Estamos saliendo de la lista negra: tenemos que seguir adelante

He participado en diferentes países en muchos foros y conversatorios sobre Derechos Humanos. En la gran mayoría, Colombia siempre es uno de los países más discutidos. Esta vez Colombia salió de la lista negra.

 

Elvira Maria Restrepo
Elvira Maria Restrepo
Profesora, Universidad de Miami
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12 de Marzo de 2017

Hoy estuve en una charla de José Miguel Vivanco, Director Ejecutivo de Human Rights Watch (HRW), denominada “Pressing Developments for Human Rights in the Americas” (Desarrollos urgentes para los Derechos Humanos en las Américas) que se llevó a cabo en Miami por iniciativa del Council of the Americas.  

Lo primero que me sorprendió fue que el primer país a tratar y el que ocupó más de la mitad del tiempo asignado fue Estados Unidos.

El tema primordial fueron las violaciones a los derechos humanos de la administración Trump a los indocumentados, especialmente a algunos de los 6 millones de mexicanos, tema que no sorprende dada su retórica, pero que deja el sinsabor de que el país donde se firmó la Carta de Naciones Unidas en 1945 y la democracia que ha inspirado al mundo en este tema, hoy viola los derechos fundamentales de personas que trabajan y viven pacíficamente en este país desde hace muchos años.

Y no se refirió al  número de deportaciones, tema que alcanzó records históricos durante la administración Obama, sino a la nueva causa de deportación que dejó de ser el hecho de ser indocumentado que comete delitos graves, a indocumentado, simple y llanamente, pues ese solo hecho se convirtió en causa de deportación, sin debido proceso.

Siguió Venezuela, país que era esperado.

Vivanco declaró que había una crisis humanitaria de grandes proporciones y que la única salida era la intervención multilateral de democracias legítimas de América.

Luego vino Cuba, otro país esperado, sobre el que Vivanco se limitó a decir que seguía igual a pesar de las políticas de la administración Obama que buscaron sacar a Cuba del aislacionismo.

México se tocó muy rápido, y más como victima de las violaciones de los Estados Unidos.

Colombia no aparecía en la agenda y el tiempo del conversatorio se terminaba.

Finalmente, alguien del público levantó la mano y preguntó: ¿y Colombia, ahora qué sigue?

El director de HRW contestó pausadamente (trataré en lo posible de parafrasear lo dicho): Colombia es un país muy complejo. Lo mejor que le pudo pasar es el proceso de paz para desmontar una guerra de más de medio siglo. El presidente Santos ha sido un gran líder. Yo no creo en la solución militar del expresidente Uribe, pero me preocupa el componente de justicia del Acuerdo Final.

Desafortunadamente, el tiempo había terminado y el tema de la justicia quedó en el aire.

Sin pretender resolver un tema tan complejo en unas pocas líneas, repito lo que le dije a José Miguel Vivanco en privado al salir del conversatorio.

Para mí el componente justicia que se aplicó a los paramilitares desmovilizados entre 2003-06 no logró ni la verdad para la mayoría de las víctimas, ni la desmovilización de los mandos medios del paramilitarismo que hoy engrosan las filas de una criminalidad semi-organizada o BACRIMs.

Las cifras de justicia de la Unidad de la Fiscalía encargada de Justicia y Paz para los paramilitares desmovilizados son poco alentadoras: de los 35 mil desmovilizados, solo 3 mil 666 fueron a la justicia penal y en 10 años (2006-2015) se emitieron 36 sentencias que condenaron o absolvieron solamente a 115 paramilitares.

Como recordaran, la cúpula de las AUC fue extraditada para cumplir penas relacionadas con delitos de narcotráfico en los Estados Unidos. Con su extradición a cárceles de máxima seguridad se sepultó la verdad que tanto se necesita para que las victimas sanen y para que nosotros los colombianos reescribamos juntos nuestra historia para empezar a movernos al siglo 21.

Por ello, y añadiendo que la credibilidad de los colombianos en la justicia es mínima, solo 6 de cada 10 creen en ella (LAPOP, 2014) y su ineficiencia y nivel de impunidad son bastante elevados, todas tendencias de larga duración; me sorprende que todavía muchos colombianos insistan en aplicar a las FARC esa justicia en la que no creen y que quizás, disuadió innecesariamente a muchos mandos medios de los paramilitares a desmovilizarse, como la mejor solución.

La JEP en Colombia tendrá sus bemoles, pero fue diseñada precisamente para situaciones de conflicto como el nuestro donde es imposible distinguir que bien moral, la paz, la justicia  o la verdad, es más importante para reconciliar a la sociedad.

Luego de mi largo monólogo le pregunté: ¿y que otra solución propone usted en este tema de la justicia? En ese momento llegaron los reporteros a hacerle una entrevista sobre los derechos humanos en Estados Unidos...