¿A quién bombardear?

Con la directiva 037 del Ministerio de Defensa Nacional que permite el bombardeo de disidencias, residuos y bandas criminales por parte del Estado, se abre un abanico interesante en cuestiones de fenómenos irregulares y asimétricos

César Niño
César Niño
Profesor en Universidad Sergio Arboleda
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31 de Octubre de 2017

El Estado, más allá de las lógicas jurídicas pertinentes, puede caer en trampas estratégicas que vulneran la seguridad de la nación.

En Colombia ha habido un creciente debate terminológico sobre cómo ponerle y clasificar los actores armados ilegales contemporáneos. Por un lado, la mutación de banda criminal a grupos armados organizados y a grupo delictivo organizado, por otro, de disidencia a residuos.

Sin importar la categoría que se acuñe, es evidente que hay una transformación sobre la manera de entender las nuevas manifestaciones de la violencia en el país. En efecto, Colombia es un Estado que, al parecer, lo más evolucionado y desarrollado que posee, es la forma de usar las violencias (en plural) como método de transacción de los conflictos sociales. Bombardear en un contexto ambiguo, tanto conceptual como estratégico, genera incertidumbres en las Fuerzas Militares como en la manera de enfrentar los problemas de seguridad.

En escenarios asimétricos e irregulares como corresponde a las naturalezas de “los Pelusos”, “el Clan del Golfo”, “Los Puntilleros” que por más arsenal militar pesado y de alto calibre que posean, su metodología de acción no es el campo de batalla convencional y regular, corresponde a una mimetización dentro de la ciudadanía que trae consigo líneas muy delgadas, pero bastante profundas en la manera de contrarrestarlos con las acciones militares.

Bombardear genera un punto crítico de marginalidad decreciente, es decir, por más capacidad militar que el Estado posea, existe un punto en los contextos asimétricos en el cual no importa la capacidad y número de arsenales militares cuando el enemigo es irregular, difuso y altamente gaseoso. “los Pelusos”, “el Clan del Golfo”, “Los Puntilleros” y los residuos de las Farc, entre otros, no se encuentran en puntos aislados definidos; están en zonas urbanas y rurales, sin camuflados ni distintivos, franjas que ponen en aprietos a los tomadores de decisiones en materia de seguridad para una eventual neutralización. El Estado debe preguntarse, ¿a quién?, ¿en dónde? y ¿cómo? bombardear a un enemigo muy presente y bastante invisible.