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¿La crisis del proceso de paz?

Esta reflexión sobre la "crisis del proceso de paz" sugiere que la crisis de la opinión pública en Colombia desdibuja el buen ritmo de la negociación y los avances en La Habana.

Andrei Gómez Suárez
Andrei Gómez Suárez
Analista Político
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21 de Junio de 2015

Hace un año la campaña contra el proceso de paz se resumía en una frase: paz sin impunidad. Frente a este slogan del Centro Democrático salían analistas y políticos, que creían en el proceso, a apoyar al Presidente Juan Manuel Santos. La campaña contra el proceso de paz hoy ha cambiado. Le quedan pocos defensores, muchos de los que salieron a defender el proceso ayer, en días recientes han empezado a culpar a las FARC y al gobierno por su hipocresía. Por eso se ha vuelto pan de cada día escuchar hoy que el proceso enfrenta su peor crisis.

Con la idea que el proceso está a punto de colapsar, políticos de todos los colores han salido en su defensa. El expresidente Álvaro Uribe y la senadora Claudia López se han encontrado “defendiendo” el proceso desde esquinas opuestas. El expresidente le sugiere al gobierno acordar con la guerrilla una zona de concentración con verificación internacional, la senadora propone “la séptima papeleta” para que en octubre próximo los colombianos salgan a decretar el 9 de abril de 2016 como la fecha límite para firmar la paz. Ambas propuestas se presentan como actos de apoyo al proceso de paz, sin embargo no contribuyen a una negociación que se ha construido con paciencia entre las partes porque la concentración sólo es viable una vez se firme el acuerdo y establecer por decreto una fecha para firmarlo es contraproducente para acordar el objetivo último que se persigue: la no-repetición de los espirales de violencia entre las FARC y el gobierno.

Ya que los equipos negociadores han avanzado como nunca antes vale la pena cuestionar la frase de moda según la cual el proceso de paz enfrenta su peor crisis ¿Es acertado decirlo cuando las rondas de negociación no se han suspendido en lo que va corrido del año? ¿Es posible sugerirlo cuando las partes han alcanzado un acuerdo para trabajar conjuntamente en un plan de largo plazo de desminado? ¿Es serio pensarlo cuando las partes decidieron extender la ronda treinta y siete logrando un acuerdo sobre una futura Comisión de la Verdad?

Es entendible que los opositores al proceso de paz afirmen que no ha habido avances en el último año de negociación, pero que personalidades serias que han apoyado el proceso lo hagan muestra la capacidad de influencia que tiene la propaganda en contra del proceso de paz. La , es un ejemplo del amarillismo que permea a los medios masivos de comunicación. Apoyar el proceso de paz cuando el des-escalamiento del conflicto (no acordado bilateralmente por las partes) está produciendo buenos resultados es fácil –así como apoyar a la Selección Colombia cuando va ganando; lo difícil es que los medios sean sensatos y equilibrados cuando la negociación se da en medio del conflicto armado.

La actitud de la mayoría de los colombianos (fervientes lectores muchos de Revista Semana) con los que he hablado demuestra que la crisis no está en La Habana. La idea de crisis es producto del inmediatismo con que se enfrenta la realidad en Colombia desde los medios de comunicación. La crisis está relacionada con las falsas expectativas que la relección del Presidente Santos y el cese unilateral ofrecido por las FARC produjeron. Que Santos genere falsas expectativas en medio de una elección presidencial no sorprende, lo que sorprende es ver como analistas serios subvaloran la dinámica de la guerra y terminan mostrando que gracias a Santos y las FARC el proceso de paz va hacia el abismo.

Desde la perspectiva de la resolución de conflictos no es cierto que la negociación esté en crisis. Todo lo contario. La negociación ha producido importantes resultados que tienen un impacto directo en las vidas de los campesinos que viven en zonas de conflicto. Más aún, los acuerdos alcanzados y el ritmo de la negociación han logrado un resultado bastante importante que pocos reconocen: que las partes sigan su cronograma de actividades en medio de la oposición al proceso y la polarización de los colombianos. Esto, contrario a lo que muchos piensan, demuestra que el modelo de negociación no se ha agotado y que es necesario que la comunidad internacional siga apoyando la confidencialidad de la mesa para que el ruido del conflicto armado y de la polarización de la sociedad colombiana no afecte la moral de los equipos negociadores.  

A los que reconocemos los avances de las FARC y el gobierno en la negociación, sin negar que sus actos militares y sus estrategias de guerra afectan a la población civil y el medio ambiente desproporcionadamente en Colombia, nos queda una labor titánica para impedir que la insensatez e impaciencia de muchos destruya el gran esfuerzo que han hecho los equipos negociadores para llegar a un acuerdo que le ponga fin al conflicto armado; para que Colombia pueda así construir una paz que garantice la no repetición y la reparación de las víctimas.