Que no se nos amargue la Sabrosura

El buen momento del turismo en Colombia encuentra fundamento en mejores condiciones de seguridad. Dar marcha atrás o fallar en la correcta implementación del Acuerdo de Paz, impediría profundizar la exitosa estrategia de promoción del país como destino turístico

Juan José Orjuela Álvarez
Juan José Orjuela Álvarez
Representante para Colombia de Justice Travel
18 Seguidores172 Siguiendo

0 Debates

2 Columnas

Columna

284

0

22 de Mayo de 2018

El diario El Tiempo, en reciente entrevista con la Ministra María Lorena Gutiérrez, no lo pudo poner en mejores términos: “Colombia vive un romance con el turismo”. Es el tema distinto. En medio de la polarización y la convulsionada agenda nacional es un elemento de convergencia.

No es para menos, el sector se consolidó en 2017 como el segundo generador de divisas con 5.787 millones de dólares, lo cual no sólo sobrepasó las expectativas del gobierno, sino que ya supera los ingresos sumados de las exportaciones de flores, café y banano. Adicionalmente, el turismo es un sector fértil para la generación de empleo, los cuales ya rondan los 1,8 millones.

El asunto no ha sido ajeno a la contienda electoral en curso y todos los candidatos han manifestado que en sus eventuales administraciones sería un sector que contaría con todo su apoyo. Con matices, la ruta para capitalizar las oportunidades está clara: infraestructura, conectividad, bilingüismo, formalización empresarial, promoción y un marco sustentable. Vale la pena destacar que, entre los programas de gobierno, los más robustos en cuanto a propuestas para el impulso del turismo se encuentran los de Humberto De la Calle y Germán Vargas, quienes incluso son partidarios de la creación de un ministerio. 

Llegada de turistas internacionales a Colombia (1996-2016)

Las cifras de ingreso de turistas internacionales a Colombia han mostrado una tendencia positiva desde principios de siglo, de la mano con las mejores condiciones de seguridad. No obstante, resulta evidente que se presentó un salto significativo en los niveles de crecimiento a partir de 2012-2013 que se mantienen hasta el presente, lo cual coincide con la puesta en marcha y suscripción de los acuerdos de paz entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Dicho suceso generó la posibilidad de enriquecer la narrativa para promocionar el país como destino turístico.

ProColombia como entidad encargada de la promoción del país en el exterior, en sintonía con el desescalamiento del conflicto y las nuevas dinámicas territoriales, desarrolló argumentos orientados a presentar a Colombia como un país que se está reinventando, que pasa la página de la guerra para escribir una de paz. Un país más grande que está listo para compartir con el mundo sus secretos y “sabrosura”, como se denomina la actual campaña de promoción del país.

El crecimiento de 28,2 por ciento del sector turístico en 2017 con respecto al año inmediatamente anterior o un diálogo desprevenido con cualquier visitante extranjero confirman que la estrategia está funcionando. Entre los argumentos que salen al indagar con un viajero sobre por qué escoger nuestro país como destino surge, sin falta, el que las noticias que están llegando al exterior han dejado de ser los secuestros y masacres. Los titulares referidos a Colombia de unos años para acá tienen un tinte más positivo, destacándose la agenda de paz.

El turismo es un asunto que permite ilustrar el valor del fin del conflicto y plantear en concreto escenarios para el desarrollo territorial. De cara a las elecciones presidenciales y la inauguración de una nueva administración el 7 de agosto del año en curso, la discusión que acá se plantea es si estamos dispuestos a sacrificar la carta de la paz que hoy estamos jugando ante el mundo para impulsar la llegada de turistas. Se encuentra ampliamente ilustrado que éste es un sector que requiere de condiciones de seguridad y que, en particular, el período de posconflicto es de especial interés para muchos turistas que están en busca de experiencias únicas que ofrecen destinos como Colombia, en buena medida aun inexplorados y que conservan su autenticidad.

Sería un golpe severo para la promoción del país como destino turístico reversar la política de construcción de paz o una fallida implementación del Acuerdo del Teatro Colón. El turismo es sensible a las condiciones de seguridad, como ilustran casos de destinos como Egipto, Nicaragua o Turquía, recientemente afectados por episodios de violencia que han ahuyentado la demanda de visitantes. No apostarle a la profundización de la construcción de paz puede salir muy costoso y pone en jaque a muchas comunidades que están encontrando en este sector una posibilidad real de generar ingresos y apalancar procesos de desarrollo.

En aras del debate, también hay que señalar que países como México, pese al deterioro en sus condiciones de seguridad, han logrado mantener unas cifras globales positivas de ingreso de turistas extranjeros. Esto, sin embargo, al revisar la situación particular de los distintos estados, muestra panoramas heterogéneos. En un estudio de 2016, el World Travel & Tourism Council señala que los episodios de terrorismo tienen impactos de corto plazo en el sector turístico, pero sólo en casos en que son ataques aislados. Es la situación observada con el 9/11 en Nueva York que, en todo caso, se tradujo en una disminución en las ganancias del sector que se extendió por tres años antes de mostrar signos de recuperación. Cuesta mucho más levantar cabeza cuando se trata de destinos que enfrentan amenazas permanentes.

¿Estamos los electores y distintos aspirantes a la presidencia conscientes del íntimo vínculo que existe entre las perspectivas del turismo como motor de desarrollo y la construcción de paz? ¿Estamos dispuestos a someter a este sector al lastre que significa el estigma del conflicto? ¿Vamos a dar marcha atrás en las nuevas fronteras que recientemente han identificado en el turismo una alternativa de progreso? ¿Es el turismo un privilegio para unas zonas específicas del territorio nacional?

El avance en Colombia del sector turístico está sujeto a múltiples consideraciones y herramientas de política,pero sin duda la discusión pasa por el contexto país. Hoy es un sector en que impera el optimismo sobre su futuro y el espacio para crecer es grande, en tanto hoy solo aporta una cifra menor al 3 por ciento del PIB. No obstante, hay que hacer un llamado con respecto a que se está dando por sentado que la percepción positiva del país en el exterior es una variable que se mantendrá inalterada, lo cual a la luz de la accidentada implementación de la paz o, aun peor, su reversa no resulta tan evidente. Lograr resultados como los de México o Perú, donde el turismo aporta respectivamente 9 y 7 por ciento del PIB, y la posibilidad de constituir a Colombia como una verdadera potencia turística necesariamente pasa por que se decante la paz. No basta con tener un país paradisíaco.