La desobediencia católica

"Deben ser muchos los miembros clericales que no duermen bien por estos días, porque sin duda la visita del Santo Padre al País es una clara y meridiana  postura de respaldo a los acuerdos alcanzados con la guerilla de las Farc."  

Alirio Calderón Perdomo
Alirio Calderón Perdomo
Abogado
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04 de Septiembre de 2017

El pontificado de Francisco ha desbordado todas las expectativas y ha sido de una valía inconmensurable para la humanidad.

Su sentido de espiritualidad y de ejemplo cotidiano del deber ser de un buen cristiano le dio un giro radical a la timorata espiritualidad de la Iglesia católica y de contera a todas las iglesias cristianas.

Pero no solo ha sido contundente en la religiosidad. También lo ha sido frente al  comportamiento de los miembros de la Iglesia. Él los sacó del confort y del negocio de la religión, para instarlos a ser verdaderos servidores de Cristo y a despojarse de los privilegios. A cundir con el ejemplo el verdadero significado de un hombre portador de Jesús en su corazón. Eso le ha costado el rechazo con fiereza de la aristocracia católica.

En ese trasegar de dificultades, la Iglesia en Colombia también tiene su parte. En Colombia se han desobedecido de manera directa y pública muchas de las directrices de su líder espiritual y ha producido conatos y agrestes encontrones entre sus más representativos prelados.

Esto se ha dado en temas diversos, pero sobre todo en el más importante legado espiritual que consagra las escrituras: el perdón y la paz de la humanidad.  Un mensaje que el grueso de la prelatura católica, agazapados  en el mentiroso sofisma de la ideología de género, se opusieron ferozmente con marcada desobediencia.

Para engañar tomaron como base el CEDAW  (Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer) y la página 180 del primer texto del Acuerdo alcanzado en La Habana y con ello contribuyeron a confundir los votantes del plebiscito.

La consecuencia fue crucificar la verdad, el perdón y el anhelo de paz del pueblo colombiano y desobedecer los postulados más preeminentes del Papa Francisco.

Esa Iglesia que desconoció sin reato alguno las posturas pacifistas de Jesús, es la que se prepara hoy pomposamente a recibir a su máximo representante, sin  excusarse ante el pueblo colombiano, sin arrepentimiento por haber ayudado, con excelsas excepciones, a conformar el deleznable complot que fue urdido entre algunos partidos políticos, la Iglesia Católica y varias iglesias protestantes.

La engañosa predica contra los acuerdos, apalancados por la furia instigadora de la falsaria ideología de género, fue cínica y develada  por quienes la fraguaron.

Las consecuencias de tan nefasta postura mantienen divido y lleno de encono al pueblo colombiano y esa Iglesia con las conocidas y valientes excepciones de algunos prelados, sigue sin reparar el daño que ayudaron a fraguar.

El Papa Francisco, no en vano, escogió la semana por la paz para visitar a Colombia y será él quien terminará asumiendo sin tener culpa en ello, con su reconocida sensatez, la vergüenza de su Iglesia por su reprochable actuar.

Deben ser muchos los miembros clericales que no duermen bien por estos días, porque sin duda la visita del Santo Padre al País es una clara y meridiana  postura de respaldo a los acuerdos alcanzados con la guerilla de las Farc.