Conto y Kertzman: reflejos de una sociedad aún machista

¿Qué nos pueden estar diciendo los casos de la Consejera Stella Conto y la ex directora de la DIAN Fanny Kertzman sobre la equidad de género en la sociedad colombiana?

Lina Céspedes
Lina Céspedes
Abogada
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30 de Julio de 2017

Dos cosas importantes pasaron esta semana. La primera, la sentencia de tutela que la , en la cual se le reconoció su derecho a obtener una indemnización dentro del trámite de divorcio por “los ultrajes, trato cruel y maltratamiento de obra” de su ex pareja (Sentencia STC10829-2017).  La segunda, el artículo que publicó en Las 2 Orillas sobre su imposibilidad de encontrar trabajo a los 58 años.  

Sus historias tienen varias cosas en común, pues están protagonizadas por dos mujeres que se han proyectado de manera exitosa en la esfera pública colombiana, dan cuenta de situaciones de discriminación y/o violencia que aquejan principalmente a las mujeres y han puesto de presente lo mucho que nos falta como sociedad para intervenir de manera eficaz las causas que permiten que esta narrativa sea lo que define en parte la experiencia de ser mujer en Colombia. 

Aunque la violencia intrafamiliar y la discriminación laboral son cuestiones que actualmente afectan a hombres y mujeres, su estudio se ha centrado en las mujeres como víctimas y perdedoras del juego social. Esto se explica porque, históricamente, la ordenación de los sexos permitió una estructura familiar dominada por los hombres y un mercado laboral que privilegia lo masculino. Eso conllevó a que la familia se convirtiera en un lugar de poder indiscutible para el varón y el mercado laboral en su ámbito para luchar de manera civilizada con otros varones por el reconocimiento.

Si bien algunas cosas han cambiado a nivel de derechos para contrarrestar y mejorar el lugar de las mujeres en la sociedad, el trecho que deben recorrer las reformas legales para verse concretadas en la vida cotidiana es largo y muchas veces tortuoso. No olvidemos que solo hasta 1974 el Estado colombiano abolió la potestad del marido sobre su esposa y le dio a esta la patria potestad sobre sus hijos, ni que tocó esperar hasta 1996 para que la violencia intrafamiliar fuera considerada delito. Esto supone que muchos de nosotros nacimos bajo estructuras familiares que otorgaban pleno poder al padre/marido sobre su mujer y sus hijos.

Si la familia es uno de los lugares primordiales donde se produce la socialización, muchos de nosotros recibimos de manera consciente o inconsciente ideas que nos reforzaron el papel secundario de las mujeres. Estas se han visto fortalecidas por lo que sucede en el espacio de lo público, en donde la incorporación y visibilidad de las mujeres en cargos de dirección ha sido lenta y con consecuencias negativas que hoy aún es difícil determinar. La doble jornada es solo una de ellas o la necesidad de contratar a otras mujeres con menores ingresos para suplir las labores de limpieza y cuidado que el trabajo fuera de casa impide realizar.

El reporte del estableció que, si bien varias cosas han cambiado para las mujeres de manera positiva, el crecimiento económico no ha logrado impactar de manera determinante cuestiones como la brecha existente con respecto a los hombres en las oportunidades económicas. Esto significa cosas como que las mujeres siguen consiguiendo trabajos peor remunerados en sectores de baja productividad y que tienen más participación en el mercado informal. Esto se ve ilustrado en Colombia por medio del , el cual demuestra que nuestro país está todavía muy lejos de encontrar la paridad en este tema. Siendo 1 el valor de la paridad total, nuestro índice de salario igual por trabajo igual es de 0.576 y el que mide la igualdad en los ingresos es de 0.682.

El hecho de que dos mujeres que han gozado de preeminencia pública decidan contar las dificultades a las que se han visto abocadas en contextos fuertemente marcados por el género merece un reconocimiento a su valentía y una acción decidida de nuestra parte para evitar que estas historias se repliquen. El Estado y la sociedad en su conjunto deben tomarse en serio la identificación de los nichos en donde se reproducen imaginarios discriminatorios de las mujeres. Eso implica pensar seriamente en la educación, desde los libros de texto hasta los juegos que se organizan en el salón de clase y a la hora del recreo. Si seguimos celebrando un país solo construido por hombres en los libros de historia y diciéndoles a los niños que pueden soñar con ir a Marte, mientras a las niñas les compramos la estufa y las muñecas para soñar y proyectarse como los ángeles del hogar, estamos condenados a facilitar que más mujeres se encuentren en situaciones parecidas a las de la Consejera y la ex directora de la DIAN.

Las opiniones expresadas en este medio son personales y no reflejan posturas institucionales.