Los caminos de la paz

Si bien bajo un conocimiento racional no hay una fórmula para la paz, es posible señalar algunos elementos básicos del camino que debemos recorrer para alcanzarla. Uno de ellos es la legalidad y el otro la legitimidad. Ojalá todos los actores tuvieran la valentía de enfrentar sus ideas en dichos caminos.

Juan Ospina
Juan Ospina
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13 de Agosto de 2017

La frase “No hay camino para la paz, la paz es el camino” recoge varias de las respuestas morales de Mahatma Gandhi sobre la construcción de escenarios de convivencia y búsqueda de mejores condiciones para la vida en sociedad.

Adicionalmente, es un reconocimiento de la ignorancia sobre la fórmula para alcanzar la paz, pues no conduce a absolver inquietudes sobre las condiciones que deben cumplirse o las características de las acciones a realizar en su búsqueda. No obstante, la terminación del conflicto armado con las Farc ha dejado claras evidencias de los mínimos que deben ser observados para transitar por el camino de la paz.

El primer elemento es la legalidad, bajo el cual los grupos armados deberán mutar de tal forma de que terminen las actuaciones que transitaban afuera de los límites legales e inicien, a partir del reconocimiento del Estado de derecho, a desarrollar actividades que no estén prohibidas para lo cual podrán acudir al ejercicio de la política, de la oposición, a la exigibilidad de los derechos, entre otras acciones.

Ejemplo de esto, es la conformación de un partido político por parte de los exintegrantes de las Farc y las acciones judiciales que han sido interpuestas por estos con ocasión de las decisiones judiciales sobre los beneficios penales que fueron concedidos en el Acuerdo Final, así como también aquellas acciones que han planteado en el debate público ante impedimentos o nulidades de decisiones, incluso de la Corte Constitucional.

SI bien transitar por el camino de la legalidad es una condición necesaria en la búsqueda de la paz, esta no es solo exigible para quienes se encontraban en la ilegalidad, sino también a quienes encontrándose en la legalidad, o en su apariencia, se oponen a las condiciones concedidas para que los grupos armados transiten hacia la misma. Uno de los contrastes de la terminación del conflicto es la relación entre búsqueda de legalidad de las actuaciones de quienes se encontraban por fuera de la misma, y los ataques que se hacen de este proceso acudiendo incluso a la injuria o la calumnia, es decir, contrariando la ley.

El segundo elemento es la legitimidad, siendo complejo en un escenario polarizado donde los límites sobre el uso de lo que es cierto, exagerado, engañoso, falso o imposible de verificar, como hace La Silla Vacía sobre las cadenas de whatsapp, se deteriora cada vez más y, además, se hace uso de la posverdad planteando asuntos que no se basan en elementos objetivos ni buscan la verdad sino que apelan a las emociones, creencias o deseos del público al que se dirige, de forma tal que no se pretende el fortalecimiento de una sociedad ilustrada o del debate público, sino la formación de una sociedad reactiva que no verifica los hechos ni se preocupa por analizarlos.

En el escenario político, acudir a la posverdad se ha convertido en una forma de ganar adeptos y polarizar en asuntos complejos que superan la posición maniqueísta sobre lo bueno o malo. Dicha situación es vergonzosa, más aún cuando es utilizada por funcionarios públicos que manejan intereses políticos y, en todo caso, debería ser objeto de rechazo.

Así las cosas, estamos en una época en la que no se confrontan las ideas, no se debaten verdades, no se controvierten hechos y no se delibera sobre situaciones objetivas, sino que se rompen las garantías del sistema democrático dirigiendo los asuntos a la simple resolución de las mayorías, con consecuencias evidentes para las minorías ignoradas o desconocidas.

En esa medida, otro contraste de la terminación del conflicto armado es que si bien hay quienes realizan un tránsito por el camino de la legitimidad realizando huelgas de hambre, manifestaciones u otras actividades de resistencia civil para oponerse desde sus pensamientos a aquellas situaciones que le parecen injustas, sin tomar las armas para cambiar el régimen constitucional, hay quienes que para oponerse a esta nueva faceta de la confrontación -no armada- utilizan el engaño, la mentira o la posverdad para hacerse con los réditos de oponerse a este proceso.

Ojalá todos los actores públicos, sea que hayan estado siempre en la legalidad, en la aparente legalidad o en la ilegalidad, transitaran por la legalidad y la legitimidad mientras controvierten otras posiciones, pues esto permite la consolidación de principios democráticos, como la convivencia pacífica, que derivarían en mejores debates y decisiones para el beneficio del país.