Más allá de la participación en política ¿qué ha pasado con la reincorporación de FARC?

Tras los escándalos con la salida de alias “El Paisa” del Espacios Transitorio de Capacitación y Reincorporación (ECTR), la fuga de alias “Rodrigo Cadete”, y las constantes denuncias de voceros de las FARC con respecto a los incumplimientos del gobierno, entre otros temas dilatorios de la implementación, es necesario preguntarnos ¿nos quedó grande reincorporar a las FARC?

Dylan Herrera
Dylan Herrera
Analista Seguridad, DDR, Construcción de Paz
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02 de Noviembre de 2017

En los últimos años de la negociación, había una creencia de que había dos cosas que el gobierno sabía hacer y cuya experiencia facilitaría una rápida implementación y por ende dos victorias tempranas claves para el proceso, la sustitución de cultivos y retornar combatientes a la vida civil. Sin embargo, hoy, transcurrido un poco más de un año de la firma definitiva del acuerdo, ambas agendas presentan saldos en rojo en su balance, salvo la participación de las FARC en política; pero este texto se enfocará en la transición del grupo armado a la vida civil.

 

  1. Un proceso “participativo” no muy claro y de puertas entrecerradas

El 29 de mayo de 2017 en medio de cierto hermetismo y bajo perfil (debido a que toda la atención estaba centrada en la prórroga de las Zonas Veredales Transitorias de Normalización –ZVTN- y del desarme) se expidieron el decreto ley 897 a través del cual se restructuró la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR) y se creó la Agencia de Reincorporación y Normalización (ARN); y el decreto ley 899 a través del cual se establecen las medidas e instrumentos para la reincorporación económica y social colectiva e individual de los integrantes de las FARC-EP.

Es un proceso que involucra no solos a los varios miles de excombatientes sino a la población de las veredas y municipios en donde están estos ETCR, así como sus gobiernos locales municipales y departamentales. A diferencia del proceso de reintegración anterior, éste ha buscado tener un rol más participativo de los excombatientes desde su inicio. Sin embargo, a hoy, tras casi medio centenar de reuniones del Consejo Nacional de Reincorporación (CNR), no hay unos lineamientos públicos claros del proceso, sus tiempos, la ruta que se seguirá, las responsabilidades específicas de cada actor y los presupuestos con los que se cuenta para llevar a cabo tan importante tarea del posconflicto. La única manera de combatir la desinformación y escepticismo del país y vincular diversos actores del sector público y privado, y en general a la ciudadanía frente al proceso de paz, es informar de manera debida, constante y no reactiva cada vez que hay una crisis.

Desafortunadamente, lo único que existe hasta ahora es una línea de mensaje muy lírica pero con poco de fondo, en donde la ARN describe los CTR como la oportunidad para "descentralizar la reincorporación, aprovechar las fortalezas y capacidades del departamento, capacidades de autoridades locales y empezar a discutir, desde el territorio, temas que se pueden resolver desde las regiones". ¿Pero eso qué significa?

 

  1. Los gobiernos locales a enfrentar su día a día y construir paz por los mismos 100 pesitos

Al repasar las votaciones del plebiscito, uno se acuerda que la gran mayoría de los territorios en donde hoy se está dando la reincorporación, votaron predominantemente SÍ. No obstante, son territorios que en su gran mayoría carecen de excedentes en sus presupuestos y no se les permiten mayores niveles de endeudamiento. Sobre ellos recaen y recaerán parte de los roles de apoyar la implementación. A hoy no se han hecho significativas adiciones presupuestales para que desde ya los gobiernos locales puedan asumir parte de las responsabilidades y tareas que se les está pidiendo que asuman. Tanto los PDET como las diferentes ofertas de reincorporación necesitarán de apoyo y complementariedad de los programas municipales, de la oferta existente, pero…¿dónde está la plata del posconflicto para el tema? Más allá de los voluntariados y el Plan 50/51 ¿qué más se ha hecho para generar la capacidad de recepción y atención que se necesita en los territorios de reincorporación, no solo para excombatientes sino para el total de la población?

 

  1. Se ha perdido tiempo y duplicado esfuerzos

Una de las principales lecciones del proceso colectivo con las autodefensas era la necesidad de acompañar de manera estructurada a los excombatientes desde el momento cero. Sin embargo, a pesar de que las FARC-EP comenzaron a llegar a las zonas hace un poco más de 9 meses, el despliegue efectivo del personal de la ARN a las zonas se dio en los últimos meses, no por negligencia de la Agencia sino por la dificultad de tener que adelantar procesos técnicos ante una instancia tan política y poco efectiva como el CNR. Es cierto que en las zonas ha llegado oferta del SENA y de otras entidades, pero sigue habiendo considerables faltantes en el acompañamiento y en la disponibilidad de material para la nivelación, alfabetización y demás procesos que deberían estar teniendo lugar en esta fase pero que no ha sido así. Ante todo, falta una plan claro de reincorporación para que todas las entidades sigan y se complementen.

Con todo el hermetismo del mundo se ha manejado el reporte de la Universidad Nacional sobre el censo socio-económico de las FARC, salvo las figuras socializadas el día de su entrega al CNR, sin embargo, al no haber podido concertar una respuesta efectiva en el momento indicado, la gente ha comenzado a salir de las zonas en su gran mayoría a buscar empleo, no necesariamente a delinquir como se ha venido especulando, al menos no todos. Varios de los habitantes de las zonas entonces son intermitentes, vienen y van, por lo que ahora tocará hacer un nuevo censo con la gente que quede en las zonas para ver qué tipo de respuesta se va a desplegar…en otras palabras…se perdieron 6 meses. Aun así, el reloj de los 24 meses de la reincorporación sigue corriendo. El riesgo es que las demoras y duplicaciones de esfuerzos tan solo desembocarán en un proceso incompleto (no en vano en el discurso del personal de la ARN ya se habla de procesos a mediano y largo plazo) ¿se vendrán reformas a lo acordado? No sería la primera vez, recordemos que, en el proceso colectivo con las AUC, la propuesta inicial era de 18 meses y terminó ampliándose a un término indeterminado que luego se estandarizó a 6.5 años.  

 

  1. Los proyectos productivos y los problemas de tierras y formación: una rosa con muchas espinas

Tras visitar un ECTR y conversar con diferentes profesionales de la ARN y también de la Agencia de Renovación del Territorio (ART) todos parecen converger en que el gran afán de los excombatientes es que se les otorguen los proyectos productivos a través de la ARN y al resto de población en las zonas a través de la ART.  

Sin embargo, hay un problema, y es que, en varias de estas zonas, la tenencia de la tierra está en disputa y dichos procesos no son rápidos y además son numerosos a lo largo y ancho del país.  Entregar proyectos productivos en zonas que luego pueden ser reclamadas por la Unidad de Restitución de Tierras sería altamente contraproducente y traería más conflictos a los ya existentes por la tenencia y uso del suelo en zonas afectadas por el conflicto, por no mencionar los problemas judiciales.

Ya se han comenzado a dar formaciones, diplomados, cursos cortos, pero nada de manera estructurada que permita emprender con el debido acompañamiento y responsabilidad. Pareciera que a entidades como ARN, Ministerio del Postconflicto entre otros, se les olvidara la experiencia amarga de los proyectos colectivos con las AUC y los riesgos de entregar proyectos productivos sin la debida capacitación.

Colombia viene creciendo al 1.7% y estamos echándoles el cuento a los excombatientes que podrán emprender con 8 millones de pesos por cabeza, en una economía urbana altamente competitiva y en economías rurales carentes de infraestructura y conectividad. Nadie se convierte en el próximo Warren Buffet con un curso de cooperativismo de 30 horas. Hay una razón por la cual pocos proyectos colectivos de la época de los 90 o del proceso con las AUC aún existen hoy, pero parece que se nos olvidó la razón.

 

  1. Las FARC NO son una masa de población homogénea

Si bien todo el mundo hoy se tiene en el radar que Timochenko anunció su candidatura a la presidencia y que ya se saben los nombres de algunos miembros del Secretariado que ocuparán las curules transitorias otorgadas en el acuerdo, se nos olvida que el grueso de la población excombatiente es otra, y que no son ni Timochenkos, Catatumbos ni Tanjas.

Entonces, ¿quiénes son estas personas? ¿A quién es que se va a reincorporar en los ETCR, y cómo será dicho trabajo un aporte para la mejora de las condiciones de las veredas y municipios en donde están, así como para los habitantes de las mismas?

No existe un prototipo de combatiente estándar de las FARC, por decirlo así, es un grupo variado en etnicidad, edad, formación, entre otros. Hay que resaltar que al ETCR que visité ya no quedaban sino cerca de la mitad de las personas que originalmente habían llegado a dicho lugar. Algunos vuelven intermitentemente, especialmente cuando se acercan las fechas del giro de la renta básica. En el ETCR había algunos adultos mayores y familias con niños pequeños (que evidentemente también carecen de todo tipo de infraestructura y oferta educativa, recreativa, entre otros). Ellos son los más proclives a quedarse en estas zonas, cuyo carácter transitorio parece desvanecerse poco a poco mientras el grupo le apuesta a que algunos se queden y se conviertan estos en enclaves de desarrollo rural y de conexión con el nivel central, es decir el CNR, a través de los CTR (un modelo parecido al implementado en los 90).

Los jóvenes están buscando trabajo como jornaleros en veredas y fincas aledañas a las zonas y cada vez expanden más su radio de acción, cada vez se demoran más en volver. Están yendo a buscar un sustento, lo cual está bien, pero a su vez no están formándose, varios de ellos aún no saben leer o escribir, y pasarán los 24 meses y probablemente ese panorama cambie poco y más cuando no es algo obligatorio. Es curioso ver algunos de ellos que ocupan parte de su día en buscar señal de celular en la zona para poder usar whatsapp, mandar mensajes, meterse a Facebook, es ponerse al día con su generación.

 

  1. ¿Qué pasado con los mandos en el territorio?

Hay algo claro y es que a medida que pasa el tiempo se empieza a sentir más la brecha entre los mandos nacionales o de nivel central, mucho más enfocados en temas como el CNR, el devenir del partido político y la puesta en funcionamiento de ECOMUN, y por otro lado los mandos medios que están siendo responsables de los ETCR, preocupados por el día a día, por los incumplimientos del gobierno, por la creciente incertidumbre que ronda a los excombatientes.

Cada vez más la antigua tropa espera de ellos soluciones y no promesas (replicando viejos roles en las jerarquías cuando eran grupo armado en donde el grupo les resolvía sus necesidades básicas). En el fondo, varios de los que se quedan, siguen esperando que el grupo los resuelva, les provea. Y es que, en estas fases, para la antigua guerrillerada, el mando medio cada vez tiene menos autoridad, y se está pasando de un orden milimétrico (que en algunas zonas con mandos militares fuertes se mantiene) a una creciente anarquía de mando, que obliga a pensar la necesidad de nuevos liderazgos en los territorios en donde se quede FARC, las cualidades de liderazgo en la guerra no son necesariamente las que harán el tránsito a la paz.  

Los mandos medios entonces quedan en la peor parte porque, son responsables ante sus hombres y mujeres en la zona, pero pierden peso y relevancia en las estructuras nacionales y los principales focos de toma de decisión. Algunos han optado por no tener que lidiar con esto y han vuelto a la ilegalidad, aprovechando sus contactos, autoridad y en algunos casos, acceso a recursos. La gran pregunta es…¿cómo empoderar a los que quedan para que sean una garantía del paso a la legalidad de sus tropas y no un constante temor de que terminen en redes criminales o disidentes?

 

  1. De nada sirve un programa exitoso si los beneficiarios están muertos

En estos 9 meses tras la llegada de las FARC a las zonas, han muerto 33 excombatientes. Es cierto que en porcentaje no es un número tan alto como podrían pronosticar los estadistas más apocalípticos, pero deja una alerta clara. Una alerta que adquiere ecos de las persecuciones que sufrieron en los 90 algunos militantes de la ADM-19, la persecución que sufrieron los desmovilizados del EPL a manos de otros grupos y de su misma disidencia, entre otros ecos. Pero no tan lejos, de la gente que salió en los últimos 14 años del proceso de reintegración, casi el 10% hoy está muerta.

No creo que sea necesario que tengamos que llegar a 700 o 1000 muertos para tomar medidas en temas de seguridad. Que sin duda no son solo a cargo de los chalecos y escoltas de la UNP y los miembros de FARC que cumplirán ese rol, sino también comenzar a trabajar temas de autocuidado, y demás herramientas que se han venido perfeccionando a lo largo de la experiencia de reintegrar excombatientes.

 

  1. A manera de conclusión preliminar y balance

Para ser un programa que ya estaba en curso, con personal contratado y activo en trabajo con excombatientes, la tal respuesta rápida no ha sido tan rápida y no es muy factible que en este sector se logren las tan anheladas victorias tempranas. Es necesario destrabar el proceso del letargo al que está sometido ante instancias del CNR y los otros actores encargados de proveer oferta.

Es fundamental comenzar a trabajar y acompañar a los mandos medios que están en la legalidad, para evitar nuevos Rodrigos Cadetes y afines.

Los 14 años de experiencia en el tema deben servir para algo. Innovar en un proceso que distaba de ser perfecto es necesario, sí…pero ¿implica eso jugar a reinventar la rueda?