Carta abierta a Alba Reyes, mamá de Sergio Urrego

Tengo verguenza de ser parte de un país que prefiere llevar a sus niños al suicidio antes de permitir educación incluyente

Alejandra Coll Agudelo
Alejandra Coll Agudelo
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10 de Agosto de 2016

Apreciada Alba

No nos conocemos, pero admiro profundamente su fortaleza ante la tragedia que se llevó a su hijo, uno de los chicos más brillantes que este país haya parido en los últimos años. Usted que perdió a su hijo por la homofobia y los manuales de convivencia retardatarios de este país, entiende mejor que nadie lo absurdo de este debate que se ha encendido recientemente por cuenta de la ignorancia y la desinformación.  No he podido menos que recordar el caso de Sergio en medio de esta coyuntura de dolorosa discriminación.

 Hoy le escribo con profunda tristeza y para manifestarle que siento vergüenza del espectáculo que esta teniendo que presenciar. Aún después de que la homofobia llevara a su hijo al suicidio hace dos años, nuestro país no ha cambiado un ápice. Los niños y niñas que no se identifican como heterosexuales siguen siendo tratados como ciudadanos de segunda. Hemos llegado al punto de querer ocultarle a nuestros niños que existen identidades diversas.

 No aprendimos la lección. Releo algunos de los escritos de Sergio que se publicaron en medios y me pregunto que estaría pensando en este momento. Solo puedo sentir vergüenza infinita de ser parte de una sociedad que le quitó a sus 16 años las ganas de vivir a un muchacho brillante, solo por nuestra incapacidad colectiva de aceptar que el amor viene en diferentes formas y que las familias las constituye en amor  y no los genitales.

Me da dolor pensar que si los manuales de convivencia se hubieran  modificado  en 2013, como ordena la ley 1620 de ese año, para evitar que los colegios discriminaran a los niños, Sergio estuviese vivo y aportándole mucho a este país.

El Ministerio de Educación al que acusan de tener una “agenda gay” o de imponer “ideología de género” tiene todavía una gran deuda con usted y con Sergio. Pese a la orden de la Corte Constitucional, aún no se cambian muchas de las políticas internas de colegios que discriminan a los niños diversos en su sexualidad, y todavía no hay medidas eficaces para evitar que haya matoneo contra los niños LGBTI de parte de sus compañeros/as de clase.  Si seguimos como vamos, pueden haber muchos otros niños llevados al suicidio o excluidos del sistema educativo por la homofobia.

Hoy en algunas partes del país habrá una marcha contra la ley que le hubiera podido salvar la vida a Sergio y a muchos otros niños que viven el infierno de ser tratados como parias en sus colegios y en la sociedad. El odio de ciertos sectores no tiene limites.

No alcanzo a imaginarme como puede estarse sintiendo cuando ve a la gente pedir a gritos una suerte de apartheid sexual en donde les neguemos a los niños que hay identidades sexuales diversas y hay que respetarlas. Tengo vergüenza doña Alba, con usted y con Sergio, por todo lo que les tocó vivir por cuenta de un sector que juega con los derechos de los niños, alegando ser mayoria, aunque no lo sea, y de las verdaderas mayorías que callamos y no alzamos la voz en contra de la discriminación y el odio.

No es necesario ser de la Comunidad LGBTI para entender lo absurdo y doloroso de este contexto discriminador y excluyente. Si algún día decido tener hijos, no quiero que crezcan en un país en donde les van a decir que sus genitales marcan su destino y que deben tratar a quienes tienen identidades sexuales diversas con respeto, pero con distancia.

El legado de Sergio nos llegó al alma a muchas personas que ni siquiera lo conocimos.  El mundo se cambia paso a paso, y creo que Sergio logró ponernos a pensar a muchos/as y eso es un gran comienzo. Quiero mandarle mi abrazo solidario y expresarle toda mi admiración. Creo que nadie está más legitimada que usted para explicarle a este país intolerante porqué la homofobia mata y como la educación es la única salida.