País de corruptos

El cáncer de la corrupción siempre ha estado, solo que era un privilegio de los de arriba

Alirio Calderón Perdomo
Alirio Calderón Perdomo
Abogado
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07 de Julio de 2017

Colombia tiene una dirigencia de reconocida inteligencia, dentro del espectro estatal mundial; sin embargo  para desgracia nuestra, dedican esa sapiencia, para prácticas corruptas, cada vez más sofisticadas.

El inicio de nuestra  era cristiana,  da cuenta de este cáncer, condenaron a Jesús y salvaron a Barrabas y Judas, que corruptamente vendió al maestro, por 30 monedas.

En nuestro País comienza con Bolívar y Santander en 1824, expidieron un decreto contra  corruptos, condenándolos  a muerte; sin embargo Bolívar defendió, al venezolano Luis López, por malversación de fondos públicos en Londres; Santander hizo lo propio, con los comisionados Manuel Antonio Arrubla y Francisco Montoya.

El sistema financiero es epicentro de corrupción desde 1840, hasta nuestros días; baste con recordar el escándalo del Banco Central con Pepe Sierra y Nemesio Camacho, por las rentas de licores y manejo irregular de fondos secretos;  en tiempos de Belisario Betancur fueron intervenidos  17 bancos que defraudaron a unos 80.000 ahorradores y los responsables jamás fueron castigados ejemplarmente.

Y que decir del apagón de 1992, por malos manejos en el sector energético; Foncolpuertos,  Dragacol,  Ferrovías,  etc. y hoy es peor: Interbolsa, Reficar, Banco Agrario, Fondo Premium, Agro Ingreso Seguro, saludcoop, la DNE, los Nule,  las notarías, el proceso 8 mil, Odebrecth, Yidis política, zonas francas  etc..

El entramado de corrupción,  es presidido ni más ni menos que por Presidentes,  Congresistas,  Magistrados y  los dueños de los emporios económicos, amparados y custodiados por paramilitares, mafiosos y guerrilleros, con quienes se concitan y organizan desde la legalidad de la  ilegalidad, la fluidez necesaria de grandes tajadas y sobrecostos, amparados todos por los miedos convenientes de la guerra.

Estas castas se pelean en una elección y se arreglan camaleónicamente en la  siguiente, reparten en cocteles los negocios del presente y futuros del estado; rotan las posiciones gubernamentales y representación Internacional; con escasas excepciones y luego se rasgan públicamente sus vestiduras por sus propios descalabros.

Hacen la Constitución y las leyes y la violan sin pudor alguno; pues tienen aseguradas sus impunidades, porque ellos, deciden y eligen a Procuradores, Fiscales, Magistrados, Contralores, comisión de acusaciones y para colmo de males enriquecen con el erario público, las arcas de los dueños de los medios de comunicación, con quienes aseguran la amnesia e ignorancia del pueblo que gobiernan.

La corrupción en Colombia es congénita a la formación del Estado, por eso constituyentes del 91, dieron origen a varios procedimientos y entes, en procura de atajarla y propiciaron que varias administraciones crearan leyes y estrategias: César Gaviria (Misión para la Moralización y Eficiencia de la Administración Pública), Ernesto Samper (Consejería Presidencial para la Administración Pública, Andrés Pastrana (Programa Presidencial de Lucha contra la Corrupción), Álvaro Uribe (endurecimiento de castigos, incentivos  y veeduría ciudadana) y  Juan Manuel Santos (Urna de Cristal), pero poco sirvió, está los desbordo, básicamente por los propios escándalos de corrupción de sus gobiernos.

El problema es claro, la solución no, mientras los de arriba cundan con sus malos ejemplos a sus gobernados y sigan eligiendo magistrados entre socios con trapisondas, desfile de maletines llenos de dinero para aprobar leyes y alinear congresistas; comprando fallos judiciales, contratación estatal y privada a dedo, quebrada la salud, entre otras, esa no llegara.

Sin duda que 3 hechos trascendentales son el carburante de la desbordada corrupción: El frente Nacional; El proceso 8 mil y la compra de la reelección.

El primero convirtió el sistema electoral colombiano en una farsa y deslegitimo la función administrativa con la repartición corrupta de la dualidad partidista de los cargos del estado y del presupuesto nacional.

El segundo evidenció la forma como se llega al poder en Colombia y se sigue llegando, con dineros sucios y enseño que se puede comprar legalmente los fallos.

El tercero hizo trisas la débil Institucionalidad que tenemos; acabo con la decencia de la figura presidencial y enseño que para los propósitos del gobernante de turno,” todo vale”; por eso hubo Procurador que negocio, sin escrúpulo ético alguno, su propia reelección; Fiscal que de la misma forma cuadro su periodo de mandato y Magistrados haciendo uso inmoral de la famosa puerta giratoria y sin embargo ahora nos quejamos de lo jodido que estamos, pero en sus momentos fueron muy pocos los que con valentía se opusieron dignamente, ante todas estas malolientes  bellaquerías.

El cáncer de la corrupción siempre ha estado, solo que era un privilegio de los de arriba; el problema hoy es que los de abajo aprendieron y así es muy verraco, porque no hay plata que alcance y los  obliga a presentar más reformas tributarias y la correa ya no da más y puede en cualquier momento reventarse y cuando eso suceda ahí sí, apaguemos y vámonos, porque puede llegar otro culebrero o populista fanático y acabar definitivamente con esta hilacha  de país que nos queda.