¿A una semana del principio del fin?

El 6 de noviembre de 1932 Hitler recibió en sus manos su pasaporte al poder, motivado por una votación del 33%. Nadie reparó entonces en los antecedentes sociópatas del futuro Führer, que la propaganda de Goebbels convertiría en ídolo. A la América del Siglo XXI, que decide su suerte en pocos días, parece importar poco las características de Trump.

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
198 Seguidores166 Siguiendo

0 Debates

47 Columnas

Columna

86

0

31 de Octubre de 2016

Para la mayoría de demócratas del mundo las últimas noticias políticas de EE.UU. podrían ser las más aterradoras del planeta, en este día de Halloween. Entre ayer y hoy se divulgaron las más recientes encuestas, según las cuales Hillary Clinton aventaja por apenas un punto a Donald Trump. Para aclarar el contexto, la fuente de estas dos encuestas distintas son reconocidas casas periodísticas: NBC News-Wall Street Journal y el ABC News-Washington Post. Ambas mediciones de probabilidad estadística coinciden: Clinton podría obtener un 46 por ciento de los votos contra un 45 por ciento del candidato republicano.

El susto no es para menos. El poder que controla la mayor superpotencia militar de la historia, así como la mayor economía mundial podría caer en manos de un líder impredecible. Si nos atenemos a las evidencias de campaña para juzgar a Trump, solo podemos sentir escalofrío, al recordar la historia alemana de noviembre de 1932. El 6 de noviembre fue el día cuando Hitler recibió en sus manos el principio de su poder, impulsado por apenas una votación del 33%. Nadie reparó entonces en los antecedentes sociópatas del futuro Führer, que la propaganda de Goebbels convertiría en un ídolo de masas. Pero tampoco, en la América del Siglo XXI, parece importar que un candidato declaradamente xenófobo, misógino, aliado del 'dictador' Putin, esté a punto de triunfar.

Trump es la promesa para los trabajadores nacionalistas de EE.UU. de que podrán volver a mejores épocas. El mensaje subliminal del republicano,  alienta en los blancos esperanzas de volver a esos días en los cuales bastaba con ser ‘wasp’, para vivir mejor que ‘los demás’. O mejor, a costa de los demás.  Y hoy, como en los días nazis, cuando los judíos ayudaron a galvanizar resentimientos profundos para justificar al dictador, también Trump ha encontrado a alguien para estigmatizar. Los judíos de la Alemania nazi, son ‘los latinos’ de esta república norteamericana de hoy.

En esta estrategia de unir a todos contra el enemigo común, los republicanos han logrado convencer también a muchos afroamericanos y marginados de distinto origen social. De hecho, la población hispana, que desde ya es la mayor minoría de esa nación, asusta a muchos votantes ‘gringos’ de condición variopinta. Y es que los hispanos, a punta de sufrimiento, soportan jornadas más largas de trabajo y agradecen hasta los sueldos más bajos. La mayoría de ellos vienen del México marginal, donde aprendieron a ser creativos para poder sobrevivir, cualidad que emplean a fondo en la supervivencia laboral. Simplemente, ante estos hispanos los wasp más marginados y los negros del común no pueden ser competitivos.

Estos americanos amenazados por inmigrantes latinos son la gran base electoral que hoy apoya al magnate. Todos ellos olvidan las características sociopáticas del mediático depredador económico y sexual blanco, símbolo millonario del capitalismo salvaje y la falta de solidaridad social al tributar. Y lo hacen motivados por el odio a los ‘recién llegados’ que alteran la paz del barrio. O quizás lo hagan ante la ilusión de que con el muro que levantará Trump recuperarán los  empleos perdidos y la dignidad de América.

Esta es la base, pero la cúpula del movimiento político es otra. Obviamente, aquí como allá, detrás de las emociones del pueblo hay un grupo de líderes que se benefician del poder. A ellos les importa poco si la solución propuesta para beneficiar a la mitad del pueblo llevará a millones de personas al holocausto. Ellos prefieren correr el riesgo de jugar con candela, con tal de asegurar el poder. Entre ellos están los fabricantes de armas y sus asociaciones seudo-democráticas del National Rifle Association, que se escudan tras cuestionables derechos constitucionales. Tras de ellos están también los paranoicos promotores de establecer la ‘Pax Americana’ en el nuevo orden mundial.  

Y para completar el escenario de posibilidades de esta visión apocalíptica aparece llena de contradicciones Hillary Clinton, mitad ángel, mitad demonio como Trump. Hillary, es la primera mujer que llega a un solo paso de ser presidente de los EE.U. tras una larga historia de 240 años.  Hillary, es la representante de una familia de clase media que llega a la cumbre del éxito y del poder tras una larga carrera. Hillary, es la mujer leal, capaz de soportar con dignidad patriótica e inteligencia inusual los escándalos de su propio marido, el Presidente Clinton. Hillary, es la funcionaria eficiente del Alto Gobierno, que ha escalado su carrera paso a paso. Ella, de alguna manera, es la versión femenina del sueño americano.

Pero Hillary tiene también un alter-ego perverso, que confunde a sus posibles votantes. Hillary se ve debilitada ante las preferencias físicas de ese país machista, que seduce mejor Trump. De otra parte, Hillary, ante las feministas es la representación de la mujer pusilánime que aguantó de tan cobarde manera las humillaciones públicas de su marido. Y demográficamente, Hillary no es como Obama, ni representa la figura reivindicadora del primer presidente negro de la nación. Hillary se ve más bien como el símbolo del ‘statu-quo’, como el títere de un sistema plutocrático manejado desde la reserva federal, que busca perpetuarse a través de ella. Para algunos conspiracionistas, Hillary es la elegida de los 'illuminati'.

A pesar de ello, en medio de este universo de decisiones cruciales entre imágenes confusas, muchos seguirían a Clinton, en caso de obligarlos a decidir. Pero el peligro radica en que no vayan a votar, porque la leyenda negra de los Clinton y del ‘establecimiento’ americano no los motiva suficientemente. Qué dirá la conciencia latina, si es que existe una conciencia latina. Ojalá que el martes próximo no se inicie por cuenta de este dilema, otra época macabra de la historia universal.