La alegría del fracaso

El fracaso sólo puede producir alegría allí donde nunca nace nada.

Juan Ospina
Juan Ospina
Abogado
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05 de Noviembre de 2017

Hacer la paz no es fácil. Esta frase ha sido repetida durante los últimos años en nuestro país, siendo una expresión razonable de lo complejo que es generar las condiciones para efectuar los cambios estructurales que necesita la sociedad para convivir pacíficamente, así como para evitar que los horrores de la guerra se repitan.

Terminar un conflicto armado no es fácil. Hay una importante evidencia en el mundo sobre la persistencia de los conflictos armados a pesar del dialogo y las oportunidades de acuerdos en asuntos puntuales, pero algunos proponen que para llegar a acuerdos deben estar las partes convencidas de sus puntos en común y no solo de aceptar sus diferencias.

Y a pesar de no ser fácil romper con una tradición de violencia e insensibilidad, quienes apoyamos las salidas negociadas a los conflictos nos hemos dado a la tarea de hablar sin miedo, de darle voz a quienes les fue arrebatada, de generar confianza allí donde solo ha nacido el miedo, de hablar sin odio, de no dejarnos afectar por el resentimiento y de rechazar la venganza, debiendo pasar por medio del análisis y la aceptación de los intereses de las partes en conflicto para dejar la violencia.

Entender las distintas razones, así como los intereses de quienes han cometido tanto daño no es fácil. El odio y el resentimiento razonablemente afectan la posibilidad de escuchar y entender la necesidad de aceptar las diferencias, así como de construir un escenario de convivencia en democracia.

Nadie dijo que iba a ser fácil y nadie debería dudar que estamos listos para vivir este momento. ¿Qué más podríamos esperar que pasara? ¿Más de 8,5 millones de víctimas de desplazamiento forzado, desaparición forzada, homicidio, violencia sexual, entre otros, no es suficiente? ¿Más de 6 décadas de confrontación armada con todo lo que social, política y económicamente significa no es suficiente? ¿Presenciar durante décadas los peores crímenes contra la humanidad por parte de los distintos actores armados no es suficiente?

Ahora, se puede entender que razonablemente existan diferencias sobre las condiciones de la negociación y que, así como ha sido repetido, se hubieran podido generar acuerdos distintos, pero lo cierto es que las condiciones aceptadas por las partes para cesar la horrible noche estén recogidas en un documento que merece discusión, pero no rechazo.

Lo que no se puede entender es la alegría que produce en sectores políticos cada paso en falso, cada error y cada fracaso de este proceso. Algunos se han acostumbrado a celebrar como un gran logro cada retroceso que se genera en la implementación del Acuerdo Final y a ver con alegría cada tema que se logra descomponer. ¿Es razonable tanta alegría frente al fracaso?

Nuestra política se ha acostumbrado a ver en el error del otro la oportunidad para mostrarse con mayor posibilidad de llegar al poder. Alegrarse de los errores de la construcción de la paz es la forma más mezquina de avanzar en asuntos políticos, como si cada esfuerzo por evitar que más colombianos sigan muriendo por culpa de la guerra y por generar reformas necesarias para mejorar las condiciones de la sociedad, como en materia de desigualdad, discriminación y exclusión, fuera un asunto menor. El futuro común como sociedad requiere un ejercicio de la política decente y razonable, que produzca puntos de vista distintos, discusiones sobre las decisiones públicas, ejercicios de oposición y propuestas para avanzar como sociedad soportadas en lo mejor para todos, sin importar las diferencias.

La alegría que produce la violación del cese al fuego por el asesinato de ciudadanos, la salida de excombatientes del proceso de paz, los fracasos de la política de reincorporación o de sustitución de cultivos, entre otros, es incomprensible para una sociedad cansada del fracaso. Igualmente, las contradicciones en los discursos frente a la implementación del Acuerdo, como exigir que primero los responsables de graves crímenes se sometan a la JEP antes de participar en política pero oponerse a la aprobación de la ley que daría funcionamiento a dicha jurisdicción y a tal sometimiento, exigir un mayor tiempo para el análisis de proyectos de ley pero no votarlos, pedir que los terceros acudan voluntariamente a la JEP ¿en qué lugar del mundo la justicia funciona solo frente a la voluntariedad del procesado?; entre otras, no son razonables y se presentan como preocupadas por mejorar el proceso pero en verdad solo buscan su fracaso.

Son muchas las dificultades de la paz y tenemos un gran camino que recorrer para alcanzarla, incluso con diferencias razonables durante décadas, pero el verdadero fracaso sería no haberlo intentado.