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El paro armado del ELN: ¿La gota que derramó el vaso?

El paro armado declarado por el ELN para este fin de semana va en sentido contrario de lo que presidente Santos llamó “cohesión.”

Kyle Johnson
Kyle Johnson
Analista senior de International Crisis Group en Colombia
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10 de Febrero de 2018

Después de que el presidente Santos pidió al ELN que muestre más “coherencia” entre su retorno a las acciones violentas y su retórica a favor de la paz tras la decisión de la guerrilla de no mantener el cese del fuego bilateral, ahora tenemos la respuesta del grupo: la declaración de un paro armado.  Es la peor respuesta y en el peor momento.

Dos preguntas pertinentes han surgido a raíz del anuncio del paro por parte del ELN: ¿Por qué justo ahora va a realizar un paro? y ¿Qué efecto tendrá en la mesa de negociaciones?

El ELN dice que su paro es una respuesta a “la negativa del gobierno para darle continuidad al Quinto Ciclo de conversaciones en Quito” y también, una reacción “ante la continuidad del terrorismo de Estado y el incremento de la persecución a los dirigentes populares” y la judicialización de la protesta social.

Las organizaciones sociales que proponen el regreso inmediato a la mesa tienen razón en el sentido de que es mucho mejor negociar con el ELN que buscar “una solución militar”.

No es posible acabar con esta guerrilla por la acción coercitiva del Estado pues el grupo puede usar su retaguardia en Venezuela, tiene una base civil con la que puede contar para nuevos reclutas y tiene recursos políticos y financieros para mucho tiempo. Además el costo humanitario de un conflicto de baja intensidad por varios años resultaría alto.

El ELN también argumenta que el paro es en respuesta a la persecución contra los líderes sociales. Cree que el asesinato de más de 100 líderes en 2017 es un “genocidio” orquestado por el Estado, que va acompañado por un avance paramilitar también patrocinado desde las altas esferas del poder oficial. Esta visión puede explicar en parte porque el ELN recurre a las acciones militares: cree que de esta manera puede frenar ese “avance paramilitar” y “genocidio”.

La realidad del asunto de los líderes sociales es mucho más compleja, con variaciones regionales en las pautas de violencia. Incluso la información que proviene de algunas localidades afectadas indica que por lo menos dos de los líderes sociales cuya muerte el ELN en efecto denunció recientemente habrían sido asesinados por esa misma guerrilla, en Arauca y Norte de Santander.

La otra parte de la explicación del paro armado son las divisiones internas del ELN frente al tema de la paz.

Seguramente las alas más radicales del ELN propusieron el paro, y el comando central del grupo, el Coce, lo aceptó para mantener la unidad precaria de la guerrilla, entre otras razones.

Fue el Frente de Guerra Occidental, abiertamente en contra de la negociación, quien anunció el paro. El FGUN también lo ha promovido, y el Frente de Guerra Nororiental ha confirmado que va a realizar el paro en sus territorios.

Frente a este escenario, cabe la pregunta (nuevamente): ¿Qué pasará ahora?

El paro armado va a debilitar aún más la mesa de negociación.

El lenguaje entre las partes ya se ha tornado más militarista, la confianza seguirá minándose, y las voces que quieren enfrentarse al ELN por vía militar van a fortalecerse.

Si esta dinámica sigue, es muy fácil que el lenguaje generalizado de desconfianza y violencia crezca a tal punto que la mesa termine definitivamente, bien sea dentro de pocas semanas o pocos meses.

Por lo tanto, el enfoque por ahora de la sociedad civil y la comunidad internacional debería estar en presionar a las partes para que no vuelvan a la guerra total y que no se cierre la mesa.

No se puede volver de inmediato a negociar, pero sí es esencial que la hostilidad verbal se desescale y que la desconfianza no alcance un momentum irreversible.

Se necesita encontrar soluciones viables en un contexto cada vez más difícil para que las partes puedan justificar su regreso a la mesa de negociación. En realidad, para que el gobierno pueda justificar su vuelta a Quito, el ELN tiene que dar el primer gesto, idealmente de índole humanitario.

La sociedad civil ha tenido un logro importante al poder reunirse el miércoles con el presidente Santos y luego cuando se reúna con la delegación del ELN, y sería clave que siga actuando como facilitadora informal, igual que Iván Cepeda y Álvaro Leyva.

Organizaciones de la sociedad civil pueden crear un respaldo político mayor al  proceso, aunque no está del todo claro si ésto depende de los efectos perjudiciales del paro armado. Si el solo anuncio ha sido tan negativo, hay que pensar en cuál será el efecto una vez realizado el paro.

Mientras tanto, la participación social en un eventual proceso de paz –una meta que por tantos años el ELN ha luchado-  no va a ser posible si las negociaciones siguen suspendidas o si se acaban y se reanuda un conflicto armado abierto en las regiones.

Con el paro armado, es la guerrilla quien está cerrando la puerta a esa participación y la negociación. Ojalá cambie de camino pronto porque otro atentado como el de Barranquilla en los siguientes días y los diálogos se acabarán.

Comentarios (2)

Gilberto Ramirez Espinosa

10 de Febrero

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"No es posible acabar con esta guerrilla por la acción coercitiva del Estado pues el grupo puede usar su retaguardia en Venezuela, tiene una base civil con la que puede contar para nuevos reclutas y tiene recursos políticos y financieros para mucho tiempo. Además el costo humanitario de un conflicto de baja intensidad por varios años resultaría alto." Sí es posible acabar la guerrilla por derrota militar y más aún cuando ya el costo humanitario se esta exportando desde Venezuela: hay que ser serio y dejar de contemporizar con el terrorismo con tal de mantener una falsa voluntad de paz.

"No es posible acabar con esta guerrilla por la acción coercitiva del Estado pues el grupo puede usar su retaguardia en Venezuela, tiene una base civil con la que puede contar para nuevos reclutas y tiene recursos políticos y financieros para mucho tiempo. Además el costo humanitario de un conflicto de baja intensidad por varios años resultaría alto." Sí es posible acabar la guerrilla por derrota militar y más aún cuando ya el costo humanitario se esta exportando desde Venezuela: hay que ser serio y dejar de contemporizar con el terrorismo con tal de mantener una falsa voluntad de paz.

Quasar 1970

17 de Febrero

0 Seguidores

Es fácil hablar de una derrota militar bien lejos de las áreas de guerra, de...+ ver más

Es fácil hablar de una derrota militar bien lejos de las áreas de guerra, desde el mismo lugar desde donde hablan la inmensa mayoría de los políticos. Unos pocos, a lo sumo, van a las zonas de guerra unos pocos días para presentarse ante sus /stakeholders/ como "héroes". Después, rápidamente, regresan a sus confortables mansiones. Mientras, los soldados, los que pisan las minas quiebrapatas, los campesinos de todas las etnias, deben salir corriendo de lo que es suyo para que otro (casi siempre un fiero partidario de la mano armada) se le robe lo que es suyo. Es una acusación: la guerra es un crimen y la paz un deber constitucional. Las guerras sólo las ganan los que las hacen bieeen de lejos. El ELN está siendo _eficientemente_ utilizado para fortalecer un negocio redondo, un mercado de armas demasiado rentable para dejarlo perder así como así. Los sectores armados de una guerrilla más pequeña se ven más grandes, hablarán más duro, pero es lo mismo una y otra vez: MIEDO. Miedo a dejar una forma de vida cómoda, que les otorga poder y les satisface ideológicamente. Pues no. A nosotros no nos satisface ver cómo el tejido social se deteriora y posiciona a los peores políticos en el poder, como se recicla un conflicto que, no sólo beneficia a los delincuentes, sino que /normaliza/ la actitud de hampón. ¿Cuál va a ser la siguiente propuesta? ¿Posicionar al trumpismo en Colombia de forma indefinida? Es OBVIO que los que deciden la guerra no van a ser los primeros en morir; no, lo que van a hacer, y en todos los bandos, es convencer, una y otra vez, a su carne de cañón de la "obligación de morir".