Mocoa la otra Colombia que agoniza

La tragedia de Mocoa es un recorderis doloroso de las razones por las cuales nuestra sociedad se expone a una destrucción creciente. Hay causas históricas, políticas, económicas y técnicas, que han llevado a muchos compatriotas a fundar ciudades amenazadas de muerte. Quizás las propuestas de expertos urbanísticos y ambientalistas sean tenidas en cuenta en adelante.  

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
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03 de Abril de 2017

La tragedia de Mocoa, ha despertado la solidaridad de los colombianos y también el interés por esa otra Colombia, la de nuestros orígenes, ancestralmente olvidada. Mocoa, fundada en 1563, es una ‘ciudad’ más antigua que algunas de las grandes urbes de Colombia, como: Medellín (1616), Bucaramanga (1622), o Barranquilla (1629).

Hoy en día Medellín, Bucaramanga y Barranquilla, son algunos de los ejes más importantes de la economía y el desarrollo de Colombia. Pero Mocoa, capital del Putumayo (en quechua, putu-mayu, de 'putu': vasija de fruto de árboles y 'mayu': río), es testimonio doliente de subversión y narcotráfico.  

Esa Mocoa, de ancestros incaicos (vertiente ingas), icónicamente representados en la figura del Maestro Carlos Jacanamejoy, necesita que entendamos mejor su pasado para asegurar su futuro. Si la sabiduría de los antepasados de Jacanamejoy, su creatividad y espiritualidad, hubieran subsistido, no habríamos vivido esta tragedia urbanística en medio de la selva. Pero, ya no hay nada que hacer y el escenario del Putumayo actual, es una realidad que debemos enfrentar no solo con criterios antropológicos.

En esta enorme región, que va del Valle del Sibundoy,  pasando por Mocoa y extendiéndose más allá de Puerto Leguízamo, se requiere mucha planificación. Y desde luego la historia y la sociología serán muy útiles si se acompañan de ingeniería y prospectiva urbana. Esto se deduce de una interesante entrevista radial (RCN) con un experto en el tema como Gustavo Wilches Chaux. Para  Wilches, especialista en Gestión del Riesgo, lo ocurrido en Mocoa este fin de semana, podría evitarse a futuro con  adecuada planificación territorial (los ‘POT’).

Según el experto en gestión ambiental, una vez atendidas las víctimas, con toda la solidaridad despertada, se deben identificar las causas de la tragedia. Solo de esta manera se puede evitar una repetición cíclica de esas condiciones, que pondrían  en peligro más adelante a la reconstruida población.

Cómo recuperar a una comunidad devastada por un desastre ambiental es la pregunta. Para empezar, reconociendo las causas por las cuales se rompió el equilibrio de los primitivos pobladores con su medio ambiente. Habría que rememorar entonces la inicial subyugación de los indígenas a manos de los colonos, y también la tragedia de las caucheras amazónicas. Luego estudiaríamos la relativamente reciente infamia del narcotráfico y la despiadada confrontación entre ‘paras’ y guerrilleros, que tomaron al Putumayo como campo de batallas.

Retomemos textualmente a Cháux: “la recuperación de una comunidad es como una araña y una telaraña. La araña es la comunidad y la telaraña es el objeto de intervención. El reto es fortalecer la araña que ha quedado viva, pero traumatizada, para que pueda poner al máximo toda su capacidad de crear una nueva telaraña. Pero si le reconstruyo su telaraña –así sea con materiales de la era espacial–, y la pongo sobre la telaraña, probablemente no funcione. Este es un trabajo de recomposición de relaciones entre seres humanos y sus territorios”.