ELN y Cartagena: los desterrados del paraíso

Bolívar, departamento bastión del ELN, presenta los mayores contrastes de desarrollo con su ciudad capital. Pero Cartagena en sí misma, mitad deslumbrante y mitad paupérrima, es toda una contradicción social. Ha habido avances en los últimos años, pero aún es una de las ciudades más inequitativas de Colombia. Es importante perseverar en la inversión cultural.    

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
198 Seguidores166 Siguiendo

0 Debates

47 Columnas

Columna

121

0

27 de Febrero de 2017

Guerra, corrupción y pobreza, tres fases de un círculo vicioso de la historia que ha marcado la tragedia histórica de Colombia.  La crónica de Ernesto Taborda, en El Universal de Cartagena del día de ayer, nos lleva a pensar sobre las causas de la desigualdad social.  Importante analizar qué ocurre en tan icónica ciudad nuestra, que además representa una especie de caricatura nacional, con ciertos defectos exagerados,  de nuestro ‘posconflictivo’ país.    

El artículo de Taborda, ‘Nuevamente Cartagena, la segunda ciudad del país en pobreza monetaria’, nos remite de inmediato a leer ‘Los desterrados del paraíso’. Este libro es una compilación de quince ensayos socio-económicos, cuyos editores fueron: Alberto Abello Vives y Francisco Javier Flórez. Quizás entre las páginas de este texto están las razones fundamentales de la ‘pobreza’ cartagenera que informa Taborda y las perspectivas de consolidación del ‘posconflicto’. En realidad, este apelativo (posconflicto) tan de moda, no puede siquiera aplicarse a Bolívar, bastión histórico del conflicto con el ELN, apenas en negociación. 

Pero cuál es la realidad de Cartagena. Según un reciente informe del DNP: “La pobreza monetaria de Cartagena es la segunda más alta entre las principales ciudades del país” (la primera es Quibdó, en el Chocó)... Cómo es posible, preguntarán muchos turistas deslumbrados por la imagen de la ciudad, cuyo ingreso per-cápita estaba estimado en 13.3 millones de pesos de 2012.  Aún al cambio en dólares del devaluado peso de hoy, representaría US$4.608, un indicativo de ingreso medio alto en el contexto internacional.  

Pero, en ingreso per-cápita, ni Cartagena ni Colombia son tan pobres. Con más de 6 mil dólares de ingreso nacional promedio, tanto el país como la capital de Bolívar están en el rango de ‘países medio-altos’. Nuestro problema no es la falta de riqueza, dicen los economistas, sino una muy inequitativa distribución de la riqueza.

El informe del DNP, comparado con los registros históricos, solo confirma una situación de injusticias generacionales.  En realidad, la incidencia de la pobreza monetaria en Cartagena, ha tenido una reducción gradual en los últimos cinco años. Sin embargo, estas estadísticas, tal como se presentan, no busca llevarnos a ser tan pesimistas que justifiquemos la resignación. Se trata, de hecho, de hacer conciencia en la necesidad de mantener unas políticas de equidad social. 

Pero, volviendo al libro de ensayos de Abello y Flórez, busquemos la causa fundamental de la desigualdad cartagenera, mayor que en el resto del país.  El visible crecimiento económico de Cartagena, por sí solo no puede reducir la  pobreza en una sociedad donde hay mucha desigualdad étnica y cultural. Si una persona es analfabeta, por ejemplo, así crezca mucho la economía y se creen muchos puestos de trabajo en turismo, esa persona no va a poder aprovechar esas posibilidades. Eso lo conoce el SENA y la Universidad Tecnológica de Bolívar, entre otras entidades educativas, hasta la saciedad.

Volvamos a las cifras. El barrio más poblado de Cartagena, la Isla de León (con 41.068 habitantes, en su mayoría afroamericanos), por ejemplo, está recibiendo a familias inmigrantes muy pobres. Algunas vienen de Venezuela y otras del resto de poblaciones de Bolívar, encandelilladas por la aparente prosperidad de la ciudad o desplazadas por la guerra. En este sector de Cartagena, específicamente en El Pozón, la escolaridad promedio es de  sólo 6,4 años de educación, mientras que en Bocagrande alcanzan 12,6. 

Y uno diría, con razón, que se debe invertir en cultura, pero ayudaría recordar como ejemplo motivacional a algunos asombrosos cartageneros, que salieron del gueto. Quizás debamos organizar jornadas escolares para visitar el Cementerio de Manga, donde quedan los vestigios del único presidente negro de Colombia, Juan José Nieto. Sí, Nieto Gil fue nuestro presidente, 150 años antes del ascenso de Obama, el primer mandatario afroamericano de los EE.UU.

Nieto, hijo de fabricantes de mechas de algodón, nació en 1804, en el virreinato de la Nueva Granada. Juan José Nieto fue un militar autodidacta, liberal federalista y literato consumado que ascendió socialmente gracias a su propio esfuerzo. También fue gobernador de Bolívar y en 1861 fue presidente de la Confederación Granadina o Estados Unidos de la Nueva Granada.

Juan José Nieto, y muchos otros cartageneros exitosos de estirpe afroamericana o indígena de Kalamarí, son los descendientes de ‘los desterrados del paraíso’. Tengo la esperanza de que mis entrañables y muy cultos amigos cartageneros seguramente revisarán entonces las informaciones de Taborda y el libro de ensayos citado. Este libro fue publicado por el Foro Pensar Cultura 2014, con el apoyo de varias entidades y liderado por la Universidad Tecnológica de Bolívar. Hay que buscar respuestas académicas a la violencia, la corrupción y la desigualdad, para que Cartagena sea realmente un paraíso y no medio infierno social.