Algeciras y la innovación

Fue refrescante para los expertos rurales convencionales y de vieja tradición participar de un ejercicio moderno, ágil, divertido y genialmente facilitado.

Natalia Gomez Muñoz
Natalia Gomez Muñoz
Consultora
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09 de Noviembre de 2017

Gracias a La Silla Vacía, en un ejercicio de trabajo colaborativo promovido particularmente por La Red de la Paz y la Konrad Adenauer Stiftung, un grupo de profesionales trabajamos en temas de desarrollo rural; la mayoría no eran expertos en desarrollo rural, pero nos dieron a los expertos en el tema, sopa y seco.

Con gran sentido común y de innovación, abordaron el asunto de la sostenibilidad del desarrollo rural de un municipio de Colombia, en este caso de Algeciras, Huila, municipio donde la Campaña Colombiana Contra Minas trabaja en labores de desminado humanitario.

El grupo trabajó con gran sentido práctico, pensando en el protagonismo de sus pobladores más que del Estado para la solución de temas de interés general (un Estado generalmente inexistente, inoportuno e inadecuado en sus respuestas), e introduciendo nuevas formas de pensar el desarrollo local.

La gastronomía, el turismo rural, el reciclaje, el pago por servicios ambientales, la cultura, entre otras iniciativas, estuvieron a la orden del día para pensar en renglones alternativos para la generación de ingresos y la promoción de la vida y el desarrollo en zonas afectadas anteriormente por el conflicto.

Fue refrescante para los expertos rurales convencionales y de vieja tradición, participar de un ejercicio moderno, ágil, divertido y genialmente facilitado, e ir descubriendo agazapados en los distintos planteamientos, conceptos fundamentales del desarrollo rural con enfoque territorial, que seguramente solamente nosotros reconocimos al ir haciendo la lista de chequeo del deber ser del desarrollo con dicho enfoque.

Me refiero, por ejemplo, a la valorización del patrimonio de los territorios (los activos naturales, productivos, institucionales, culturales, ambientales, etc.).; de la importancia de identificarlos y reconocerlos y de ponerlos al servicio del desarrollo de un territorio en particular. Al empoderamiento de las comunidades y el potencial de sus saberes tradicionales unidos a las nuevas tecnologías. Al valor de las alianzas

Estratégicas con actores internos y externos al territorio y de las alianzas público-privadas. A la asociatividad bien entendida, basada en la confianza y la reciprocidad y no forzada y madurada a la brava para clasificar a un subsidio o a un programa coyuntural de un donante o del administrador público de turno, o a una promesa de campaña.  

A las relaciones rural-urbanas y la importancia de las inversiones en bienes públicos (infraestructura de carreteras, conectividad virtual, educación y formación para el trabajo, etc.), todo pensando en enriquecer a un territorio para convertirlo junto con su patrimonio y activos (su capital territorial) en una posible fuente de oferta atractiva para un consumidor ávido de naturaleza, de aventura, de historia, la cual ahora, con la desmovilización de las Farc en esa región y la posibilidad de construir la paz, se abren otras posibilidades para el desarrollo de sus comunidades y el mejor estar de sus gentes.

Más que un Estado (generalmente ausente o ineficiente, capturado para pocos y motivado por intereses particulares), de lo que se requiere es de una oportunidad para las organizaciones de base comunitaria con su capacidad de participar y decidir sobre el futuro del desarrollo de su territorio, de la mano de líderes sociales y otros socios estratégicos que complementen y enriquezcan sus iniciativas, aportando conocimiento y encontrando oportunidades para la inversión privada y comunitaria donde el fruto del desarrollo se distribuya entre muchos; y entretanto, mantener sus luchas por la llegada del Estado con inversiones en bienes públicos (que a él le competen), pero con sentido para favorecer el tipo de desarrollo que la comunidad se ha soñado para su territorio, y el aval, la participación y la supervisión de las comunidades fortalecidas sobre la acción del Estado.

Un líder comunitario dijo durante la sesión lo siguientes: "un Alcalde debe comportarse como el gerente de una empresa y la comunidad como la dueña participando en la asamblea de propietarios, y representantes de las fuerzas vivas de la comunidad, ejerciendo  control a través de su participación en la junta directiva que pide cuentas al gerente". Más o menos así, en esos términos explicó la figura de una asamblea municipal constituyente que sueñan con crear en su municipio.