El republicanismo de Nieto Loaiza

De vez en cuando los candidatos se salen de sus acartonados slogans y sus limitantes propuestas de gobierno para exponer su verdadero ideario político. Eso es, sin embargo, lo verdaderamente trascendental aun cuando lo menos noticioso. Por eso me ha llamado la atención el mensaje sobre el REPUBLICANISMO del pre candidato Rafaél Nieto Loaiza.

Rodrigo Pombo
Rodrigo Pombo
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28 de Noviembre de 2017

El Republicanismo es un concepto fuerte, demasiado fuerte como para irlo manoseando por ahí sin ton ni son. Escritores de gran talla como Alan Ryan le dedican capítulos enteros y no son pocas las celebridades que, como Montesquieu, Harrignton o Sidney son consideradas republicanas o, cuando menos, promotoras del republicanismo.

Nuestra Constitución, -incluso después de la sustitución de la Habana-, establece que Colombia es una República y ningún debate de fondo se ha suscitado en el país en torno a ello. Como que sobre ese punto aparentemente tenemos consenso.

¿Por qué entonces un precandidato presidencial (Rafael Nieto Loaiza) habla de volver al republicanismo? ¿Acaso lo perdimos? ¿Cuándo y cómo?

La gran mayoría de la gente, (me atrevo a afirmarlo porque esas preguntas no se hacen en las encuestas), no saben que es ser republicano aun cuando, me temo, casi todos consideran que es algo importante y hasta plausible.

En la antigüedad helenística, ni la gente ni los filósofos hablaban de República. La de Platón, por ejemplo, en estricto sentido debería traducirse como “El Régimen” antes que como “La República”. De hecho, para Aristóteles después de la Politeia (sistema mixto de gobierno) el mejor sistema era la monarquía y esa idea perduró hasta el siglo XX de manera predominante.

Cuando Cicerón y Catón se enfrentaron a Julio Cesar para defender la República lo hacían más como antídoto contra la tiranía que como sistema republicano, tal cual lo conocemos hoy en día.

Fue hasta los siglos XVI y XVII que unos filósofos y políticos, para oponerse a la monarquía absoluta, decidieron hablar de República y de republicanismo. Y fueron los padres fundadores de la naciente América anglosajona los que lo popularizaron como concepto contrapuesto a la monarquía absoluta inglesa por entonces en cabeza de Jorge III. Pero, de nuevo, con el componente de oposición a la tiranía, lo que de suyo es trascendental pero quizás insuficiente para entenderlo en el contexto de los tiempos que corren.

En la guerra civil española se autodenominaron “republicanos” no pocas facciones comunistas y socialistas, ergo, antirrepublicanas prima facie, con lo cual el concepto volvió a quedar en el limbo.

Ad portas de las elecciones presidenciales en Colombia este brillante abogado internacionalista y denotado tribuno pone sobre la mesa el concepto. “Volvamos al republicanismo”. La entrevista en la W con Viky Dávila, que como virus circula por las redes sociales-, no puede ser más explícita.

De nuevo: ¿Por qué el más brillante y preparado de los candidatos del partido político más influyente del país habla de republicanismo?

Sencillo: porque en Colombia se ha perdido y eso es muy grave. El republicanismo tiene unas pocas, pero muy fuertes bases que lo han acompañado desde la antigüedad, aunque, como he dicho, cobró su nombre hace relativamente poco.

Los republicanos son (somos) los que nos oponemos a las formas tiránicas de gobierno, es decir, a las formas que le entregan a una persona o ramillete de ellas, poderes absolutos e ilimitados, como lo que hicimos con los acuerdos entre Santos y los terroristas-, en el que se confundieron en cabeza del presidente el poder constituyente, el legislativo, el ejecutivo y el de nombrar a los más importantes jueces del país.

Como contrapelo proponemos el Estado de Derecho, vale decir, un Estado con reglas preexistentes, legítimas y claras que permitan a los habitantes ejercer sus sagradas libertades sin mayor temor y de manera consciente, y, por lo mismo, abogamos por la técnica de la libertad, huelga decir, aquella que le otorga a las personas la mayor cantidad de derechos y le impone al Estado la imperiosa obligación de defenderlos; para lo cual debe limitarse en sus funciones y competencias so pena de vulnerar los derechos y libertades de sus ciudadanos.

Para finalizar, se predica, -como Catón y Cicerón lo hicieron y desde entonces los escolásticos y los humanistas y todos los que aún creen en la idea del bien común y del interés general-, que debe existir una ética republicana representada en los deberes ciudadanos y en el amor por la patria que subyace en cada cual y que emerge especialmente en tiempos críticos, como cuando la institucionalidad democrática o, la soberanía popular o, las formas de gobierno o, el equilibrio de poderes, entre otros, están en evidente peligro.

Con el robo del 2 de octubre de 2016, no solamente se pusieron en peligro todos esos postulados, sino que se vulneraron para favorecer a los mayores criminales del planeta, contra la voluntad del pueblo y rompiendo vilmente la constitución de 1991. A eso es que se refiere lúcida y oportunamente Nieto Loaiza.

De manera que no han de tomarse a la ligera las ideas de Nieto cuando propone volver al Republicanismo. Cuando de ellas se burlaron los militares y la corona inglesa la historia les dio una apremiante lección de humildad y de paso inmortalizó a Jefferson, Washington, Jay, Madison, Franklin, Adams y Hamilton, verdaderos republicanos.