El cura, la reina y la moral de Francisco

Hoy, tan cerca de la visita de Francisco, coinciden dos Franciscos más (Francisco de Roux y Margarita Rosa de Francisco), en sus disquisiciones públicas sobre Dios y la religión. Desde puntos de vista opuestos encuentro intersecciones éticas.

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
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31 de Agosto de 2017

El Padre ‘Francisco’ de Roux es una de las figuras religiosas más admiradas en Colombia. Y, en mi concepto laico, pero con claras raíces éticas jesuitas, no merecería llamarse católico quien no respete su ejemplo de vida. De Roux es un líder espiritual de la misma estirpe del papa ‘Francisco’. Y me parece que ambos se han purificado a sí mismos de vanidad y ego. La imagen que de este cura vallecaucano tengo es la un hombre íntegro, tanto en su obra como en su vida. Sus escritos me sirven de inspiración, casi siempre.

Margarita Rosa de ‘Francisco’, es una figura pública, una diva de la farándula alguna vez hedonista, con trayectoria vital tan distinta de ‘Francisco’ de Roux. Pero entre ellos hay más de una coincidencia, y no me refiero a las superficialidades del origen regional ni del franciscano nombre. Por caminos existenciales muy distintos también Margarita Rosa parece haber tenido un crecimiento espiritual evidente en sus columnas de opinión. No me interesa su vida pasada, ni tampoco necesito información confidencial de su vida presente. Pero en mi opinión la exreina es un referente de honestidad intelectual e inteligencia.   

Ojalá todos los cristianos, y los católicos en particular, fueran semejantes a Francisco de Roux, o al menos a Margarita de Francisco. Y esto puede sonar a herejía, al poner de ejemplo a quien se confiesa ‘’ y ‘creyente’ también dudosa. Hereje o no, creo que Margarita es nada más que una agnóstica declarada, que busca entender al verdadero Dios. 

Por cierto, prefiero un buen ciudadano agnóstico a un católico que no ha hecho catarsis con su ego. Prefiero a ese agnóstico que no solo compadece a los suyos,  y cumple al menos cuatro mandamientos, que también son obligaciones ciudadanas de los laicos. No matar, no robar, no levantar falsos testimonios ni mentir, a más de honrar a padre y madre, son obligaciones capitales del cristiano y ‘deberes-mandamientos’ del ciudadano. Estos mismos 4 valores rigen para todos los laicos, creyentes, agnósticos o ateos y deben ser garantizados por la ley, en cualquier sociedad civilizada.

Creo, por las evidencias que tengo, que tanto el cura como la exreina cumplen esos y otros preceptos de su conciencia. No obstante, dudo que siquiera esos cuatro preceptos los cumplan todos los jueces, los gobernantes, ni los congresistas reconocidamente cristianos de nuestro país.   

Digo que en la mayoría de las veces las palabras del Padre Francisco de Roux me inspiran. En muy contadas ocasiones tengo algún reparo en sus palabras. Hoy, por ejemplo, en su , ocurre algo de esto. Dice de Roux: “En mi sentir, sigue válida la tesis de que Colombia se precipitó en un vacío ético cuando, por el proceso natural de secularización y globalización, la moral católica dejó de ser la norma general para determinar el bien y el mal en los comportamientos privados y públicos, y nos encontramos con que no habíamos hecho la tarea de construir una moral civil, válida para todos los ciudadanos, vigente en la sociedad, respetuosa de creencias y filosofías”.

Si recordamos la historia, el católico mundo ‘occidental’ estaba ya bastante corrompido cuando conquistó a América con arcabuces y caballos, en el siglo XVI. Y de esa despiadada conquista ‘católica’ surgieron unas nacionalidades inequitativas, que se independizaron de las monarquías, pero siguieron invocando a Dios en sus leyes. Parcialmente de acuerdo entonces sobre las falencias morales de nuestra sociedad, pero no creo que el vacío haya ocurrido al prosperar las constituciones laicas.

El problema surgió desde el preciso comienzo, cuando los europeos que colonizaron a América tenían una doble moral católica. Todos profesaban los diez mandamientos, pero violaban repetidamente aquellos cuatro que mencioné antes (no robar, no matar, no mentir, honrar a padre y madre –la madre por lo general ‘indígena’). Ojalá estos conquistadores católicos hubieran tenido la moral de verdaderos cristianos como: San Francisco de Asís, San Martín de Porres o Santa Teresa de Jesús. Sin embargo, eran tan buenos católicos como sus comandantes (Cortés, Pizarro y Belalcázar entre ellos).

Y como sus comandantes, no tenían problema en violar cada uno de estos cuatro mandamientos. Al final, eran perdonados reiteradamente, si algún cargo de conciencia sentían, gracias al sacramento de la confesión, por lo cual seguían siendo católicos a efectos de gobernar. Y sus comandantes también estaban sintonizados en general con sus monarcas, los llamados Reyes Católicos, que poca compasión sentían por otros seres humanos si eran ‘extranjeros’. Y mucho menos si se trataba de judíos o musulmanes.

Pero, entiendo las justificaciones de un jesuita. Los jesuitas son lo más parecido a una organización militar, tratándose de una orden religiosa. Su jefe es el general de un ejército, no el mero abad de un monasterio. Como tal el respetado jesuita, a más de filósofo y humanista, el intelectual padre de Roux, defiende a su Iglesia con el mismo celo que un buen soldado debe defender a su institución.         

En todo caso, aún con alguna discrepancia histórica y política, coincido por lo demás con las palabras del Padre de Roux. Me parece absolutamente acertado, y muy oportuna esta otra parte de su reflexión: "Destruido el valor de la vida, no es extraño que destruyéramos los valores de la justicia, la honradez, la verdad, la compasión, la lealtad, la solidaridad, la paz”.

Y repito algo que ya escribí en anterior ocasión. La influencia de la religión sobre la política es indudable. En mi opinión, que no deja de ser laica, es incluso deseable cuando se trata de principios éticos universalmente compartidos, aún por agnósticos como Margarita Rosa de Francisco o por ateos muy convencidos. Me refiero al punto de intersección de los 4 deberes-mandamientos. Lo que es inadmisible, es que la Iglesia sea utilizada para promover políticas partidistas o candidaturas moralistas. Este no es el caso de Francisco de Roux, ni del Papa Francisco. Pero a quienes no les convenga su claro pensamiento, tratarán de acusarlos de esto y de deslegitimar de cualquier forma su visita.