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Arauca está esperando la paz, en silencio

La guerra en Arauca sigue, y la violencia viene de todos los lados. Mientras tanto, la población afectada espera con tanta esperanza como escepticismo a la paz.

Kyle Johnson
Kyle Johnson
Analista senior de International Crisis Group en Colombia
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27 de Abril de 2018

El departamento de Arauca está esperando todavía conocer la paz prometida después de la firma del acuerdo con las Farc.

El control y expansión del ELN, la corrupción sistemática y la estigmatización de la región y su población desde el Estado y la Fuerza Pública se combinan para perpetuar la violencia contra la población civil desde todos los lados.

Aunque buena parte de la sociedad rural anhela un acuerdo con el ELN, en las cabeceras el resentimiento contra esa guerrilla y el escepticismo reinan.

El ELN está en plena expansión en Arauca y a la vez fortalece su control político sobre las autoridades locales y la población civil. Esta guerrilla ha copado varios de los territorios que eran de las Farc a raíz de un acuerdo que le puso fin al conflicto entre las dos guerrillas en 2010, especialmente en Tame y Arauquita.

Según varias fuentes, la población local veía esta situación venir y por lo tanto buena parte de los pobladores rurales que votaron en contra del acuerdo con las Farc en el plebiscito, temiendo que a sus territorios llegara el ELN o por la incertidumbre de no tener a las Farc como actor único de control. Incluso, algunas comunidades se sienten más protegidos al saber de la presencia de la disidencia compuesta por miembros del frente 10 de las Farc, que se presenta como el frente primero.

Su temor se basa en el hecho de que, según activistas de derechos humanos, investigadores en la zona, actores políticos y pobladores locales, el ELN mantiene su poder político, en buena parte, a través del asesinato de civiles.

El grupo asesina a ladrones, expendedores y consumidores de droga y personas acusadas de ser informantes de la Fuerza Pública, normalmente - pero no siempre - después de una primera advertencia.

Al mismo tiempo, hay veces que el grupo resuelve los conflictos en las comunidades donde ha hecho presencia histórica por medio de ejecuciones. Resolver conflictos le ayuda al grupo a mantener cierta base de apoyo social, aunque en territorios que ha copado la población no siempre conoce personalmente a quién acudir para que la guerrilla resuelva sus problemas.

Adicionalmente, desde 2015, el grupo también ha resuelto sus problemas internos a través del asesinato. Tanto que Antonio García, segundo al mando del ELN, tuvo que mandarle una carta al frente de guerra oriental recordándole que “siempre los problemas entre compañeros debemos solucionarlos con el diálogo…”.

Según varias fuentes, el ELN también ha asesinado a personas que considera que hacen parte de la base social de las Farc, o que “salgan de la línea” política elena, para mantener el control político.

El poder político del ELN en Arauca es evidente, pues, según casi la totalidad de los entrevistados, el grupo “co-gobierna” con las autoridades locales “cobrando la vacuna” sobre cualquier proyecto que se quiera llevar a cabo en la zona rural del departamento, presionando para que se hagan ciertos proyectos.

Según varios entrevistados, esa guerrilla habría puesto por lo menos a un alcalde en la zona a través del “clientelismo armado”, y algunas personas afirman que la guerrilla pone a “su gente” en posiciones locales estatales. Además, hay denuncias de que habría defendido a través de la amenaza a algunos políticos aliados corruptos frente a entes investigadores.

Este saqueo de los recursos estatales por parte de la guerrilla (históricamente con el argumento de debilitar al Estado) y gobernantes (para quedarse con la plata) ha hecho que buena parte de la gente ya no apoye ni crea en el ELN: los ve como otra parte de un sistema político sucio que no les responde a las necesidades de la gente. Cabe señalar que lo mismo opina el pueblo de las autoridades locales.

Eso, más el resentimiento que mucha gente siente por la violencia del ELN, explica por qué en Saravena, considerado la cuna de la guerrilla en Arauca, haya un alcalde de Centro Democrático. La gente quería “darles una lección”, en palabras de varios pobladores. Querían mostrar su opinión verdadera frente a la guerrilla en el único lugar que siente que puede: las urnas de votación.

Ese aumento de violencia del ELN se explicaría, en parte, por el relevo generacional dentro del frente Domingo Laín, donde líderes más antiguos, en general vinculados a comandantes viejos, han sido reemplazados por mandos más jóvenes, quienes tendrían menos (pero no nula) formación política y una visión distinta sobre la realidad de la región.

Al mismo tiempo, la posible llegada de grupos vistos como paramilitares a la zona ha llevado a que el ELN se preocupe más por la infiltración dentro de las comunidades y sus filas, haciendo que la sospecha frente a la población incremente.

Por el anterior, el Domingo Laín -que se está expandiendo, se financia por los recursos estatales y el control total de la frontera con Venezuela, y ve una oportunidad para fortalecerse políticamente, así sea a través de la violencia– tendría pocos incentivos para creer en una negociación, sin representar una “rueda suelta” en la organización.

Sin embargo, comprometerse con la búsqueda de la paz puede ser su único camino para recuperar la legitimidad que antes tenía en la zona.

Pero el fuego no solamente viene del lado de la guerrilla. En los últimos seis meses, se han denunciado seis casos de ejecuciones extrajudiciales por parte de la Fuerza Pública o Policía en el departamento.

Estos casos pueden tener dos explicaciones, según pobladores locales: la estigmatización continua contra la población civil, que es vista de manera generalizada como auxiliadores de la guerrilla; o porque la Fuerza Pública tiene un miedo tan fuerte de ser atacado que no logra actuar dentro de las normas del derecho internacional humanitario.

El aumento de la presencia militar en el territoirio y las noticias de estas supuestas ejecuciones han hecho que se genere un miedo generalizado en la población, incluso entre los que son críticos del ELN.

Además varias comunidades – independientemente de sus actitudes frente al ELN – siguen preocupadas por los efectos de la exploración y explotación petrolera en la zona. Apuntan a  los casos permentes de daños ambientales, y argumentan que la corrupción se alimenta por la producción de hidrocarburos y que el Estado central solamente se interesa en esa zona por el petróleo.

Hecho que cobra certeza cuando se entiena que la misión de la mayoría de los militares de la zona de proteger el oleoducto.

Frente a la paz, la sociedad araucana está dividida. Están los que desde los sectores urbanos prefieren la vía militar contra la guerrilla. Hay otros, especialmente en las zonas rurales, quienes esperan un resultado positivo y pronto de la mesa de negociaciones con el ELN. Sin embargo, ven cada menos probable que el diálogo con esa guerrila lleve a una paz verdadera, a la luz de la débil implementación del acuerdo con las Farc en la zona.

Otros dudan, porque según denunció el gobernador del departamento en 2016, no hay recursos del Estado central para Arauca.

La guerra en Arauca sigue, y la violencia viene de todos los lados. Mientras tanto, la población afectada espera con tanta esperanza como escepticismo a la paz.

Y siguen esperando, pero en silencio.