La nueva criminalidad en las zonas de conflicto

En Departamentos como Caquetá, Putumayo, Meta, Guaviare y Nariño, se incrementó alarmantemente los homicidios, atracos, hurtos y abigeo, respecto al año inmediatamente anterior. Las autoridades están desconcertadas.

Alirio Calderón Perdomo
Alirio Calderón Perdomo
Abogado
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16 de Marzo de 2017

En el Suroriente Colombiano se vive una nueva y selectiva criminalidad que tiene su origen en el proceso de paz firmado en el teatro Colón de Bogotá.

Revisando la criminalidad en esta región de Colombia, que es entre otras, la que soporta la mayor concentración de guerrilla, se observa disparada una nueva modalidad delictual en estas zonas, que se pensaban superadas luego de la firma de los acuerdos de paz.

Revisado el Sistema de Información Estadístico Delincuencial, Contravencional y Operativo (SIEDCO), que lleva la Policía Nacional sobre los análisis criminológicos y reportes estadísticos que sirven de insumo para interpretar los cambios del crimen en los ámbitos temporal y territorial del País, se encuentra una variación en la nueva criminalidad de las zonas de conflicto en Colombia.                      

Y esa variación en lo que va del año 2017, muestra un preocupante incremento de algunos delitos que pueden poner en grave riesgo la tranquilidad que habían alcanzado las comunidades de esta otra Colombia y vulnerar de manera directa la legitimidad y confianza que requieren los acuerdos de paz, firmados entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de las Farc.

En Departamentos como Caquetá, Putumayo, Meta, Guaviare y Nariño, se incrementó alarmantemente los homicidios, atracos, hurtos y abigeo, respecto al año inmediatamente anterior, que tienen a estas comunidades, como a las propias autoridades Locales y Regionales, en total y absoluto desconcierto.

Los asesinatos selectivos, según fuentes oficiales, como las extraoficiales que están casi siempre mejor informadas, de lo que pasa en sus Regiones; no dudan en señalar a las propias Farc y bandas criminales, como las responsables de gran parte de estos; como los ocurridos recientemente en Putumayo, donde fueron asesinados en tan solo 24 horas 8 personas; lo mismo viene ocurriendo en Guaviare, Meta, Nariño y Caquetá, que en lo que va de 2017, ya se registran 28 asesinatos selectivos, lo que evidencia un aumento  de más del 100%, frente a los homicidios presentados en el mismo periodo del año 2016.

El incremento impune de estos delitos,  está generando un ambiente de zozobra desbordado en estas Regiones, al punto que en algunos sectores está haciendo imposible la convivencia y esa desesperación, va a llevar a esta Región epicentro del conflicto armado y epicentro ahora del posconflicto, a ser presa fácil de bandas criminales y tierra fértil para la disidencia de la Farc, quienes por la desidia estatal y la falta de políticas concertadas en las Regiones, serán prontamente  la base de empoderamiento de esta nueva violencia y bastiones inermes, de los mezquinos y oscuros intereses de estas nuevas organizaciones criminales.

Con un nuevo carburante y es que en estas regiones sus moradores vienen siendo objeto de una inteligente y persuasiva campaña aleccionadora por parte de la guerrilla de las Farc, a través de sus delegados o de organizaciones sociales, abiertamente afines a sus propósitos electoreros, generando sesgadamente una postura distinta a la concebida realmente en los acuerdos firmados y contribuyendo a profundizar el clima de desconfianza y deslegitimación Institucional, que  los propios acuerdos connotan fortalecer y respetar.

Se requiere un timonazo urgente del Estado, para que el caos de las políticas y estrategias del posconflicto, puedan encontrar una ruta y un marco para su consolidación y concreción y poder así apaciguar el clima de desconfianza que se está apoderando de estas Regiones, desconociendo las inmensas bondades que esta colosal propuesta de desarrollo integral de posconflicto, comporta y tiene previsto para el suroriente colombiano, como legado referente de la transformación que debe dejar la anhelada paz.

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