El estigma del camuflado

Para la mayoría de los excombatientes el verdadero tránsito de la guerra a la paz empezó al entregar sus armas,  pero también al quitarse sus uniformes.

Elvira Maria Restrepo
Elvira Maria Restrepo
Profesora, Universidad de Miami
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10 de Agosto de 2017

A veces lo más obvio no se percibe fácilmente. Recuerdo haber leído sobre los resultados de una encuesta en que se les preguntaba a muchos habitantes citadinos cuál era el color de la luz superior del semáforo. Para sorpresa del encuestador, un alto porcentaje dudaba antes de acertar. Y otro, no tan insignificante, se equivocaba.

Uno de los coordinadores de una de las Zonas Veredales me hizo caer en cuenta que muchos exguerrilleros de las Farc no tienen suficiente ropa de civil. Por ello, en muchas de estas zonas, todavía se ven transitar excombatientes con las temidas botas de caucho, que tan malos recuerdos nos traen, y muchos de ellos todavía con ropa de combate.

Aunque esto parece un asunto intrascendente en medio de la complejidad del postconflicto, para la mayoría de los excombatientes el verdadero tránsito de la guerra a la paz empezó al entregar sus armas,  pero también, para los que han tenido la oportunidad, al poder quitarse sus uniformes.

Por razones que desconozco, me dicen que no se envió suficiente ropa o que ésta no correspondía a las tallas requeridas. Por eso, muchos excombatientes han tenido que seguir vestidos con sus viejos trajes y botas de combate.  

En sociología, la teoría de la estigmatización plantea que la gente se identifica y actúa de la manera como otros la etiquetan.

Así, cuando socialmente algunas personas son etiquetadas, por ejemplo, los latinos en Estados Unidos como narcotraficantes, se promueven comportamientos irregulares o criminales por parte de los estigmatizados. Además, esto tiene repercusiones negativas más amplias, pues se generan perjuicios entre otras personas contra los etiquetados.

¿Y en este país tan polarizado, cómo no estigmatizar un excombatiente todavía vestido con la marca indeleble de su ropa de guerra?

Por ello y para no promover más perjuicios, ni más miedos entre los colombianos, es imperativo que los excombatientes no se sigan vistiendo de guerrilleros.

Cuando le conté esta historia a un generoso empresario textilero se conmovió, y decidió enviar toda la ropa que les faltaba a unos 200 exguerrilleros de una de las Zonas Veredales.

Hoy estos 200 excombatientes hicieron otro tránsito mental a la vida civil que quizás les ayudará a reintegrarse dignamente. Esta ropa de moda que corresponde a sus tallas quizás también les permitirá no sentirse guerrilleros, ni ser estigmatizados fácilmente cuando abandonen la zonas veredales.

Aunque suene banal, este simple acto de generosidad permitió de manera instantánea que muchos de esos 200 beneficiados, cuyos delitos y penas son amnistiables, se acerquen simbólicamente a sus sueños y hagan tránsito a la vida civil sin ser estigmatizados.