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Los adolescentes que van a construir la paz en Colombia.

Gabriel Velez
Gabriel Velez
Estudiante de Doctorado
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04 de Julio de 2017

El día que terminó el paro de FECODE, Juan Manuel Santos twiteó, “Gracias a la paz, la educación seguirá siendo lo primordial. Trabajemos maestros, padres, estudiantes y gobierno. ¡No bajemos la guardia!” De acuerdo con un discurso que el gobierno de Santos ha promovido por algunos años, el presidente de nuevo afirmó la conexión de la paz en Colombia con la educación y la juventud.

En cambio, a través de una investigación en el capital del país, se ha encontrado que las conclusiones de los adolescentes mismos sobre la paz no necesariamente son los que el gobierno ha promulgado a lo largo de este discurso.  Según las perspectivas de los jóvenes, algunos indican que les resulta difícil conectar la paz con sus vidas mientras que otros ven una oportunidad para construir la paz dentro de su comunidad, pero no tienen fe en un proceso más amplio, más nacional.

“Yo creo que todos los ciudadanos tienen que aportar en esto,” dijo una estudiante de diecisiete años. “Y si no, no hay camino…y de tener mucho amor por nuestro propio país.  Colombia puede ser próspera.  El problema es que no le ha dado la importancia que tiene y los que están llegando al poder no le está dando el trabajo que Colombia necesita para ser un buen país e importante.  Porque todos ellos están robando.”

En el ámbito público

La atención de los medios y el pueblo colombiano no se ha enfocado en la formación de los jóvenes como constructores de paz. La implementación de la Cátedra de la Paz, requerida por la Ley 1732 de 2014, ya no tiene importancia en los periódicos, las revistas, los noticieros y dentro el público en general. Sin embargo, detrás de esta falta de conversación en el ámbito público, hay organizaciones e individuales esforzándose para ver que las nuevas generaciones se formen bien como constructores de paz. 

Profesores y rectores- como Francis Rodríguez Otero y Luis Miguel Bermúdez Gutiérrez, reconocidos por el premio Compartir hace unos meses– están logrando que sus estudiantes no sólo piensen en la paz como unos acuerdos o procesos dentro de los mecanismos del estado, sino como algo íntimamente conectado con sus vidas y sus futuros.

Dentro de este contexto, es importante saber lo que se está haciendo para educar a los jóvenes sobre la paz y cómo, y de qué manera, estos esfuerzos están siendo recibidos por los adolescentes. El hecho de vivir en medio del conflicto armado o en un barrio de estrato seis en el capital no necesariamente determina cómo piensa un adolescente sobre la paz.

A la vez, el colegio les puede enseñar que la paz es el uso sostenible de los recursos naturales (como uno de los temas de la Cátedra de la Paz) pero los alumnos pueden tener sus propias ideas sobre la paz, si es algo posible o utópico, y qué tanto tiene que ver con sus propias vidas.

La investigación

Desde el año pasado, he estado llevando a cabo una investigación que pretende explorar las percepciones que tienen los jóvenes entre 15-18 años sobre la paz. He ido a más de 20 colegios a lo largo de Bogotá y he hecho 140 entrevistas con adolescentes de diversos contextos para intentar entender cómo ellos entienden y construyen la paz. Hasta el momento, la investigación no ha llegado a tener una muestra perfectamente representativa, pero sí incluye una gran variedad de las perspectivas de los adolescentes bogotanos. 

Se destacan algunos temas importantes en estas entrevistas.  Primero, la mayoría de ellos separa Bogotá del resto del país. Por ejemplo, cuando se les pregunta si creen vivir en paz, muchos dicen que sienten en paz en su entorno local, pero que hay mucha gente en otras partes del país que no vive igual. O comentando sobre el proceso de paz, dicen que no se ven muchos cambios en Bogotá, pero creen que en las zonas que han sufrido más por este conflicto, sí debe haber habido muchos cambios.

La paz también se concibe a diferentes niveles. Es decir, la paz puede ser entendida como algo que surge desde uno mismo – el estado mental o la calma interna de una persona. Puede ser la manera en que la gente del colegio o la comunidad se tratan entre ellos, o puede ser la ausencia de un conflicto armado en una nación.  Estos niveles son distintos, pero pueden estar conectados. Los que se sienten capaces de contribuir a la construcción de la paz hablan de cómo cada ciudadano puede poner su granito de arena a través de tratar otros con respeto y tolerancia y de trabajar en la resolución de conflictos. Desde esta perspectiva, estos pequeños actos se van creciendo y creciendo hasta un nivel más amplio y así se hace una paz en la sociedad.

“Yo creo que mi papel como ciudadana es ayudar,” dijo una alumna de 11 años. “Ayudar y hacer ese pequeñito cambio que puede generar un cambio más grande.  Digamos, si yo empiezo por mi ayudando y como dando este ejemplo, tal vez los más chiquititos o los que están a mi alrededor o de mi edad también puedan hacerlo.”

Un último tema para destacar es la dificultad que algunos tienen en separar la paz en general del proceso de paz.  Mientras algunos hablan de la posibilidad de construir una paz desde sus contextos íntimos, otros niegan su capacidad de soportar la paz porque dicen o que es utópico y demasiado ambiguo o que tiene que ver con los grupos armados al margen de la ley y el gobierno.

“¿Yo apoyar la paz?  Sí.  Todos.  Sí creo que todos,” dijo un joven de 18 años.  “Yo creo que todos poniendo un granito de arena, ya construimos algo.  Para construir la paz, no toca hacer necesariamente un político, un presidente del país, no… Hasta discutiendo con un amigo que está a favor del proceso de paz, y yo que estoy en contra.  Nos podemos poner a discutir y llegar como a ambos logramos un granito de arena llegando a una conclusión.”

 Este tema se conecta con el primero sobre la distinción entre Bogotá y el resto del país porque muchos tienen la visión de que los acuerdos no están afectando su vida diaria. Si la paz se concibe como un proceso entre dos grupos y  los jóvenes no sienten el impacto en sus vidas, es más difícil que se sientan capaces de actuar. Y, para ellos, es aún más difícil sentir que sus acciones hacen una diferencia.

¿Qué nos dice esta investigación?

 A través de estas entrevistas, es importante sacar algunas conclusiones que nos permiten entender mejor cómo la educación – más allá de cumplir con los requisitos de una ley y tocar dos de doce temas amplios de la Cátedra– puede actuar como una herramienta para formar las siguientes generaciones como constructores de paz.  Al escuchar las palabras de estos jóvenes, se puede notar que tienen la voluntad y el deseo de construir paz, pero a la vez necesitan vislumbrar el espacio que ocuparán en el ámbito público y el efecto concreto que ellos puedan tener. 

Para lograr este objetivo, hay que contextualizar la paz en Colombia y en sus comunidades dentro de la historia local y cotidiana para que les ayude formar estrategias concretas para aportar con su granito de arena.  Muchos sienten o que les faltan lo que pueden hacer o lo que hacen no se recibe en su entorno.

“Lo restringen mucho a nosotros como estudiantes,” dijo un adolescente hablando de cómo actuar para apoyar la paz. “Porque a veces los maestros pueden enseñarnos varias cosas.  Y uno bueno, se va a sentir indignado y va a querer hacer algo.  Y a la hora de actuar, haciendo marchas o algo, además de que se van en contra del colegio porque siempre se va a tener un ideal que, ay, si usted tiene conocimiento de lo que está pasando en el país e intentar a hacer algo, usted es una persona anarquista.  Se van en contra del colegio los estudiantes y la administración de la misma institución.  Entonces, pienso que el cuarto paso--el ultimo que es actuar y utilizar estrategias no se ve.”

Y a un nivel más grande, no sólo tenemos que enseñarles sobre la paz para apoyar su participación, sino que tenemos que ir combatiendo la corrupción y trabajando los problemas estructurales como el acceso a la salud y la educación superior para mostrarles que el cambio positivo sí es posible.

“Yo quiero ser un gobernante de Colombia, pero correcto,” dijo un adolescente sobre su futuro. “O sea, que la gente recuerde que sí hay gente correcta en Colombia porque los políticos en Colombia—yo no creo en ninguno….Sí mi futuro depende del futuro del país. Por ejemplo el cambio que se necesita en Colombia se tiene que hacer sin guerra. Bueno acabar con la corrupción, comenzar que el país progrese, a que se vuelve a una potencia.”

Hay que seguir escuchándolos y tomando en cuenta cómo es que la Cátedra de la Paz les está llegando a nuestros jóvenes.  Los niños, los adolescentes y los jóvenes no son receptáculos que se puede llenar o barro que se puede formar. No internalizan pasivamente lo que está en su alrededor. 

“Ha sido largo porque la paz no era un concepto que uno como niño lo escucha y paz y estar todos tranquilos que es lo que se supone que dicen,” dijo un adolescente. “Uno va creciendo y ver diferentes problemas sociales.  Yo la empecé a fundamentar por clases de sociales porque me gusta mucho el tema y mi pensamiento por mi parte—situándome en todos los contextos que se ha vivido, los conflictos armados y lo demás.  Yo inferí que es porque veo la falta de respeto e igualdad y tolerancia.  Y que es bastante difícil que se logre.  Pero, y más cuando la misma población no va a poner esta soporte y no tiene la actitud y no aporta ella.  Pero a mis ideales llegué por sí mismo.”

Los jóvenes son ciudadanos, seres activos, y bastante astutos.  Es hora de continuar y fortalecer la Cátedra de la Paz con un seguimiento continuo que capture la perspectiva de los jóvenes que la están recibiendo.