¡Atrévete a saber!

La ilustración fue la respuesta al oscurantismo promovido por aquellos privilegiados que querían conservar el statu quo a partir del uso de una lógica imprecisa y abstrusa. Esta lógica aparece actualmente para quienes buscan restringir el conocimiento y oscurecer deliberadamente las consecuencias positivas de la terminación del conflicto armado.

Juan Ospina
Juan Ospina
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16 de Julio de 2017

La ilustración no solo fue un movimiento social, cultural e intelectual europeo de cierta época, mitad del siglo XVIII, sino el proceso que permitió al ser humano superar la minoría de edad en relación con el conocimiento y la razón.  

Immanuel Kant escribió en 1784 un artículo denominado Respuesta a la pregunta: ¿qué es la Ilustración? en el cual señaló que “La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!: he aquí el lema de la ilustración”.

La liberación del ser humano de su minoría de edad le permite superar las supersticiones, los mitos y demás obstáculos impuestos para impedir el progreso por quienes ostentan el poder. Para tal efecto, señalaba Kant, que el ser humano debía superar dos factores: la pereza y la cobardía, que permitían y mantenían la limitación al progreso, bajo el primero se dejaba en otro la necesidad de pensar y en el segundo se consideraba incapaz de servirse de su propia razón, soportado en la pereza y el miedo.

Mucho se ha dicho sobre el proceso de la ilustración, pero lo cierto es que el mundo, a partir de la razón y el conocimiento, ha sido distinto desde entonces: ha superado el oscurantismo, es decir, ha progresado.

En la actualidad y con ocasión del proceso de terminación del conflicto, hemos sido testigos de la construcción de distintas lógicas, basadas en la libertad de cada uno para servirse de su propia razón, que procuran por fijar una posición en relación con los beneficios, perjuicios, efectos y consecuencias de la suscripción de un Acuerdo Final y la terminación de un conflicto armado.

Esta es una muestra real de que, si bien no estamos en una época ilustrada, estamos en una época de ilustración sobre la terminación del conflicto y la construcción de paz. Seguramente falta mucho para que todos nos hagamos una idea razonable sobre lo que significa este momento y las consecuencias que inconmensurablemente puede producir, pero es un momento en que se ha abierto una oportunidad para dialogar y trabajar conjuntamente en este propósito.

Ahora bien, esta oportunidad debe seguir unas reglas mínimas de dialogo: el respeto por el otro; la construcción de un mensaje basado en la verdad, sin falacias; no apelar al discurso paranoico y salir del maniqueísmo.

Que cada uno se pueda servir de su propia razón podría servir también como lema de este proceso que vive Colombia, y que impediría frases como  “yo voto por el que diga X”, permitiría desmontar las lógicas que a partir de la imprecisión, argumentos de difícil comprensión, la desinformación y la mentira se construyen alrededor del Acuerdo Final, y frenar a la posverdad, es decir, la información que no se basa en hechos objetivos sino en las emociones, creencias o deseos de los escuchas, todos estos elementos socavan la construcción de argumentos de progreso que podrían derivarse del proceso que vivimos como sociedad.

No podemos permitir que por estar en un momento sin precedentes se apele a la oscuridad y la ignorancia frente a lo desconocido, para justificar el constante rechazo que encontramos contra el proceso de paz que tomó algunos años en concretar un acuerdo final, y frente a este y las iniciativas que pretenden hacer realidad lógicas distintas a las actualmente vigentes, producto de ejercicios racionales por superar las causas que facilitaron el inicio y mantenimiento del conflicto armado, y la violencia política.

En nombre de la paz, bajo el argumento de estar a favor de esta pero no de la forma en que se ha construido, se apela constantemente a la negación de los hechos verificables e incontrovertibles que permiten concluir que la terminación del conflicto armado tiene unos beneficios que superan cualquier argumentación por exagerar u oscurecer las consecuencias de la paz. No es pues este un llamado a exagerar los beneficios de la terminación del conflicto, porque ello conllevaría a la construcción de otro velo de ignorancia, pero si a llevar a cabo una discusión racional que permita ver con claridad lo bueno y malo del proceso que transita nuestro país, sin necedad.