El Cuentazo del Castrochavismo

La marcha del primero de abril no fue contra la corrupción, fue para re-editar el dispositivo retórico del castrochavismo. 

Andrei Gómez Suárez
Andrei Gómez Suárez
Análista Político
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07 de Abril de 2017

La marcha del 1 de abril de 2017 no fue contra la corrupción. Según han reportado los medios, miles de personas salieron a marchar indignadas con el gobierno por diferentes razones; su política social, económica y de paz. Sin embargo, los discursos de los políticos convocantes revelan que la marcha fue utilizada para re-editar el “cuentazo del castrochavismo”, algo sobre lo que vale la pena reflexionar críticamente.

Yo he preferido acuñar el término “dispositivo retórico” para referirme a la simplificación y tergiversación de la realidad que está detrás de la palabra castrochavismo, uno de los seis recursos discursivos que utilizaron los comités del No en su campaña durante el plebiscito. No obstante, en un debate en con el exvocero del No Rafael Guarín, a quien respeto y admiro por su coherencia en la defensa del estado de derecho, entendí que la traducción de dispositivo retórico al lenguaje cotidiano de los colombianos es cuentazo.

Para defender al Centro Democrático de mi afirmación que la polarización actual está relacionada con el marco de referencia emocional adverso al proceso de paz heredado del plebiscito, el cual se construyó con otros cinco dispositivos: paz sin impunidad, Santos entrega el país a las FARC, No + Santos, Resistencia Civil e Ideología de Género, Guarín afirmó que los dispositivos retóricos eran un cuentazo y que el apoyo de las FARC a Maduro demostraba la realidad del castrochavismo.

Justamente debido al uso ligero y generalizado del cuentazo del castrochavismo es necesario hacer un llamado enérgico al Centro Democrático para que reconozca la responsabilidad de la polarización que vive Colombia. ¿O no polariza la siguiente nota que apareció en el portal ?: “La senadora Paola Holguín informa a los colombianos todos los detalles concernientes a la Marcha del Primero de Abril, contra la inaceptable entrega de la Patria al comunismo Castro-Chavista, representado por el cártel Farc-Santos”

¿O acaso el no polariza también? Durante cuarenta y tres minutos repitió una y otra vez la necesidad de recuperar la democracia en Colombia, llamando al final a los jóvenes a recobrar su libertad; “los venezolanos nunca pensaron que iban a perder la libertad… por esto esta lucha nuestra contra este remedo de chavismo que nos ha impuesto Santos.”

Algunos participantes a la marcha en Bogotá han afirmado que los sentimientos que predominaban en quienes caminaban hacia la Plaza de Bolívar fueron la rabia contra Santos y el miedo al castrochavismo. que se comparte viralmente en WhatsApp y hoy tiene casi 80.000 vistas en YouTube dice literalmente “dile no al castrochavismo … despierta Colombia antes de que te llegue el comunismo.”

La polarización no es un estado de cosas que emerge por generación espontánea; es un proceso que evoluciona y profundiza la desconfianza entre sectores sociales recurriendo a la promoción de preocupaciones morales relacionadas con la opresión, el engaño, la traición, el daño, la subversión y la degradación. Esta es la base de la manipulación moral emocional que vive Colombia hoy y que profundiza la polarización, obstaculizando la capacidad que tenemos todos los seres humanos para reconciliarnos después un conflicto armado que ha dejado fracturado el tejido social.

El cuentazo del castrochavismo impide el reconocimiento del otro, como un legítimo otro en la convivencia. Activa en los colombianos desprevenidos tres temores: primero, el perder la identidad nacional (la amenaza externa); segundo, que se imponga una dictadura (la amenaza a la libertad); tercero, que se instale el comunismo (la amenaza interna a la propiedad privada). Nada más lejano al acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC, en el cual se respeta la propiedad privada (en el caso de la tierra se regresa a los legítimos dueños), se fortalece y amplía la democracia (se crea el Estatuto de Oposición) y se fortifica la soberanía nacional (hoy Colombia es un ejemplo para la comunidad internacional).

No obstante, al caracterizar a aquellos que apoyan la implementación del acuerdo de paz como castrochavistas, el Centro Democrático refuerza en el inconsciente de muchos colombianos un marco de referencia emocional adverso a la reconciliación, en el que la rabia, el miedo, la indignación y la decepción predominan en el relacionamiento con quienes piensan distinto, viéndolos como una amenaza interna y externa a la identidad nacional.

Si queremos ser un mejor país como soñamos todos los colombianos, sin distingo de partido y religión, es necesario reflexionar críticamente sobre los cuentazos que predominan en nuestras conversaciones cotidianas y que son promovidos en marchas multitudinarias a amplios sectores de la población. Colombia tiene un gran potencial para la reconciliación como ha quedado claro en las expresiones de solidaridad con Mocoa. Salir del facilismo mental, preguntándose por qué y cómo contribuye a la polarización, sería un ejemplo del corazón grande que dice tener el Centro Democrático para contribuir a la reconciliación.

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