La muy política visita del Papa

“Monseñor Pedro Mercado pide al gobierno que no politice visita del Papa.  Imposible, monseñor. Ellos politizan hasta un concurso para kínder” –[email protected] 10:02 - 22 ago. 2017- (¿factótum de Francisco Santos?... ¿católica preocupada?).

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
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23 de Agosto de 2017

La inminente visita del Papa Francisco a Colombia ha despertado preocupación o esperanzas, según sea la vertiente política colombiana y sus correspondientes prosélitos. Esto ocurre, no obstante los esfuerzos de más de un prelado para evitar que se fracture el rebaño católico. Entre estos llamados a evitar la politización se recuerda no solo a Monseñor Mercado si no a  Monseñor Castro Quiroga. Pero, en realidad, aquí y en todas partes, ahora y siempre, la incidencia política del Papa es inevitable.

El tema de cristianismo y política es de muy vieja data. Hace mil setecientos años los seguidores de Cristo ayudaron a cambiar la historia política de Roma, con la asunción del emperador Constantino. Y esa influencia cristiana ha sido a veces altruista y otras infame, pero ha sido claramente influyente. Hace más de quinientos años, por ejemplo, el Papa Alejandro VI (Rodrigo Borja)‘legitimó’ políticamente la conquista de América por las monarquías europeas. Lo hizo al promulgar la ‘ ’, por la cual legalizó la pertenencia de todas las tierras "halladas y por hallar" entre España y Portugal.

Y también sigue influyendo en nuestra generación. Hace treinta y ocho años, una visita del Papa Juan Pablo II a Polonia significó el principio del fin del comunismo soviético. Y en los tiempos que corren, la reciente visita de Francisco a Cuba, tuvo efectos políticos. ¿Por qué podríamos pretender, entonces, que esta visita a nuestro país se vaya a desligar de la política?

Estos son los hechos históricos. Sin embargo, no estoy de acuerdo con que nadie hiciera proselitismo político con la visita del Papa, y menos si fuera ‘el Gobierno’. Cualquier asesor de imagen, basado en simples principios estéticos, prevendría a los políticos de la vulgaridad de hacer propaganda proselitista con el viaje pontificio. Y es que, aunque no queramos, en la política se acata más veces la estética que la ética.

De otra parte, no creo que los verdaderos católicos necesiten que se les recuerde que el Pontífice coincide o no con una visión política. Ciertamente, quienes siguen al Papa ya conocen bien sus principios ideológicos y respetan sus criterios sociales. Pero, tampoco creo que los no creyentes vean con buenos ojos la manipulación religiosa de la política.

Pero, ¿quiénes son los verdaderos católicos? En la religión católica, tienen derecho a considerarse como tales quienes respetan los dogmas y las verdades de fe, además de respetar las doctrinas.

Dogmas, verdades de fe y herejías

Los dogmas son las verdades infalibles e inmutables que constituyen la base de la doctrina católica.​ Los dogmas son definidos solemnemente por el Supremo Magisterio. Dicho Supremo Magisterio está conformado por el Papa o 'el Concilio Ecuménico con el Papa​’.

Siempre, en los dogmas católicos, interviene el Papa. En este sentido, aquellos católicos que ponen en duda al Papa, son tan herejes como Lutero o Calvino. Así de sencillo ocurre con disidentes como José Galat, un hereje en la práctica, quien legalmente, dentro del derecho canónico, puede ser excomulgado. Y es que, nos guste o no, la Iglesia es una estructura piramidal cuya primera piedra fue Pedro, como papa de la institución.

El Papa es infalible siempre que se pronuncia ex cathedra. Para comprender este dogma, conviene tener presente que todo Papa legítimo es ‘sujeto de la infalibilidad papal’, simplemente en su calidad de sucesor de Pedro.“Por eso, el católico está obligado a adherir, aceptar y creer en los dogmas de una manera irrevocable, es decir autorizados por el Papa”. Galat justifica su rebelión, como todo rebelde, en la supuesta ilegitimidad de Francisco, tal como lo hacía Lutero hace 500 años, porque considera cuestionables a los cardenales que lo eligieron. Y Galat, como Lutero, tiene la opción de fundar su propia iglesia, pero no tiene la autoridad, dentro de la propia iglesia católica, de desconocer a Francisco. La Iglesia Católica desautorizó por ello la etiqueta que pone a su canal, como 'católico'.

En el caso de las opiniones ideológicas del Papa, susceptibles de tener impacto político,  en realidad se trata de tesis y verdades de fe. Estas verdades, menos taxativas que los dogmas, son objeto de creencia por todos los católicos, aunque puedan sufrir algún desarrollo doctrinal posterior. Quizás las opiniones políticas del Papa, como aquellas que Juan Pablo II expuso en Polonia en 1979, son en realidad verdades próximas a la fe, es decir que necesitan poco para volverse verdades de fe. ​

Doctrina católica e ideología del Papa

Hablar de ideologías papales es un tema complejo, aunque diferenciador. Uno podría suponer algunas coincidencias ideológicas, por ejemplo, entre Pío IX, que en el siglo XIX excomulgó a un revolucionario como Tomás Cipriano de Mosquera, y Juan Pablo II, quien desestabilizó al comunismo soviético. Pero quizás hallaría mayores contrastes entre ellos con Juan XXIII y el Papa Francisco.

Estos dos últimos papas coinciden en que han luchado por reformar la Iglesia, autorizados desde adentro por la ley canónica, al contrario de los reformistas herejes, en un enfoque humanístico y social. Sin embargo, para no entrar en un tema tan poco explorado, diremos que los cuatro papas mencionados han seguido la misma doctrina religiosa. En dicha doctrina, que aún obliga a todos los católicos, ‘Los Diez Mandamientos’ hacen parte fundamental.

Según se enseña en el ​ los Diez Mandamientos son:

  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
  2. No dirás el nombre de Dios en vano.
  3. Santificarás las fiestas.
  4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
  5. No matarás.
  6. No cometerás actos impuros.
  7. No robarás.
  8. No darás falsos testimonios ni mentiras.
  9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
  10. No codiciarás los bienes ajenos.

Los diez mandamientos de la religión judía y la cristiana son casi los mismos. Esto ocurre por cuanto, acorde a las escrituras, en el Nuevo Testamento, Jesús reconoció su validez. El ‘Maestro’ alentó a sus discípulos a perfeccionarlos, exigiendo una justicia superior a la de ‘los escribas y fariseos’. Tanto los católicos como los cristianos de todas las tendencias, los judíos y otras religiones  respetamos estas normas doctrinales.

Los Diez Mandamientos reflejan, en efecto, unas normas éticas universales. Tan es así que incluso los ciudadanos laicos, a nuestra manera, hemos incorporado dichos fundamentos en nuestros ordenamientos jurídicos. Quizás en algún punto pensemos un poco distinto. En el primer mandamiento, por ejemplo, diferimos al respetar el derecho a creer y adorar a cualquier dios, pero en todo caso respetamos ese derecho. Quizás incluso para otros, quienes más que laicos son ateos, el decálogo judeo-cristiano es aceptable en la ley, solo que Dios, a quien no reconocen, es el Universo mismo, imposible de negar, infinito y eterno. 

En este punto, sin entrar en la arbitrariedad y el cercano ridículo de definir la ideología del Papa Francisco, podemos entender sus posiciones doctrinarias. Y es a la luz de la universalmente respetada doctrina de los Diez Mandamientos que el autodenominado ‘Obispo de Roma’ influye sobre la política colombiana.

De hecho, a fines de 2016, tras el referendo por la paz, el Papa fijó posiciones sobre uno de los más álgidos debates democráticos recientes. La Santa Sede, luego de un encuentro con el presidente Juan Manuel Santos y el expresidente Álvaro Uribe, respaldó el proceso de paz. Francisco pidió en esa ocasión, expresamente, al clero colombiano que se comprometa con este proceso. Una forma de demostrar tal compromiso fue la programación de su visita, esta próxima visita a Colombia.

La posición de Francisco no tiene preferencias ni divergencias ideológicas con la izquierda ni con la derecha. Tampoco es de centro. Es una posición coherente con la doctrina de los Diez Mandamientos y la doctrina cristiana del perdón. Simplemente, como el amor de Dios es infinito y como Jesús ya se sacrificó en la cruz, todos los hombres pueden ser perdonados por Dios en cualquier momento.

Por ello tiene sentido un acuerdo de paz con antiguos delincuentes, mientras se arrepientan de un modo libre y sincero​ y se comprometan a hacer lo posible para perdonar a sus enemigos.​ Igual rige para la guerrilla como para los paramilitares, con sus correspondientes delitos, enemigos y tragedias.

Para entender la posición de Francisco, recordemos que el perdón de los pecados, según la doctrina católica, puede ser concedido por Dios por medio de la Iglesia. Y esta institución nos la ha concedido a todos, por la primera vez, a través del Sacramento del bautismo. Y los católicos podemos ser perdonados setenta veces siete en la vida, a través del Sacramento de la Reconciliación, también conocido como Penitencia o Confesión.​

En cuáles colombianos influirá políticamente más el mensaje papal

Con todos estos argumentos, el Papa no está obligando a nadie a volverse partidario de nadie. Pero los buenos católicos, quienes se mantienen dogmáticamente creyentes en el Papa seguramente acogerán las propuestas del Papa. Ellos tomarán distancia con los contradictores, y a veces proclives, mensajes de las redes sociales, que atentan contra los diez mandamientos, especialmente estos tres:

5. No matarás.

7. No robarás.

8. No darás falsos testimonios ni mentiras.

En realidad, en nuestra cultura política, que en general se proclama mayoritariamente cristiana, es difícil encontrar líderes que no violen estos tres mandamientos. Si al menos estos tres (de diez) sencillos y ancestrales preceptos se hubieran cumplido, no habríamos tenido tales guerras, ni tal corrupción. Ni habría prosperado la violencia política que antecedió a la guerrilla. Y lo hicimos siguiendo a políticos que se autodenominaban cristianos. Quizás deberíamos haber solicitado a la Iglesia que, en casos probados de incuestionable aplicación de justicia, estos políticos hubieran sido excomulgados. Así habrían tenido que hacer su política sin peligrosas máscaras cristianas ni letales anzuelos de manipulación religiosa.  

Sobre el octavo mandamiento, hemos recibido muchas tentaciones en estos tiempos de ‘posverdades’. Muchos, seguramente con intereses políticos que riñen contra la verdad, cuestionan la visita del Papa, dizque por derrochar dineros que se necesitarían en causas sociales. Pues no estoy muy seguro de que ellos hayan sido los aportantes de diezmos o limosnas a la Iglesia, para decir en qué debe gastar su dinero. Ese dinero fue donado en todo el mundo por muchas personas como yo, equivocadas o no, para sostener una institución. La Iglesia católica es, con mucha frecuencia, una institución que practica la beneficencia. ¿Pero, quién dijo que por ello tenía las obligaciones de una institución pública o de beneficencia?

Esta institución, como todas las obras humanas, puede haber cometido errores históricos y tener defectos estructurales. Pero eso no significa que sea teleológicamente despreciable, ni despreciables son sus seguidores. Para sus aportantes los gastos del viaje de Francisco pueden y deben ser aportados por su grey. Pero quienes pueden ser o no aportantes, los comerciantes del país, están en general contentos además porque el viaje papal moverá sus negocios, y por consiguiente generará empleo (). En esta visita el Papa no repartirá pescado, pero permitirá que muchos, creyentes o no, puedan pescar. 

Bienvenido Francisco, aunque no sea yo el mejor católico para recibirlo. Tal vez tenga algo de agnóstico y en todo caso soy partidario de una democracia laica. Pero en mi conciencia social, en mi estructuración intelectual y en mi consanguinidad jesuítica materna -con un tío abuelo mártir jesuita, ordenado en España y asesinado por los japoneses en la Micronesia, en la II Guerra Mundial-, tengo vínculos culturales católicos y jesuitas, que me unen a su pensamiento sobre el mundo. Coincido por ello con tantos católicos ejemplares, quienes admiran su valiente esfuerzo por transformar la Iglesia, por llenarla de compasión por los pobres y esperanza en la vida. 

Encuentro, por ello, Su Santidad, muchos fundamentos para admirar el cumplimiento de su misión vital, en unos años en que nuestras vidas parecen cada vez más cerillas ardiendo en el viento (“like candles in the wind”).