Somos el 80%

No es cierto que estamos a condenados a repetir la historia. Somos el 80% y vamos a cambiar el futuro

Andrei Gómez Suárez
Andrei Gómez Suárez
Analista Político
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27 de Junio de 2017

*Este artículo fue escrito a cuatro manos con Juan Gabriel Gómez Albarello (profesor asociado del IEPRI) y contiene trazos de ideas compartidas con personas comprometidas en construir un país distinto.

¿A qué horas dejamos que nos llenarán de pesimismo? Quizá todo empezó el 23 de noviembre de 2010, gracias al liderazgo del Senador Álvaro Uribe y su capacidad de armar una que promueve el miedo y el rencor como fórmula para indignar a los colombianos.

Colombia merece un liderazgo reparador que instale el optimismo y la confianza como ejes del marco de referencia emocional que nos permitirá resolver los problemas comunes que nos aquejan. Por tanto, la primera tarea es resignificar el triunfo del No del 2 de octubre de 2016.

Por eso vale la pena recordar este día, 27 de junio de 2017, que las FARC dejan el 100% de las armas y se unen a la vida civil, que solo por un escaso 0.041% los votos del No superaron a los de Sí, y que el 63% de compatriotas se quedaron en su casa. Quizás muchos tenían dudas, pero hoy hay una gran razón para el optimismo. Las FARC han renunciado a la lucha armada y utilizarán solo las palabras en su lucha política.

Caminando por las calles de Colombia y hablando con su gente nos encontramos con ese 63% en cada esquina. Cuando les escuchamos hablar florece el optimismo. Son gente que no cree en los políticos (incluído Uribe); que no está esperando que el Estado llegue a resolver sus problemas; son gente amigable que, si tuvieran acceso al poder, estaría dispuesta a construir un país distinto: ¡más amable!

Los miembros de las FARC que están en las Zonas Veredales, con quienes hoy se puede establecer una relación de confianza, tampoco creen en el Estado o en los políticos. Tienen toda la razón: el Estado que tenemos en Colombia está en construcción, como lo argumentaron en 2011 Fernán González, Ingrid Bolívar y Teófilo Vázquez en su libro .

Pasar de este ‘Estado en obra negra’ a un ‘Estado habitable’ requiere de mucha mano de obra y, seamos realistas, esa mano de obra no va a caer del cielo. La fuerza laboral para terminar de construir el Estado en muchas regiones de Colombia, va a depender de lo que dé la tierra. Por eso es bueno que ni la gente común ni los miembros de las FARC crean en los politiqueros de siempre. Esos politiqueros no van a cambiar el país.

El país lo cambiamos nosotros, los que votamos y los que no votamos, los que montamos en bicicleta para evitar los trancones, los que a lomo de mula recorren las cordilleras de este país, los que nunca hemos tenido un cargo de elección popular porque estamos construyendo una mejor sociedad pegando ladrillo a ladrillo mejores prácticas en nuestra vida cotidiana.

La dejación de armas de las FARC hoy crea mejores condiciones para seguir cambiando a Colombia y ello por varias razones. Primero, es un paso más para superar la estigmatización de los que piensan distinto. Segundo, es una contribución para que participen con voz propia sectores que han sido marginados. Y tercero, es una oportunidad para que muchos indiferentes se involucren en la superación de la pobreza y la desigualdad.

Pero ¿cómo hacer para involucrar en la solución de problemas comunes a la gente que no confía ser representada? La respuesta es sencilla, aunque la mecánica sea un poco más compleja: permitir la participación, evitando que los elegidos se atornillen al poder, como han hecho las pocas familias que han gobernado a Colombia desde hace más de 50 años. Sólo así lograremos “un país donde quepan todos los apellidos,” como reclaman quienes se aglutinan en torno de .

Los cargos de elección popular deben, por tanto, rotarse a través de mecanismos imparciales y además debe haber un servicio civil independiente de las veleidades de los políticos pues sólo así sus decisiones estarán en pro del funcionamiento del estado y no del bolsillo de sus jefes.

Pero lograr este cambio depende de repensar la educación, como lo ha sugerido constantemente . No hay forma de que terminemos de construir este país si la sociedad no valora la importancia de formar seres humanos que sientan, piensan y actúan de manera ética y ecuánime.

Hoy hay maestros que siguen amarrados a la venganza, que están indignados porque en Colombia no funciona la ley del talión. Pero también muchos maestros de Colombia están explicando a los jóvenes la compleja transición de las armas a la política por parte de las FARC; están escuchando sus temores, dolores y esperanzas para diseñar mejores herramientas que les permitan re-imaginar el país. Con ellos está naciendo una . El reto para el nuevo gobierno (2018-2022) no será sólo profundizar esta transformación y reversar la privatización de la educación, sino también consolidar el liderazgo mundial de Colombia en la resolución pacífica de conflictos.

Así como vemos los matices en las instituciones educativas, recorriendo el país observamos que el odio que siente un sector de los colombianos es magnificado por los medios de comunicación y su constante referencia a las redes sociales. A pesar de esos medios, la mayoría de la gente está abierta a perdonar; lo hemos visto después de cada reunión, diálogo tras diálogo. El 63% está ávido de un liderazgo reparador.

¿Será que quienes apostamos por la reconciliación terminaremos unidos en el 2018, así no estemos de acuerdo en todo? Sí, será posible. Esa es nuestra apuesta. La coordinación colectiva, la rotación y el sorteo son algunas de las claves que nos permitirán resolver muchos problemas, los que nos han impedido constituirnos políticamente en la mayoría social que ya somos.

En efecto, en vez de resignarnos a la viciosa dinámica del voto preferente o de agotarnos en las maniobras para definir quién va en qué renglón de qué lista, creemos que es posible construir una alternativa político-electoral, una lista cremallera, basada en un acuerdo fundamental sobre una plataforma programática de cambio y sobre un procedimiento imparcial como el sorteo y la rotación. Creemos, además, que el es el modelo con el cual podríamos sustituir la desgastada democracia electoral. En todo esto hay además un mensaje fundamental para el país: el de la coherencia entre prédica y práctica, y el de una política sin caciques ni caudillos.

Ojalá podamos responderle a la siguiente generación, parafraseando a , que en esta hora el 80% de los colombianos tomamos la extraña resolución de ser razonables, que fuimos capaces de olvidar nuestras diferencias y acentuar nuestras afinidades, y que tuvimos siempre la puerta abierta para compartir los frutos de la reconciliación con aquellos que alguna vez se empeñaron en su rabia heredada del triunfo del No.