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Fútbol: una puerta de entrada para transformar comunidades.

Para entender cómo el fútbol puede ser una herramienta valiosa para la construcción de paz, comienzo con la Fundación Tiempo de Juego. Un proyecto centrado en empoderar lúdicamente a los niños, jóvenes y sus comunidades, principalmente a través del fútbol. 

Catalina Gil Pinzón
Catalina Gil Pinzón
Consultora Open Society Foundations - Programa Global de Políticas de Drogas.
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06 de Junio de 2018

El fútbol, ese deporte que despierta tanta pasión a lo largo y ancho del mundo, puede llegar a ser una puerta de entrada para empoderar y desarrollar comunidades. Tanto en Colombia como en varios países son incontables las organizaciones que están usando este deporte como una herramienta que promueve la paz, la reconciliación y las transformaciones positivas individuales y grupales.

Para entender mejor el potencial que tiene el fútbol decidí conocer un poco más sobre dos organizaciones en Colombia y una red nacional que reúne a varias organizaciones que lo utilizan como herramienta para la paz y reconciliación. 

Comienzo con , una organización que he tenido la oportunidad de conocer y reconocer en varias ocasiones. Esta vez, conversé con Esteban Reyes, Director General de la Fundación, y con Candelaria Lucero, coordinadora de Alianzas y Proyectos. La idea de esta conversación era conocer más sobre el fútbol: ¿por qué lo usan? ¿cómo lo usan? ¿por qué con niños y jóvenes? ¿lo complementan con otro tipo de actividades?

Un primer paso para poder comenzar a identificar similitudes y diferencias entre las distintas herramientas artísticas y deportivas y el rol que pueden jugar en la construcción de paz, la reconciliación o el posconflicto. 

La Fundación, formalmente creada en el 2008, inicia años atrás por la afición al fútbol de una persona: Andrés Wiesner, actual presidente de Tiempo de Juego. Mientras Wiesner realizaba una investigación de periodismo en Altos de Cazucá, una de las comunas del casco urbano del municipio de Soacha, comenzó a llevar un balón y a jugar fútbol con algunos niños y jóvenes del sector.

Al ver el entusiasmo de ellos e intuyendo que podría llegar a hacer algo más, decidió ir los sábados con cierta frecuencia. Poco a poco, crean una pequeña escuela de fútbol donde algunos niños y jóvenes (hombres y mujeres) tenían tareas asignadas de voluntarios o coordinadores.  Después de varios fines de semana llega el momento cumbre, tal y como lo llama Esteban: un sábado que Andrés no pudo ir, la escuela siguió.

Los niños y jóvenes llegaron a jugar fútbol así su profe no estuviera. Y ahí es donde radica la esencia de Tiempo de Juego, continúa Esteban, en trabajar con la comunidad y empoderarla de las diferentes actividades. Así, uno de los de primeros rasgos a resaltar de esta Fundación tiene que ver con que nace como un proyecto de iniciativa comunitaria. 

Actualmente la Fundación tiene presencia en Soacha, Timbiquí, y Santa Marta, siempre en comunidades con alto nivel de vulnerabilidad donde los niños y jóvenes se ven afectados de manera particular por tener que convivir, de manera prematura y temprana, con la violencia, la pobreza y la exclusión como una realidad.

Debido a esta situación, esta población se enfrenta a ciertos riesgos y dilemas (vinculación a un grupo armado ilegal, a mercados ilícitos de drogas, homicidios, embarazo adolescente, violencia intrafamiliar) que pueden arriesgar su integridad física y emocional.

Por ello, el objetivo principal de la Fundación es el de desarrollar y fortalecer habilidades para la vida, a través de actividades deportivas, culturales y recreativas, para que estos niños y jóvenes cuenten con competencias, herramientas y apoyos para afrontar estos riesgos y dilemas y así puedan  promover espacios de transformación hacia la paz y la convivencia en sus comunidades. 

Lo anterior es algo que también quisiera resaltar: su objetivo es claro, concreto y medible. No apelan a objetivos amplios como cambiar el mundo a través del fútbol o promover la reconciliación en el país, ni a objetivos moralistas como “educar mejores personas”. Tiempo de Juego cuenta con su propia metodología, basada en la metodología de , donde el fútbol y el juego son solo una excusa para poder desarrollar y fortalecer en los niños y jóvenes habilidades como la empatía, toma de decisiones, autoconocimiento, comunicación asertiva, relaciones interpersonales o manejo de emociones.

Esto es muy importante porque teniendo en cuenta el contexto donde esta población nace y crece, al final su intención es cambiar comportamientos e imaginarios relacionados con la violencia: que estos niños y jóvenes aprendan a manejar sus emociones de una forma no violenta, que no se sientan excluidos de la comunidad ni estigmatizados por el hecho de ser jóvenes, que sientan motivación y pasión por los proyectos, que confíen en ellos mismos, que respeten a sus contrincantes, que se sientan en espacios seguros para compartir sus necesidades, que asuman la igualdad de género como un valor propio. Al final, desarrollan y fortalecen habilidades que les sirven dentro y fuera de la cancha. 

Pero ¿cómo el fútbol les permite lograr todo esto? Candelaria me confiesa que al principio ella era muy escéptica sobre todo lo que se podía lograr por medio del fútbol, especialmente porque de donde viene ella (Argentina) el fútbol significa, esencialmente, violencia. Nunca le pareció estratégico. Pero su tiempo en la Fundación ha logrado convencerla de lo contrario: de las ventajas que tiene el fútbol.  

Lo primero es que, al parecer, no hay otra herramienta que tenga tanto poder de convocatoria. Y no solo en Colombia. “Es un lenguaje universal”, me dice Esteban.  Por ejemplo, existe una red internacional que se llama  de la cual hacen parte organizaciones de Asia, África, Europa, América del Norte y Sur América y hay algo que las une a todas: el fútbol. Esa herramienta que les permite convocar multitudes de niños y jóvenes para desarrollar trabajo social. 

El segundo factor es la costo eficiencia. Solo se necesita un espacio, cualquier material para hacer un balón (caucho, trapo, basura) y delimitar la chancha (por medio de unas piedras, rayas pintadas, o las piernas de los propios jugadores). Tercero, se aprende jugando. De forma didáctica. Cuando ellos intentan incluir un nuevo tema o trabajar las habilidades, los pelados ya están involucrados, enganchados.

Como me comenta Esteban, a veces pasa que los programas se hacen desde una perspectiva muy adulta y con un enfoque muy académico. En cambio el fútbol les permite a los niños y jóvenes expresarse a través de lo que les gusta hacer, en espacios donde se sienten tranquilos y contentos. Es un canal más eficiente para trabajar con esta población.

Una ventaja adicional, que tanto Esteban como Candelaria mencionan a menudo, es que independientemente de cómo se lleve a cabo, el fútbol tiene la capacidad de unir a los opuestos. “Es de los mejores escenarios que existe para unir antagonistas”.

Por ejemplo, por medio de algunos procesos la Fundación ha roto algunas barreras invisibles juntando jóvenes de diferentes barrios que usualmente no se encuentran (y tampoco lo buscan) en otros espacios. En Timbiquí juegan indígenas con afrodescendientes, dos poblaciones que usualmente no se encuentran, no se entienden por las barreras del idioma y que a veces, tienen una guerra territorial muy fuerte. 

En conclusión, el fútbol tiene cuatro grandes ventajas: poder de convocatoria, es costo eficiente, herramienta perfecta para aprender jugando y para unir a opuestos. Pero ¿las otras herramientas podrán lograr lo mismo? Es parte de lo que pretendo averiguar más adelante. Sin embargo creo que la música puede convocar gran cantidad de niños y jóvenes también y que, como lo dijo Candelaria, podemos hacer música con nuestro cuerpo (costo eficiente).  El teatro, como lo hemos visto en el país, une a opuestos también y se puede convertir en algo simbólicamente fuerte. Hacer que los niños y jóvenes aprendan ciertos temas por medio del baile o la pintura también incluye diversión y espacios donde esta población se puede sentir tranquila y contenta. 

De pronto la diferencia está en que el fútbol es la única que agrupa estas cuatro ventajas y que herramientas como el teatro o la pintura pueden funcionar más para procesos individuales y de sanación del trauma. También creo que el potencial del futbol está muy relacionado con esa aceptación y pasión de los de afuera, del exterior. Una obra de teatro es posible que no llame tanto la atención como un partido de la selección Colombia o una exposición de memoria en un museo no tendrá tanto éxito como un partido de fútbol entre famosos y víctimas del conflicto.

Como me comentó Esteban “de todas las actividades que tiene Tiempo de Juego las que más fáciles se venden, de lejos, para buscar recursos son las que tienen fútbol”.  Es una puerta de entrada para poder financiar otras actividades.

Aparte de usar el fútbol para desarrollar y fortalecer habilidades en niños y jóvenes, Tiempo de Juego le apuesta a procesos comunitarios y a generar canales para desarrollar liderazgos que de alguna manera transformen y movilicen la comunidad. Aunque no todas las organizaciones que usan herramientas artísticas o deportivas están obligadas a esto, considero que es una de las características que hace que el trabajo de esta Fundación sea transformador y sostenible. 

Por ejemplo, hacen alianzas con entidades privadas y públicas para desarrollar y mejorar la infraestructura en los barrios. Involucran a las madres de los jóvenes por medio de negocios sociales como la , por medio de la cual proveen ingresos adicionales a las familias y autosostenibilidad a la Fundación.

También cuenta con un estudio de grabación profesional, ,y el taller de screen, , por medio de los cuales generan proyectos de vida en los niños y jóvenes, especialmente a los que no se sienten tan afines con el fútbol.  A esto se le suma que más del 50% de las personas que trabajan en la Fundación (gestores, monitores, docentes)  son personas de la comunidad, que se pueden volver un referente para todos. 

Uno de los temas con los que cerramos nuestra conversación es sobre dónde queda más trabajo por hacer o cómo hacer para que temas como fútbol y paz se tomen más en serio en el país. Ambos creen que no hay mucho interés político en el tema más allá de la industria. Opinan que el país no cuenta con políticas públicas o instrumentos para promover este tipo de enfoques o proyectos y que las organizaciones públicas de fútbol profesional no tienen ninguna relación con las organizaciones sociales que utilizan el fútbol.

Sería entonces importante convencer a donantes, políticos, o la misma ciudadanía, de lo que afirma Candelaria: “si invierten un peso en esto, después se están ahorrando tantos pesos en otro temas como salud o habilidades laborales. Pero estamos lejos de llegar ahí".  

Esta exploración inicial, que tiene a Tiempo de Juego como uno de los casos de estudio, nos ofrece cuatro claves para comenzar a pensar en cómo y por qué el fútbol puede ser una herramienta valiosa para la construcción de paz. Primero, es una gran herramienta para masivamente llamar la atención de los niños y jóvenes y entrar en los territorios. Segundo, el juego, la lúdica y los espacios donde los niños y jóvenes se sienten a gusto y seguros son esenciales para lograr transformar sus imaginarios relacionados con la violencia. Algo que es muy necesario e importante en nuestro país.

Tercero, para lograr procesos sostenibles y de mayor impacto hay que comprometerse con las comunidades donde se trabaja. Cuarto, y en definitiva, creer en el potencial de los niños y jóvenes e involucrarlos activamente en todos los procesos. No excluirlos, ni considerarlos un problema, como pasa en algunas ocasiones, parece un principio fundamental para el éxito del fútbol como constructor de paz. 

Comentarios (2)

Pablo Abitbol

06 de Junio

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A propósito, ver esto: http://www.nber.org/papers/w24666

A propósito, ver esto: http://www.nber.org/papers/w24666