Harvey, Irma, José y el diluvio universal

Coincide la visita del Papa Francisco, de tanto interés para la paz, con mensajes sobre el respeto que debemos a la priviligeada naturaleza de nuestro país. Y el respeto a la ecología, nos recuerda nuestro destino común como especie humana. Si nos solidarizamos, aquí y en todo el mundo, resistiremos la amenaza global de demonios desatados por el irrespeto a 'la creación'.

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
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07 de Septiembre de 2017

La visita del Papa Francisco a Colombia no solo diferencia ideológicamente, en el concepto de paz, a tirios de troyanos. Entre los mensajes pontificios también hay temas de interés político que podrían encontrar consensos partidistas, por su importancia global. Uno de ellos es el llamado a preservar nuestra privilegiada riqueza ecológica, desde el Chocó hasta el Amazonas y desde Nariño hasta la Guajira.

Coincidente con el viaje papal, nos amenazan las catástrofes naturales en el mundo, que vencen la arrogancia tecnológica de la especie humana. Parecen mensajes subliminales que tienden a elevar nuestro pensamiento hacia un ser supremo. Esto acaba de pasar en Texas con la tragedia del Huracán Harvey.

Inevitable, entonces, no dejar de recordar una leyenda prehistórica acogida en muchas culturas: el ‘Diluvio Universal’. En este relato, Dios castiga a la humanidad por su mala conducta provocando el anegamiento de toda la tierra. Por decisión divina sólo se salvaron de morir entonces el patriarca Noé y su familia, junto con varias parejas de animales escogidos para tal fin.

Pero, como ya dijimos, independientemente de las tradiciones occidentales, heredadas de las culturas judía y la cristiana, muchísimas civilizaciones coinciden en relatar un ‘diluvio universal’. Quizás el relato más antiguo sea el mencionado en el , una narración sumeria  que constituye la obra épica más antigua conocida.

Muy lejos de los sumerios, la tribu indígena de los Chibcha, que habitaba esta Bogotá pre-cristiana honrada en estos días con la presencia de Francisco, sorprendió a los conquistadores españoles con una historia ancestral semejante.

En este diluvio universal andino el protagonista de la historia era Bochica, quien con su mujer se refugió en la montaña más alta. Al terminar el diluvio, Bochica abrió un agujero en la tierra en ese sitio que los nativos llamaban Tequendama, por el que desaparecieron las aguas.

Pero, si hoy no tememos a Dios, al menos coincidimos en la creciente tendencia cultural, que refuerza el Papa, de respetar su creación. Muy lejos de aquí, pero tan cerca en esta aldea global, si alguien en Texas había olvidado esa historia bíblica, que seguramente sí ocurrió en tiempos ‘prehistóricos’, hace pocos días sufrieron un terrible huracán. Y no fue un huracán cualquiera.

El Huracán Harvey es considerado como el huracán más fuerte y con más daños materiales que haya golpeado a Texas. Las inundaciones dejadas por Harvey han causado daños que Moody's calcula en entre US$51.000 millones y US$75.000 millones. Eso le convertiría en una de las tormentas más costosas de la historia de Estados Unidos.

Y, una vez más, el recuerdo del diluvio universal nos lleva a todos a cuestionarnos sobre nuestra posible responsabilidad en esta tragedia. Pocos lo toman hoy, como entonces, como un castigo de Dios, pero muchos creemos que sí se trata de una respuesta al abuso de la ‘naturaleza’.

Y, dicho sea de paso, el concepto de ‘naturaleza’ es bastante asimilable, para los ateos, al concepto de Dios, como asimilable es la admirable ética universal del discurso papal. Creyentes y ateos unidos, nos preocupamos ahora, por la incidencia de actividades depredadoras de la especie humana en estas tragedias ecológicas. Parecería que la inusitada violencia de los huracanes confirmara la teoría del sobrecalentamiento global.

Sí, para la mayoría de texanos, nunca había caído tanta agua. Pero tampoco habíamos visto ese lado bueno de nuestra sociedad, con tanta compasión y compromiso de ayuda con los damnificados. Y el apoyo del gobierno y la comunidad americana unidos devolvió la fe en que, como Noé y su familia, los humanos podremos sobrevivir si nos solidarizamos.

En las noticias quedaron grabadas historias como la de una tal ‘María Ángela Santos’, quien bajó de un helicóptero militar ayudada por un soldado norteamericano.  Pero también nos conmovió la declaración de un voluntario gringo rescatista, Devon Jacobs, a los medios: "Vine porque soy tejano y los tejanos aquí nos necesitan" (BBC Mundo).

A la hora de escribir esta columna, el sur de los EE.UU. tiembla ante la nueva amenaza de otro huracán: Irma. Y, como salido de esa Caja de Pandora que nos atrevimos a abrir, al violar la naturaleza, detrás de Irma vienen emparejados los temibles José y Katia.  Y nos cae entonces, como si estuviera iluminado, el mensaje de Francisco de respeto ecológico y solidaridad.