Los Pdet que lanza Santos hoy en Caquetá

Colombia tiene dos países: uno rural y otro urbano. El urbano concentra todo el poder y lo dirigen las elites cómodamente. Mientras que el rural, sin poder y sin representación seria, naufraga en la pobreza extrema.

Alirio Calderón Perdomo
Alirio Calderón Perdomo
Abogado
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18 de Julio de 2017

Los planes de Desarrollo con Enfoque Territorial  (Pdet), que hoy serán oficializados en el Municipio de Morelia Caquetá, son el primer eslabón de la implementación del acuerdo de paz.

Los Pdet, quedaron dentro del punto uno del acuerdo final, y son una postura clara de la visión de transformación que las Farc han defendido por décadas en los territorios de su influencia y sobre la que montara su accionar político de futuro.

Pues a su  amparo fundaron la Cooperativa Ecomun, para aglutinar su militancia a la vida productiva y legal del país y que dado a la morigeración y ausencia dialéctica de los partidos tradicionales y sus organizaciones afines, terminaran cooptando toda la población campesina.

Este es solo el comienzo, porque los Pdet, son el insumo principal de Los Patr (Planes de Acción para la Transformación Regional), que se articulara al Plan Nacional de Desarrollo y estos apalancaran la nueva Reforma Rural Integral (RRI).

Esta visión de transformación y planificación es novedosa y propia de las democracias modernas y organizadas, algo que no ha entendido las estructuras vetustas de gran parte del liderazgo colombiano, que tienen la visión planificadora solo como estrategia de los negocios e inversiones futuras, en las que no cuenta las aspiraciones e intereses de la población en general.

Esa visión ha llevado a que Colombia no sea hoy un país unitario y monolítico,  sino dos países disimiles y opuestos, que no se consultan ni complementan y peor aún, con posiciones socioeconómicas y de desarrollo diametralmente distintas.

Colombia tiene dos países: uno rural y otro urbano, en ambos confluyen problemas comunes,  más no sus soluciones, porque el urbano  concentra todo el poder y lo dirigen las elites cómodamente, quienes legislan y gobiernan para ellos y para quienes allí viven; mientras que el rural, sin poder y sin representación seria, naufraga en la pobreza extrema, analfabetismo, subdesarrollo y el olvido.

El país rural sin embargo, es hoy la gran apuesta de las grandes democracias europeas, quienes han fincado su desarrollo en  ciencia y tecnología de los procesos productivos del campo; mientras que en nuestro país los gobiernos tienen al campo, solo como retaguardia de sus propias inversiones urbanas y de insumo primario de sus plantas transformadoras.

Los Pdet, instrumento defendido por la guerrilla de las Farc y condensado en el acuerdo final; no son malos; como tampoco lo fue en su momento la elección popular de alcaldes y gobernadores, ni la participación de las mujeres en armas, contrario sensu; son una apuesta inteligente e innovadora, que puede incubar un giro trascendental del Estado y sus políticas públicas.

 Lo difícil es que para los Pdet solo fueron identificados 170 municipios, dentro de los cuales  del sur solo quedaron 1 del Huila, 9 en Putumayo y los 16 del Caquetá, con una gravísima e injusta interpretación de sus variables, al excluir la población urbana de las capitales del Caquetá y Putumayo.

La escogencia de los municipios fue hecha atendiendo los criterios señalados en el acuerdo final: Niveles de pobreza (Pobreza extrema y necesidades básicas insatisfechas), el grado de afectación derivado del conflicto, la debilidad de la institucionalidad administrativa y capacidad de gestión, la presencia de cultivos de uso ilícito y de otras economías ilegítimas.

Sin embargo,  a pesar de cumplir  a cabalidad con estos criterios, de forma injusta e incluso ilegal, se excluye la población urbana de Florencia  y  Mocoa,  que afectará varios programas de los Pdet y de Colombia Renace del Posconflicto ya concebidos.

Por lo tanto, hará confusa su implementación en esta región y afectara a otras Instituciones como la Universidad de la Amazonia, las  Diócesis y las ONG de la Región que desarrollan meritorios labores en prevención de drogadicción, atención a víctimas del conflicto, programas educativos, apoyo del adulto mayor, entre otros tantos; pero sobre todo porque agiganta más aun la brecha de los dos países coexistente en nuestra patria.