El reto de Colombia a 2037

Tenemos un reto: pasar en 40 años de casi haber sido catalogados "país fracaso" a convertirnos en estudio de caso

Dylan Herrera
Dylan Herrera
Analista Seguridad, DDR, Construcción de Paz
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07 de Septiembre de 2017

En el lapso de 40 años, países como Singapur, Corea del Sur y los nórdicos han dado el gran paso a consolidarse como países desarrollados. Varios de ellos salieron de entornos de conflicto, pobreza y desigualdad que no son ajenos a Colombia, sin embargo a diferencia de nuestra nación, implementaron modelos que hoy los tienen a la vanguardia del desarrollo, ese es el reto de Colombia a 2037.

Hoy en 2017 estamos a mitad de camino de esos 40 años, y es que sin duda a pesar de las críticas que hoy tiene el país, lejos estamos de la Colombia de 1997 que según las opiniones de muchos, dentro y fuera del país, estaba ad portas de ser un Estado fallido.

1997 era el penúltimo año de gobierno de Samper, quien había llegado al poder aludiendo a que era el tiempo de la gente, diciendo que la Presidencia de los No Alineados sería la ventana del país hacia el mundo en desarrollo. Habíamos sido descertificados el año anterior en la lucha contra las drogas, quedando así al mismo nivel que Nigeria, Afganistán o Myanmar; seguíamos en vilo tras grandes golpes a nuestras FF.AA. en Las Delicias y en el Cerro Patascoy, por sólo cirtar algunos; en la economía el desempleo redondeaba casi el 16% y se disparó la tasa de interés para mantener de manera ficticia una tasa de cambio insostenible.

20 años después, Colombia firmó acuerdos de desmonte de las AUC, dejación de las armas y reincorporación de las FARC-EP y está negociando con el ELN, a pesar del pesimismo y escepticismo que han rodeado cada una de estas negociaciones.

Aun con más de 60 años en guerra, Colombia ha mantenido (a un alto costo) su capacidad productiva, ha sido de las economías más estables de la región, hace parte de los países emergente CIVETS y pasó a la categoría renta media alta. A pesar del esfuerzo por intentar mantener una estabilidad, el país tiene una gran deuda en términos de brecha social, los indicadores económicos no sirven de mucho si no se traducen en bienestar para los ciudadanos.

En ese orden de ideas, hay que recordar que Colombia fue un país que hace dos años pasó raspando varios de los Objetivos del Milenio (ODM). Hoy, tras dos años de entrar en vigencia su reemplazo, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el DNP no ha lanzado el Conpes (aunque un Conpes por sí solo no hace mucho) de uno de los que podría ser eje rector del camino a recorrer por Colombia para ser un país desarrollado y consolidar esa paz sostenible y duradera.

Grandes retos tenemos como colombianos para reducir un coeficiente de Gini tan elevado, levantar nuestra calidad educativa o gestionar un sistema de salud más eficiente donde los hospitales nivel 3 no se desborden atendiendo gripas y donde los niveles 1 no tengan que salir al rebusque prestando servicios que no deberían.

Hoy tenemos grandes deudas con nuestra Región Pacífico, que presenta índices de Pobreza Multidimensional del 33,2% similares a Ghana (33,2%) o Camboya (33%). El Chocó tenía a 2015 37,1% de la población viviendo en pobreza extrema, acercándonos a niveles de países como Burkina Faso (43,7%). Es decir que nuestra paz tiene mucho que empaparse de desarrollo y bienestar en los años a venir.

Aunque muchos de los planes del postconflicto están previstos para implementarse en 10 años, por ejemplo, los PDET, tenemos en verdad 20 años que serán claves para reescribir parte de nuestra historia, de pasar de títulos como “El país que se hizo a tiros” o “Colombia una nación a pesar de sí misma”, de Gonzalo España y David Bushnell respectivamente a un nuevo título, un nuevo meta-relato.

Por muchos años nuestro norte era conseguir la paz, hoy ese nuevo norte debe ser lograr consolidar un modelo de desarrollo inclusivo, es a través del desarrollo que se consolidará la paz positiva, mucho más allá de cualquier texto proveniente de La Habana o Quito. Colombia tiene 20 años más para definir un nuevo meta-relato que nos deje soñar un país más humano y equitativo, más justo. Poder tener como generación, el gran logro de pasar en 40 años de ser un país fracaso a ser un estudio de caso.