¿Por qué nos duele tanto este No?

La esperanza de los últimos meses se transforma hoy en incertidumbre y miedo.

Ana María Araoz
Ana María Araoz
Investigadora en Cambio Cultural
130 Seguidores7 Siguiendo

0 Debates

13 Artículos

Artículo

9406

0

03 de Octubre de 2016

Lo que nos duele no es perder. Desde que tenemos cédula estamos acostumbrados a las derrotas políticas. Pero de cuando en vez empezamos a encontrarnos con otros que comparten nuestros ideales, empezamos a alimentar la ola del cambio, nos dejamos poseer por la esperanza y nos arriesgamos a creer en la política. Entonces llegan las elecciones y nos bañan como con un balde de hielo para recordarnos que los grandes cambios no ocurren de un momento a otro y que ese país que soñamos tal vez no lo veremos.

Algunos hablan con convicción de renegociación de aspectos puntuales del acuerdo, aseguran que sí quieren la paz y llevan ahora la bandera del optimismo. Otros creemos que ese No significa mucho más que contrariedad con algunos puntos del acuerdo, y que más bien principalmente ratifica la prevalencia de una cultura política antidemocrática, dogmática e indiferente a la desigualdad social que ha caracterizado a este país desde su existencia.

El mapa verde y naranja de la página de la registraduría me recordó una consigna que leí hace un tiempo, que cantaba: “Marquetalia nunca ha sido una república independiente, sino un pueblo abandonado”.

Con pocas excepciones, el mapa verde bien podría ser el mapa del abandono estatal, el mapa de la inequidad de uno de los seis países más desiguales del mundo, el mapa de las dos colombias.

Lo que duele hoy no es el miedo de que el conflicto reinicie mañana. Lo que duele es ver que todas estas regiones apartadas y abandonadas del país van a seguir esperando la presencia del estado, la garantía de derechos y la participación política que han pedido desde la famosa carta abierta de Manuel Marulanda a Guillermo León Valencia en 1964, cuya respuesta fue un No bélico llamado operación soberanía.

52 años después Colombia vuelve a decirles que No.

La esperanza de los últimos meses se transforma hoy en incertidumbre y miedo frente al riesgo de que los puntos del acuerdo orientados a saldar deudas históricas con los campesinos colombianos mueran ante la indiferencia y antipatía de los colombianos, o ante los intereses de ciertos grupos de poder a quienes les conviene que, simplemente, todo siga como está.

Comentarios