¿Marchar por la Reconciliación o el Rencor?

Las marchas son un reflejo de la salud mental de un país. ¿Marchará Colombia por la reconciliación o el rencor?

Andrei Gómez Suárez
Andrei Gómez Suárez
Análista Político
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30 de Marzo de 2017

Hace un año, en abril de 2016, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia hicieron un paro en el norte del país al mismo tiempo que invitaban a la marcha "NO + Santos", que había nacido en las huestes del Centro Democrático, pero que según Fernando Londoño no le pertenecía a nadie.

De esa marcha salió la idea de montar la campaña #ResistenciaCivil para recoger más de 1 millón de firmas, que se entregaron junto con la demanda del Acto Legislativo para la Paz, el 30 de agosto de 2016, en un acto público en la Plaza de Bolívar. En ese momento, los cálculos del Centro Democrático eran que perderían el Plebiscito por la Paz; por tanto, era necesario tumbar el Acto Legislativo que le daba vida a la implementación del Acuerdo de Paz de La Habana a través de la refrendación popular.

Todo eso lo cuento en mi libro (Editorial Ícono 2016) y lo repito aquí porque Colombia no sólo sufre de mala memoria, sino que además como bien lo señala Julián de Zubiría, "un país donde tres de cada mil personas saben leer de manera crítica no se mueve con ideas y argumentos, sino con emociones primarias."

Cuatro emociones primarias quedaron instaladas en el Marco de Referencia Emocional a través del cual un sector de la sociedad interpreta hoy la realidad: rabia, indignación, miedo y decepción. En ese sector, hay personas, que sin profesar a ciegas la ideología del Centro Democrático, quieren expresar su frustración con las contradicciones del momento transicional actual saliendo a marchar.

Quizá sin pensarlo, estas personas estarán cruzando un umbral que han calculado muy bien los convocantes a la marcha. A través de ésta buscan activar el "espíritu de cuerpo" que mantendrá unida una amalgama de actores, oportunistas y no, en la campaña presidencial del 2018. La sensación de pertenecer a ese meta-grupo, que se toma las calles con la convicción de compartir una autoridad moral superior frente a quienes no marchan, será la fórmula para mantener la unión sin que medie el pensamiento crítico. 

Los convocantes no se están inventando algo nuevo, están reciclando la fórmula que les permitió triunfar en el plebiscito. Ojalá, los jóvenes que apoyaron a los comités del NO y que participaron en la marcha del silencio el 5 de octubre de 2016, donde por miles gritaban ¡Acuerdo Ya! para evitar que se rompiera el Cese Al Fuego Bilateral con las FARC, recuerden la grandeza que se siente al poner a Colombia por encima de su rabia, su miedo, su decepción y su indignación, antes de salir a marchar.

Los invito desde ya a organizar otra marcha, esta vez en septiembre, una gran marcha por la reconciliación y el perdón, para que salgan a las calles de Colombia los partidos (entre ellos el Centro Democrático y el creado por las FARC), el gobierno, las iglesias, los sindicatos, los empresarios, las mujeres, los indígenas, los afros, los jóvenes y muchos más. Una marcha que nos permita recuperar lo mejor de la identidad colombiana -la solidaridad y la generosidad- para proyectarnos a futuro.

En una democracia se puede organizar marchas para apoyar cualquier causa, al fin de cuentas las marchas de las minorías muestran que sus voces no son silenciadas y las marchas de las mayorías son un reflejo de la salud mental de un país. Tendremos que esperar hasta septiembre para saber si la sociedad colombiana está recogiendo las banderas de la reconciliación. Sin embargo, el 1 de abril sabremos el tamaño del sector de los colombianos en los que predomina el rencor, o al menos eso dice su invitación: ¡emberrácate Colombia! 

 

 

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