¿Quiénes son realmente los líderes del Sí y del No?

Este Acuerdo de Paz que ha sido a la vez fuente de conflicto y de esperanza entre los colombianos durante los últimos meses, no puede pertenecerle ahora a un grupo reducido de “líderes”. Por eso los que deberíamos lograr ese consenso más amplio posible somos todos nosotros. 

Martha Maya
Martha Maya
Independiente
131 Seguidores1 Siguiendo

0 Debates

3 Artículos

Artículo

496

0

17 de Noviembre de 2016

Fuimos todos los ciudadanos, los políticos, pero también los del común, los que dijimos Sí o No el pasado 2 de octubre y seremos esos mismos quienes tendremos que vivir con las consecuencias del desenlace de este capítulo. 

Las imágenes de políticos, gobierno o guerrilla en salas de trabajo, ruedas de prensa y Twitter confunden por un momento. Hacen parecer éste como un tema que no es nuestro, como si se tratara de su voluntad, de su aceptación y de su consenso. Pero lo cierto es que el consenso es nuestro. Y digo el consenso porque ese es el llamado ahora.

La elección del 2 de octubre no se dio a través de una democracia representativa donde cada uno de nosotros tiene un líder sentado en esas discusiones a quien revistió de poder para decir Sí o No en nombre suyo. Está bien que hagan el ejercicio de sentarse y que trabajen sobre un grupo de preocupaciones, pero lo cierto es que ni fueron elegidos para eso, ni tienen un mandato tal.

Por eso, como ellos son tan colombianos como nosotros, el mensaje es invitarlos a que al igual que nosotros trabajen por el consenso, porque eso nos fortalece como sociedad y nos permite encontrar la forma de moldear nuestras preocupaciones en la implementación de este Acuerdo de Paz.

En un plano de igualdad en donde todos somos ciudadanos, somos muchos los colombianos que nos animamos a votar, Sí o No, y muchos los que nos movilizamos para encontrar formas de salir del limbo en el que nos dejó el resultado del No.

Las preocupaciones y motivaciones pueden ser tantas como quienes votamos, por eso solo estaremos debidamente representados si hacemos uso de nuestra voz y de las oportunidades de participación, si buscamos espacios, si conformamos grupos de ciudadanos y si entendemos que esto sí es con nosotros. Y yo diría que en Colombia tenemos con qué.

La derrota del Sí en el plebiscito despertó en muchos ciudadanos de distintos lugares de Colombia un lado del corazón que tenían dormido. Cuando creíamos que las únicas movilizaciones que podrían ocurrir en nuestro país eran la del 4 de febrero de 2008 de “No más FARC”, la minga indígena, las protestas del paro agrario o las de la universidad pública, entre otras, nos dimos cuenta que también éramos capaces de movilizarnos por la paz.

Es decir, descubrimos que también somos una sociedad civil a la que la mueve la esperanza, y no solo la injusticia o el odio. Y lo cierto es que las marchas, los campamentos, las obras de arte y todas las manifestaciones que se hicieron por el #AcuerdoYa fueron eso, pura esperanza.

Eso es más valioso de lo que parece y yo diría que nos deja un mensaje muy importante: los verdaderos “líderes” del Sí y del No son esa sociedad civil organizada que con voces de orígenes distintos se pronuncia sobre la paz. Con esa sociedad es que se va a construir  la paz y a esa misma es a la que se le debe extender una invitación a la unión, es decir, al consenso.

Por eso vale la pena no dejar pasar ese descubrimiento. Este Acuerdo tenía y aún conserva un principio muy importante, el de la participación ciudadana. Y abre las puertas para que toda esa sociedad civil y política participe de muchas formas en su implementación.

Si seguimos movilizandonos y participando como lo hicimos desde el 2 de octubre hasta hoy, podríamos tener verdadera influencia y liderazgo sobre la puesta en marcha de este Acuerdo de Paz, que al final debe dar resultados es en la implementación; de eso es que depende que sea exitoso. Las puertas están abiertas para los ciudadanos, para los líderes nuevos y para los más antiguos, pero si los primeros no se lo apropian esto quedará en manos de los segundos, como siempre ha sucedido.

Que esto no dependa una vez más de los señores (y señoras que desafortunadamente siempre son la minoría) que deciden el rumbo de nuestro país desde un salón, según su parecer. En esta ocasión la oportunidad está en las manos de los ciudadanos y el consenso más importante no es entre los políticos, sino entre nosotros. No dejemos que esto se pierda en telarañas jurídicas, enfrentamientos de egos o rencores empolvados, y dejemos ver quiénes somos los verdaderos líderes de esto.

En Colombia cualquier presidente tiene el mandato de hacer la paz y nosotros, bueno, tenemos el imperativo moral de desearla. La victoria del No no cambio eso, la obligación de buscar la paz fue la que le dio origen a nuestra Constitución; es un valor, es un derecho y otra vez, es un mandato.

Eso sí, conservamos intacto nuestro derecho a no estar de acuerdo, que no se anula ante un consenso que responde a la urgencia de terminar el conflicto, de no dejar que esta oportunidad se nos escape. Cualquier autoridad tiene el deber de respetar nuestro derecho de participar desde las distintas perspectivas -y esto incluye por supuesto las del Sí y las del No- en la construcción de esa paz, en la implementación de este Acuerdo.

Es por eso que ahora, más que nunca, necesitamos poner en marcha este #AcuerdoDeTodos; esa implementación es la que permitirá reflejar las voz de cada uno, y es de la diversidad en la construcción de esa paz que dependerá realmente que sea “estable y duradera”.  

 

Comentarios