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Ganar la Paz

Ganar la paz implica mirar la negociación y a los negociadores con otros ojos. Implica crear un ambiente de confianza, un lenguaje nuevo que inspire a las partes a abandonar la guerra; a reconocer los errores propios y las aciertos del otro.

Andrei Gómez Suárez
Andrei Gómez Suárez
Analista Político
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06 de Julio de 2015

Varios medios de comunicación han publicado la de Juan Gossaín a Humberto de La Calle. El Espectador la publicó con el título “Por bien o por mal, el proceso de paz se está acabando” y El Tiempo “Es posible que un día las FARC no nos encuentren en la mesa.” Estas frases escogidas por los periódicos de circulación nacional más importantes revelan que la presión de la opinión pública ha permeado al equipo negociador del gobierno. Así, se mandan dos mensajes directos a diferentes sectores de la sociedad colombiana. Por un lado, a aquellos que siguen apoyando el proceso de paz pero exigen claridad en los tiempos y celeridad en los acuerdos. Por otro lado, a quienes están exigiendo que el gobierno se levante de la mesa. El gobierno le habla así a sus electores y sus opositores en el contexto actual, en el que según las últimas encuestas, menos del 50% de los encuestados apoyan una salida negociada al conflicto armado.

Sin embargo, la entrevista es muy rica en información sobre lo que está ocurriendo en La Habana. De la Calle habla de la posibilidad de un cese al fuego bilateral verificable antes de la firma del acuerdo final, de un marco jurídico para asegurar que la extradición de exguerrilleros no quede a discreción del presidente de turno, de penas en condiciones de dignidad sin rejas y de la importancia de abrir dignamente las puertas políticas para las FARC. Contrario a la decisión editorial de los periódicos de privilegiar títulos sugestivos en medio de la polarización del debate nacional sobre el proceso de paz, ha publicado una nota que contribuye a que estos mensajes sobre la sustancia de la discusión en La Habana no sean ignorados por sus lectores.

Las palabras de Humberto de la Calle muestran que las grandes diferencias con las FARC se relacionan con temas de procedimiento. La sociedad civil no puede elegir dicho procedimiento, es en la mesa donde las partes tienen que ponerse de acuerdo. La tarea de la sociedad civil debe ser construir un terreno fértil donde dicho acuerdo pueda ser implementado. Tal como termina la carta de la a los negociadores: es hora de ganar la paz.

Ganar la paz implica mirar la negociación y a los negociadores con otros ojos. Implica crear un ambiente de confianza, un lenguaje nuevo que inspire a las partes a abandonar la guerra; a reconocer los errores propios y las aciertos del otro. Los cálculos militares por parte de los comandantes de las FARC y del Ejército que están por fuera de La Habana han sido erróneos, lo cual se observa en el escalamiento del conflicto sin victorias militares estratégicas. Sin embargo, los equipos negociadores han en general acertado en un lenguaje respetuoso y honesto. En comunicaciones recientes, la delegación de paz de las FARC, por ejemplo, insiste en principios como la generosidad, sensatez y grandeza para llevar la negociación a buen término. Éstos hacen mucha falta en Colombia y deberíamos empezar por cultivarlos desde la sociedad civil y dar ejemplo.

El cese al fuego bilateral es el deseo de muchos colombianos, pero entendiendo la dificultad de implementarlo y los riesgos para el proceso de paz quizá deberíamos aceptar y proponer, por el momento, gestos mutuos de des-escalamiento. La generosidad de ofrecerlos, la grandeza de reconocerlos y la sensatez de realizarlos inspirarían a muchos colombianos a seguir ganando la paz mientras las partes llegan a un acuerdo realista y verificable que ponga fin a la confrontación armada entre ellos.