Farc, el nuevo "partido"

Ayer las Farc hicieron el lanzamiento en público del “nuevo partido político” en una afrenta directa a las víctimas, a la memoria histórica y a la institucionalidad de este país decidieron de manera arrogante con Colombia llamarlo Farc.

Juan Sebastián Arango
Juan Sebastián Arango
Asuntos Públicos y Corporativos
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02 de Septiembre de 2017

Llenaron la Plaza de Bolívar y al mejor estilo del político tradicional en campaña hubo buses, refrigerios y claro, música popular. Hay que decirlo con sinceridad: la Plaza estaba a reventar de algunos convencidos, otros incautos y una gran parte llevada en esa antigua táctica de vestir un evento político de fiesta popular. Las Farc se estrenaron en la política con la misma metodología que hoy nos repugna: la ñoñomania.

El pomposo evento evidencia la debilidad del proceso de paz: ¿por qué se permite hacer política a las Farc sin haber comparecido a la JEP? ¿Por qué pueden filtrar la estructura de la lista al Senado y Cámara donde están los principales líderes de esta guerrilla y máximos responsables del conflicto? La respuesta es muy fácil: el proceso de paz tiene una línea de implementación que tiene la participación política de las Farc como prioridad y la justicia como elemento accesorio.

Lo lógico es que primero se hubiera implementado la JEP y que los guerrilleros acudieran a esta, posteriormente la Ley de indulto y amnistía, después el resarcimiento a las víctimas, y por último, después de pasar por todo esto se hubiera permitido la participación política únicamente de quienes hayan cumplido con todo lo anterior.

Lo que pasó denota la poca seriedad del proceso con la justicia y el irrespeto por las victimas: a las carreras, producto del chantaje de las Farc por haber perdido el plebiscito se expidió la Ley de amnistía e indulto, posteriormente con prioridad se creó el andamiaje jurídico para la participación política y la JEP va en un tortuoso y lento proceso de aprobación e implementación, que los mejores cálculos indican que no estará operando antes de mayo del 2018. Es decir, después de las elecciones del Congreso.

Más allá de este equivocado precedente y la debilidad institucional a la que conlleva, lo cierto es que queremos derrotar a las Farc en las urnas y vencer democráticamente sus postulados socialistas. El problema está es en la renuncia de la batalla de las ideas que tiene este país. Los sistemas de poder y las maquinarias políticas no movilizan una ideología fuerte sino recursos economicos y  quienes las lideran quieren estar en el poder sin importar que ideas representan.

Si todos los estamentos de este país no recuperan el debate de las ideas, si los jóvenes no dejan la apatía por la política, si las elites insisten en mantenerse cercanos al poder así no los represente, si la academia no deja ese parco papel que está jugando, si quienes hoy están en el poder  deciden por la comodidad que les da el corto plazo no  tener ideologia sacrificando los verdaderos interés del país en el largo plazo,  las Farc tendrán un caldo de cultivo perfecto para imponer sus ideas.