La marcha de la gota fría

Al pensar en la marcha del 1° de abril, viene a mi mente esta estrofa vallenata:
En mis notas soy extenso
a mí nadie me corrige
para tocar con Lorenzo
mañana sábado, día e´ la Virgen... 

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
197 Seguidores166 Siguiendo

0 Debates

47 Columnas

Columna

281

0

29 de Marzo de 2017

Esta reflexión lúdica se originó desde el 22 de febrero pasado, cuando la senadora Paola Holguín, del Centro Democrático, lanzó una convocatoria en Tweeter. 'El 1 de abril de 2017 por Colombia, por la democracia, porque haremos respetar la voluntad popular?' -decía Holguín.

En el mensaje inicial, quedaba implícitamente demostrado entonces el interés del partido mencionado en convocar a los colombianos que votaron NO en el referendo de 2016. Recordemos el hecho de que el uribismo se sintió, indeclinablemente, líder de los colombianos que rechazaron el acuerdo inicial con las Farc. Por ello, esta convocatoria parecía en principio una marcha proselitista de indiscutible autoconfianza en volver a golpear al Gobierno Santos.

Sin embargo, la campa?a de expectativas de las siguientes semanas fue variando en el foco del mensaje. Se pasó de invocar el ?respeto a la voluntad popular? a marchar contra la corrupción, y días después a una especie de memorial de agravios. Entre estos inconformes con el Gobierno se contarían desde luego políticos coyunturalmente unidos en el NO ?refrendatorio?, como Alejandro Ordó?ez, Martha Lucía Ramírez o Pastrana. En síntesis una confederación de derecha contra el Gobierno.

Incluso se llegó a decir que ese día se efectuará el lanzamiento político de uno de los confederados: la candidatura presidencial del exprocurador Alejandro Ordó?ez. Lo cierto es que, ante tantas expectativas difusas, en estos días previos a la cita política el claro mensaje inicial ha perdido nitidez. Diría uno que el propósito se ha vuelto incluso extremadamente confuso.

De hecho, para el común de los colombianos, que poco entienden de sutilezas políticas, la marcha es de los uribistas contra ?los no uribistas?. Y en esta última categoría se incluyen todos los partidos que hacen parte de la amplia coalición de gobierno. El espectro gobiernista va desde la derecha de los conservadores colaboracionistas, atraviesa el centro-santismo, y llega hasta la izquierda de Clara López o Lucho Garzón. Pero recordemos que el tema inicial era una repetición del pulso refrendatorio del SÍ o del No. También son ?no uribistas?, desde esta perspectiva, el grupo de ?indignados? (antes considerado franja de opinión independiente), liderado por Claudia López, Navarro, Fajardo y Robledo. En otras palabras, la marcha del sábado se convierte en marcha del uribismo (centro democrático y sus aliados políticos) contra el resto de los colombianos.  

La marcha del 1° de abril, tal como se ha planteado, es una especie de final anticipada de las clasificatorias presidenciales para 2018.  En este caso se juega la viabilidad política del uribismo, que saldría muy fortalecido si las marchas son suficientemente concurridas. En caso de que la marcha sea al menos decorosa, el Centro Democrático, que lidera ese grupo, clasificaría raspando la tabla. Y, por último, si se hicieran contar con una marcha pobre, difícilmente podría el uribismo presentarse con opción directa de poder para 2018. En ese caso se convertiría, si sale bien librado, en posible apéndice del vargasllerismo u otro semifinalista. Esto definiría también una posible batalla final entre los candidatos del sistema y los indignados.

Parafraseando entonces el popular vallenato de ?la gota fría?, el sábado 1° de abril o me lleva él o me lo llevo yo, para que se acabe la vaina.