguales entre mujeres y hombres, que asigna a lo femenino atributos que por definición representan un lugar de subordinación al lado de patrones que privilegian y sobrevaloran lo masculino. Un orden que busca confinar a las mujeres al ámbito de lo privado, a la reproducción biológica y social, que las cosifica y subvalora, que estructura la opresión y la dominación, y que  utiliza como su fuerza última, la violencia.

La ideología de género de la que hablan los promotores del NO es justamente esa mirada que domina nuestra sociedad, y que se agrava según esas mujeres sean niñas o jóvenes, indígenas o negras, transexuales, lesbianas o transgresoras. La de ellos es una ideología que afirma creencias que subvaloran a las mujeres y las considera objetos. Es la de los valores que sustentan una forma de familia que en muchos casos constituye un lugar peligroso para las mujeres toda vez que los hombres que la habitan consideran que tienen legitimidad y poder para ejercer la violencia al interior de esas cuatro paredes.

Es una ideología que naturaliza la subvaloración y que se subleva cuando las mujeres la desafían o la transgreden, generando hacia ellas más violencia. El feminicidio y la necesidad de “rematar” a las mujeres, no sin antes haberlas violado o torturado, es justamente la expresión más extrema de esa ideología. Como decía recientemente la feminista paraguaya Clyde Soto, “son los mandatos tradicionales de género, instalados a sangre, hoguera y leyes en el imaginario colectivo, los que constituyen una auténtica ideología, que para mayor precisión debería nominarse como ideología de la discriminación de género”.

Y es a esa ideología justamente, que las feministas con el enfoque de género, con la igualdad de género y con la no discriminación, nos oponemos. Es esa lucha nuestra ideología -no dominante-, la que instamos en los acuerdos de la Habana y la que llevamos décadas y siglos promoviendo para nuestras sociedades. Estanislao Zuleta quizá estaría diciendo que la estrategia de usar la noción de ideología para desprestigiar y enlodar una lucha loable del feminismo, no es otra cosas que un nuevo ejemplo de lo que el llamaba la “no reciprocidad lógica”. Esa manía de entender las cosas según nos convenga y en este caso esa manera tan empobrecida de hacernos creer que la nuestra es ideología y que la de ellos es verdad natural y revelada.

Aunque no todos los días, pero si casi todos, somos testigos de actos tan violentos y demoledores contra las mujeres, si todos los días somos testigos de formas de violencia más sutiles, de menor intensidad, o más anónimas. La lista es larga, pero en este momento, sólo importa la violencia. No voy a repetir las cifras. Todos las saben y en poco más de tres días el país conocerá los números actualizados que nos dará la Encuesta Nacional de Demografía y Salud, y sin embargo, vale repetir que casi todas las mujeres en el país han sido y somos de una u otra forma víctimas de la violencia machista.

Es esa la denuncia que todos los días hacemos. Es esta la ideología de género que promovemos. Una que finalmente nos permita instalar la igualdad entre hombres y mujeres en esta sociedad y que mediante una larga pero posible transformación cultural, nos señale que no es posible avanzar hacia una sociedad orgullosa de su condición humana mientras haya quienes crean que es posible aniquilar a las mujeres sin ningún costo.

La violencia de estos días nos habla del desespero de un sistema que no se sostiene más. De una ideología que está resquebrajada, que tiene que optar por la brutalidad para preservarse, que tiene que mentir para sostenerse. Nos muestra que la dominación –y nada mejor que la violencia para ejercerla- sólo se puede mantener de esta manera. Que la dominación que algunos hombres  -y todo un sistema patriarcal- pretenden sobre las mujeres, no es más posible. Que la dominación de género que se alimenta de otras relaciones de poder que como la clase, como la raza, como la etnia, como la edad ahondan la asimetría, no es un modelo que nos dignifique y al contrario nos avergüenza. De esto hablamos las feministas, esta es nuestra crítica, esta es nuestra ideología. La otra es, en gran medida, responsable de estas muertes atroces, de esta violencia machista.

Respuestas al Debate (1)

Juanita León

09 de Diciembre

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muy buena esta reflexión.

muy buena esta reflexión.