Decálogo de reflexiones postconflicto a un año de la victoria del NO en el referendo

Hace un año, tras la victoria electoral del NO en el referendo en que cerca de 6.5 millones de colombianos (18,57% de la población) tuvieron una ajustada victoria contra el (18.42%) y un 63% de colombianos que no se manifestaron, sentí que algo importante cambió y no cambió en el país.


Dylan Herrera
Dylan Herrera
Analista Seguridad, DDR, Construcción de Paz
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02 de Octubre de 2017

Hoy, 365 días después, y en honor a ese sentimiento les comparto unas reflexiones en este decálogo* del primer año postconflicto.

  1. Sobre la participación y el abstencionismo del referendo

 Hace un año tuvimos la oportunidad de responder quizás la pregunta más importante que le pueden hacer a cualquier ciudadano de un país en conflicto y a más de la mitad del país optó por no responder. EL PAÍS NO LE DIJO SI O NO A LA PAZ, sólo el 37% salió a disputar sus ideas.

Lastimosamente con la implementación no ha sido mucha la diferencia. Tras la dejación gradual de las armas, la gente ha ido perdiéndole el interés a los temas de la implementación. Hoy se pierden en el olvido de muchos,  las protestas de los cocaleros en Putumayo, Nariño o incluso en el Catatumbo.

Por otro lado, se acercan las elecciones presidenciales y de Congreso, poco a poco se siente el furor vacío y muchas veces desinformado que nos llevará quizás de nuevo polarizarnos en las urnas.  Pero lo preocupante es que a hoy, aún estamos sin propuestas claras de cómo orquestrar de la mejor manera el país que se nos entrega en 2018 para cumplir con los Acuerdos, pero ante todo para impulsar un cambio en país que ya no debe pensar en la guerra sino en el desarrollo y como hace que sus ciudadanos vivan dignamente. ¿Votará menos de ese 37% de 2016?

 

  1. Colombia sociedad de contrastes

Seguimos siendo uno de los países con mayores contrastes entre lo mejor de su gente y lo peor de su gente.

Fuimos la buena noticia de 2016, con gente que a pesar de los retrasos varios que ha tenido la implementación, le han apostado a construir en especial desde lo rural, sobresale ese tejido social fortalecido y que le apuesta a que esta vez algo se haga diferente. Sin embargo Odebrecht, el fiscal anticorrupción Moreno, entre otros, nos recuerdan que Colombia debe afrontar dentro de su misma gente, muchos más retos que el conflicto armado. Hay algo que debe cambiar en el “chip” de la gente para que podamos “sintonizarnos” en un modo diferente, que nos permita construir y reconstruir.

 

  1. La expresión en los tiempos de la cólera

Los discursos del SI no lograron marcar una diferencia con el NO. Y ahora en vísperas electorales vemos como cada vez más el péndulo se inclina más hacia los lados, haciendo que aún las propuestas “pro paz” caigan en discursos belicosos, irracionales, llenos de adjetivos que aún nos estigmatizan y tanto daño hacen como “paramilitar”, “guerrillero”, “comunista”, “fascista”, “terrorista”,  entre tantos otros que no vale la pena traer a colación. El SÍ o el NO, tan emocional o poco racional es un gran peligro que ciega porque no reconoce al otro, y su derecho y oportunidad de coexistir y respetarse. Aún estamos lejos de Voltaire y su vocación de morir defendiendo las ideas del otro.

Las empresas encuestadoras siguen descontextualizadas y no porque sean ineficientes o no, porque tengan muestras poco representativas o no. En Colombia y en varias partes del mundo, tener una opinión diferente se convirtió en un riesgo a la intolerancia de los demás, verbal e incluso física. Acá le gente piensa dos veces antes de opinar por temor a las represalias; también los hay quienes opinan sin responsabilidad y hacen daño así luego deban retractarse. Poco distamos, un año después, de aquellas posiciones encontradas que estaban dispuestas a irse a los golpes…así en el fondo todos queremos un país en paz, sea cual sea la definición de paz que cada uno tenga.

 

  1. Cumplimiento de quien no se esperaba y decepción del que esperábamos ser decepcionados

Contrario a lo que mucho se esperaban, Farc ha sido un actor que ha mantenido constancia en lo que nadie se esperaba, su cumplimiento a pesar del incumplimiento de la contraparte. Hoy la gente no ve el rearme como una posibilidad o el retorno a las épocas de mayor violencia. Las Farc han pasado de ser el peor de todos los males a ser un actor cada vez menos relevante en la mente del colombiano. Sin embargo su proyecto ha sufrido varios golpes y aquella unidad cuasi inquebrantable ha comenzado a presentar sus primeras grietas.

 

  1. El estigma y el olvido para los que ya habían dejado las armas

De las cosas que quizás poco ha cambiado este año, es el esfuerzo silencioso de varias decenas de miles de desmovilizados que han tenido que enfrentar un país cada vez más polarizado pero que silenciosamente siguen intentado apostarle a la legalidad en medio de una sociedad que los ha aceptado a regañadientes.  El estigma no sólo lo sienten los que dejaron las armas y se quedaron en las zonas veredales, o espacios de reincorporación. Varios lo hacen con miedo, viendo a sus excompañeros ajusticiados, o a la expectativa de lo que pase con el grupo, incluso algunos pensando en lo que pueda salir de la JEP.  

Sin embargo hoy ya poco importa para el grueso de la sociedad el proceso que se viene adelantando hace 14 años, el foco de atención de la política pública, de la institucionalidad, y demás está sobre los nuevos diez mil que llegaron y nos olvidamos de los 58 mil que ya pasaron por ahí.

 

  1. En el nombre de la impunidad

En nombre de querer evitar la impunidad, poco ha cambiado el discurso revanchista que quiere jugar a ser verdugo y decidir sobre vidas y destinos de personas, ignorando que asumir dichas potestades no nos hace mejores que aquellos a quienes juzgamos. Los temores por la JEP están a flor de piel, y más ante una elección de magistrados que hoy no tienen un mandato claro, no será una tarea fácil.  Acá lo importante será que pasen los que deban pasar, en donde no podemos enfocarnos en el discurso de buscar quien comenzó primero o de quién es la culpa, y enfocar en lo fundamental que es, cómo aportar a la terminación del conflicto a través de la JEP, cómo encontrar una verdad que nos ayude a saber lo que se debe saber, y cerrar los ciclos que haya que cerrar.

Algo si debe ser claro y es que ni la cárcel repara, ni podemos permitir que el interés del país por lo que suceda con la JEP se limite a quien se mandó o no a la cárcel. El país es experto en meter casos y personajes a la cárcel, al congelador en donde se queda, en un olvido colectivo, pero sin lograr verdaderos cambios y reflexiones dentro de la generalidad de la sociedad colombiana.

  1. Lo esencial sigue siendo invisible a los ojos

Tras un año quedó claro que poco o nada sirvió entender o leerse de extremo a extremo las 297 páginas y posteriores 310 tras los ajustes que se entregaron a mediados de noviembre de 2016. En ese tiempo, como funcionario de gobierno trabajando en temas de reintegración y como docente universitario, me esforcé porque la gente despejara sus dudas y entendiera su contenido, tarde entendí que lo importante no era su asimilación, sino que la gente se enamorara de la idea de poder hacer cosas diferentes en este país.

Hoy basta con ver el gran reto con los PDET, de los que cada vez se habla más pero que a ciencia cierta nadie puede explicar bien su alcance. Los más estudiados y críticos argumentan que no se sabe de dónde se van a financiar, todo esto sin ver primero, las expectativas de lo que la gente quiere construir. La paz se sigue llevando en dos charlas paralelas que por definición, parecen nunca tender a encontrarse, entre el riguroso tecnicismo y el misticismo de construir paz.  

 

  1. Esta apuesta es para muchos más que diez mil

Aunque a medida que avanzan los esfuerzos hay cada vez más gente involucrada en la construcción de paz e implementación del Acuerdo y de las demás medidas necesarias para la transición del país. Sin embargo, para el grueso de los colombianos y en parte como parte del cubrimiento en medios, parece ser un tema que sólo compete al Estado colombiano a Farc. Se nos olvida con rapidez lo directamente relacionados que estarán miles y millones de colombianos con varios de los puntos abordados en el acuerdo. Esto no es la implementación para diez mil personas, es la implementación para que a futuro los 49 millones de colombianos podamos ejercer nuestro derecho fundamental a la paz (positiva).

 

  1. No hubo tiempo para la tusa

La “tusa” del plebiscito tenía que durar poco, era imperativo levantarse a seguir respondiendo por un país que día a día nos trae nuevos retos, problemas y oportunidades.  Este año, ese porcentaje de país que lloró aquel 2 de octubre ha logrado comenzar a estrechar la mano de aquel porcentaje que celebró su victoria,  en lugar de quedarse apuntando el dedo. Porque sin querer hacer alusión a algún político (aunque me guste su frase), en este país debemos caber todos, es la única forma que lograremos como decía Gabo, un país al alcance de nuestros niños.

 

* Conjunto de normas o consejos que, aunque no sean diez, son básicos para el desarrollo de cualquier actividad.