El uribismo radical alcanzó punto de inflexión

El apoyo al proyecto político del uribismo radical ha alcanzado su punto de inflexión; el uribismo será una fuerza insignificante si no cambia su narrativa anti-paz. 

Andrei Gómez Suárez
Andrei Gómez Suárez
Analista Político
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16 de Junio de 2017

Álvaro Uribe se ha comportado como el líder malcriado de la gallada del barrio durante los últimos cinco años. Su posición se ha radicalizado gracias a que ha ido ganando apoyo por parte de un amplio sector de compatriotas. Ellos han interiorizado el marco de referencia emocional promovido por Uribe para interpretar la realidad. Sin embargo, la primera semana de junio la popularidad del proyecto uribista ha llegado a su punto de inflexión.

Antes de explicar porque ha llegado al punto de inflexión, pondré un ejemplo para mostrar porque digo que Uribe se comporta como el líder malcriado de la gallada del barrio. Mi intención no es descalificarlo, sino llamar la atención sobre su actitud intransigente, celebrada por sus fervientes seguidores y el impacto que tiene en el país.

Imaginemos que en nuestro barrio se está organizando una fiesta para celebrar la integración de una gallada que se habían enfrentado a otras galladas durante varios años. Muchos vecinos del barrio celebran. Durante la organización de la fiesta el chacho de una de las galladas se siente excluido y empieza a circular mensajes en contra de la fiesta. El chacho argumenta que debe ser tenido en cuenta para la organización de la fiesta. Por tanto, es invitado a que se sume a la fiesta. Pero el chacho declina la invitación y dice que es necesario hacer otra fiesta, organizada por él, con otra comida y otra banda. Los integrantes de esta gallada además empiezan a amenazar a la comunidad diciendo que harán trizas la fiesta si sus exigencias no son tenidas en cuenta.

Sin lugar a dudas la situación preocupa a diversos sectores del barrio. Saben que la gallada es poderosa e intimida a la gente. La comunidad teme que al participar en la fiesta los muchachos puedan tomar represarías. La intimidación incluye incluso a algunos miembros de la gallada que no están del todo convencidos de la actitud del chacho; pero chacho es chacho y si no defienden a toda costa sus demandas, serán vistos por sus colegas como traidores.

Tristemente, el control social que ejercen muchas galladas en diferentes lugares de Colombia, muestra como cuando las comunidades permiten que los chachos impongan sus reglas se ven sometidos a la ley del más fuerte que beneficia a unos pocos, en detrimento del bienestar común. La incapacidad de controlar a estos muchachos intransigentes, termina creando un caldo de cultivo para que la insensatez y el rencor entre galladas impongan las reglas de comportamiento social en los barrios. Si a esos muchachos alguien les hubiera puesto limites, si no los hubieran dejado intimidar a todo el barrio, seguramente habrían contribuido a la sociedad.

Uribe, durante su gobierno mostró un comportamiento autoritario, limitado por el respeto a las decisiones de las cortes y la voluntad ciudadana. Pero desde el año 2012, estando por fuera del gobierno, empezó a comportarse como un muchacho malcriado al que no le gustaban las decisiones del gobierno. Durante los últimos 5 años ha conformado una gallada de seguidores que vociferan en contra de los acuerdos, que intimida a quienes están de acuerdo con el gobierno, y que quiere impedir que la sociedad colombiana se meta de lleno en un proceso de reconciliación.

Recurriendo a falsedades, tergiversaciones, y a la manipulación emocional Uribe ha encontrado un canal de comunicación que ha ampliado su base de apoyo gracias a que muchos compatriotas han quedado atrapados en su discurso, celebrando cada arenga contra la paz. Otros muchachos como Alejandro Ordoñez se han envalentonado con su ejemplo y lanzan campañas radicalizando a sus seguidores aún más. Estos muchachos tienen mucho que ganar, pero ¿que gana la sociedad colombiana con estas voces radicales que se niegan a pensar un futuro sin rencor?

La semana pasada, cuando Uribe despotricó del país en Atenas, muchos compatriotas pusieron el grito en el cielo. Néstor Osorio, el Embajador de Colombia en el Reino Unido, dio ejemplo al jalarle las orejas a Uribe; algo poco común en Colombia, donde dejamos que los chachos hagan y deshagan. Sus palabras fueron contundentes:

La respuesta generalizada de los colombianos a la actitud de Uribe, incluso de sus seguidores, marca desde mi perspectiva el punto de inflexión del crecimiento del discurso uribista. Si a esto le sumamos la dejación del 60% de las armas por parte de las FARC, me atrevo a decir que Uribe no podrá comportarse más como el chacho que se tira la fiesta. Permítanme cerrar este artículo explicando rápidamente porque.

Seguidores y simpatizantes de este proyecto político se han dado cuenta que con la postura radical de Uribe Colombia tiene mucho que perder. Esto quedo claro en varias conversaciones que sostuve esta semana en Medellín, cuna del uribismo. Un taxista, me dijo, por ejemplo, “a pesar que uno es crítico de todo lo que les están entregando a las FARC, no se justifica hablar mal de Colombia en el exterior.” Y cerró diciendo que votaría por alguien distinto: “para que los políticos de siempre dejen de utilizar a los colombianos.”

Pero, además, la dejación de armas certificada por las Naciones Unidas empieza a desmontar la desconfianza frente al cumplimiento de las FARC, que es la bandera uribista. Las fotos de las armas le dan la certeza a muchos compatriotas que estamos pasando a otra etapa. El conductor de la Universidad de Antioquia que me recogió en el aeropuerto José María Córdoba lo puso claramente: “que esas armas no se utilicen más, siempre va a inclinar la balanza para apoyar el proceso de paz, aunque no sea la verdadera paz.”

Si Uribe no se percata de este cambio de los colombianos y sigue comportándose como el chacho de la gallada anti-paz, una minoría insignificante de compatriotas lo acompañaran en el 2018, como le ocurrió a UKIP en el Reino Unido en las pasadas elecciones. El uribismo radical llegó a su punto de inflexión.