Mayo de 2018: La segunda vuelta del plebiscito

Una verdadera renegociación del Acuerdo de Paz hubiera cambiado significativamente la opinión que tienen hoy los colombianos del proceso. Al gobierno le faltó magnanimidad a la hora de meterse de fondo a comprender los resultados del plebiscito y la cuenta de cobro se la está pasando, no la popularidad, sino el apoyo del constituyente primario.

Juan Sebastián Arango
Juan Sebastián Arango
Asuntos Públicos y Corporativos
139 Seguidores257 Siguiendo

0 Debates

5 Columnas

Columna

206

0

31 de Julio de 2017

El proceso de paz ha cometido errores graves. Primero el mecanismo de refrendación fue vilmente violentado ante el resultado adverso para el gobierno el  2 de octubre.

De ahí en adelante ha sido una cascada de desaciertos institucionales, comenzando por la sustitución de la voluntad popular por parte del Congreso de la República y la errática sentencia 699/16 de la Corte Constitucional que lo avaló con una cantidad de maromas jurídicas que aún son imposibles de comprender.

La implementación ha sido traumática. Con apenas los votos suficientes han ido avanzando las votaciones en el Congreso y con una decretatón del Presidente, sumado a las sentencias de la Corte Constitucional se ha creado un bloque jurídico que contiene alrededor de 2200 páginas. Un laberinto legal de difícil comprensión para la gran mayoría de los colombianos y que hace imposible un proceso pedagógico.

Lo que ha pasado en los últimos 7 meses ha sido frustrante para el proceso, pese a que han sucedido los momentos más trascendentales del mismo como la entrega de las armas, la llegada de los guerrilleros a las zonas de concentración  y el anuncio de un partido político su apoyo ciudadano no crece. Según la Yanhass Poll en Octubre del 2016 el proceso era aprobado por un 40% de los ciudadanos, en la última encuesta que fue publicada hoy esta cifra ha caído paulatinamente a un 29% de aprobación.

Esa aprobación romántica del anhelo de la paz ha sido destruido por las imágenes en la televisión de la liberación (así sea condicional) de integrantes de las FARC con un amplio prontuario, de la aprobación del partido político de las FARC con su participación directa en el Congreso, de las dudas en el debate sobre quién realmente ejerce el poder político en las circunscripciones especiales de paz, de la renuente negativa de las FARC con los niños reclutados, del duro pulso vivido entre el gobierno y empresarios por el Decreto de tierras y el anuncio del fiscal de que las FARC tendrían su dinero para hacer política.

Para el gobierno estos temas tienen una explicación basada en el Acuerdo, pero lo cierto, es que una verdadera renegociación del mismo hubiera cambiado significativamente el resultado que estamos viendo. Al gobierno le faltó magnanimidad a la hora de meterse de fondo a comprender los resultados del plebiscito y la cuenta de cobro se la está pasando, no la popularidad, sino el apoyo del constituyente primario.

Esto sumado a una difícil crisis económica que tiene agobiados a los colombianos es un coctel demoledor. Hay una marcada percepción que el gobierno no puede atender dos frentes al mismo tiempo: La implementación del Proceso de Paz y los problemas diarios de los ciudadanos.

Ante esta situación se corre el riesgo de que las próximas elecciones presidenciales se conviertan en una segunda vuelta al plebiscito, hecho que se hubiera podido evitar sí en la renegociación se hubieran incluido verdaderos cambios que acogieran las fuerzas políticas ganadoras del NO.