Rompiendo el disco rayado del "Si" y el "No"

Los acuerdos ya están listos y queda en nuestras manos ser capaces de innovar el discurso frente al plebiscito para movilizar a la ciudadanía a salir, emocionarse y votar.

Diego Junca
Diego Junca
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23 de Agosto de 2016

Ya no me sorprende ver en cada noticia, opinión o video en internet, una cadena de comentarios llenos de ofensas e insultos entre quienes apoyan los acuerdos de La Habana y quienes no. Se ha llegado a un punto similar a lo ocurrido recientemente en Estados Unidos con la  a los reclamos que le hizo una familia inmigrante por el sacrificio de su hijo muerto luchando en la guerra de Irak. Con arrogancia, el candidato republicano descalificó el dolor de aquellos padres, evidenciando una falta de compasión y empatía que nos debería preocupar, porque eso mismo está pasando aquí en los foros, en Facebook, en Twitter y demás redes sociales.

Ante la fuerte polarización que vive el país, ambos bandos buscan desesperados fórmulas para convencer al otro a punta de generalizaciones y afirmaciones engañosas que han convertido el debate en un disco rayado de falacias y mentiras. Si la discusión no cambia, vamos a seguir perdiendo el tiempo tratando de discutir con un muro inerte, inmóvil y hostil, sobretodo ahora que el acuerdo está listo y el tiempo es oro.

Por eso es necesario que innovemos en el discurso y que seamos más astutos en la manera como estamos comunicando nuestras ideas, independientemente de nuestra posición.  He visto varios esfuerzos bien ejecutados que buscan explicar los acuerdos en formatos de videos, comics, cartillas e iniciativas creativas para movilizar votaciones.  Pero lo que si es cierto, es que el tema técnico es confuso, y para algunas personas un tanto aburrido, y eso dificulta nuestra capacidad de mover los corazones del electorado. Por eso, dejo algunas reflexiones sobre nuevos caminos, esperando aportar a quienes están haciendo esfuerzos por comunicar con claridad por qué es crucial para nuestro futuro participar.

 

La batalla es por los indecisos y los desinteresados

Las pocas experiencias que he tenido hablando con los opositores han sido poco exitosas, no por la falta de argumentos, sino porque llegan a puntos en que las conversaciones se salen de toda racionalidad y entran al campo de lo hipotético, lo imaginario y sobre todo, lo emocional; al punto en que, así uno le demuestre a su opositor con cifras, datos y casos que sus argumentos son falsos, la persona seguirá defendiendo su posición.

En definitiva, tratar de convencer a alguien que está del otro lado, aunque es posible, requiere de un esfuerzo gigantesco.  Si lo que estamos buscando es cambiar el resultado de las votaciones, entonces no lo vamos a lograr tratando de convencer al otro bando, sino despertando el interés de quienes hoy son indiferentes.

 

Salir de la discusión de la impunidad

La negociación es mucho más que el tema de la impunidad. Estamos hablando de la capacidad de miles de personas en las regiones para incidir en su realidad local sin un arma que los intimide, de conocer la verdad de lo que ocurrió durante tantos años, de reparar a millones de víctimas, de construir un país equitativo y golpear al narcotráfico, ente muchos otros aspectos. Eso es en gran parte lo que está en juego pero sobre eso no se está discutiendo. ¿Vamos a permitir que nuestro futuro dependa de si Timochenko va a ir a la cárcel o no? ¿Esa es la importancia que le vamos a dar? 

Es normal que a todos nos de rabia e indignación. Pero recordemos que en una democracia las personas llegan al poder porque los elegimos ¿será que les alcanzara para llegar al congreso? El poder esta en nosotros. Verlos en el congreso e imaginar que no van a estar privados de la libertad tras las rejas me hierve la sangre, pero si queremos honrar las vidas de las miles de víctimas, dejemos de darles tanta importancia a ellos y concentrémonos en las vidas que importan. 

 

Salirse de Internet

Para explicar con tiempo, resolver dudas y entender al otro, hay que salirse del internet. El reto no es fácil y ese es el punto.  Nos estamos volviendo perezosos y estamos dejando que la satisfacción de publicar un comentario o poner un “me gusta”, nos libere del peso de encarar y dialogar cara a cara con la gente.

Para muchos el tema es delicado, conozco el caso de una persona que es la única a favor de los acuerdos en su familia. Ahora todos lo llaman el “guerrillerito”, y por eso él ha decidido dejar de hablar del tema para evitarse esa incomodidad. Ahí está el reto ¿Cómo podemos  crear espacios de discusión fuera de las redes donde sea posible debatir sin que se corra el riesgo de dividir una familia, aislarse en el trabajo o perder un amigo? Justamente eso será el país en paz. No se trata de que estemos todos de acuerdo, sino de que podamos dialogar sobre nuestras diferencias sin violencia.

 

Conozcamos al otro

Seamos realistas: ni los que están en contra de los acuerdos son guerreristas, ni los que están a favor de ellos son guerrilleros.  El acuerdo no le entrega el país a la guerrilla y tampoco significa que ahora vamos a vivir en un país absolutamente pacífico. No podemos concentrarnos solo en los comentarios incendiarios y generalizados, sino que debemos hacer el esfuerzo de ver más allá. Todos tenemos miedo, rabia, duda, indignación, y cada uno lo está manejando de forma diferente, interpretando la información a su manera y moldeando discursos para que se ajusten a lo que pensamos. Hagamos el esfuerzo por hacer preguntas y entender lo que el otro siente y piensa. Tratemos de reconocer los puntos que compartimos en común y negociemos hasta donde seamos capaces de ceder en nuestra vida cotidiana para empezar a transformar el país.

 

Controlar y canalizar la ira

Tenemos que aprender a transformar el conflicto, y ser capaces de aceptar las opiniones de otros, por más contrarias que sean. Cuando uno pierde el control y lanza un insulto en un foro, perdió la discusión. El otro lado lo único que ve es un berrinche y se declara ganador, porque lo único que un madrazo refleja es la incapacidad de haber dicho algo diferente.  Dejemos de descalificar, lo único que logramos es que el otro se vuelva defensivo y más cerrado.  Así jamás vamos a avanzar.

Ahora bien, yo creo que la ira que despiertan las FARC puede ser canalizada de una manera provechosa. El 97% de los colombianos tenemos una pésima imagen de ellos. Usemos esa energía acumulada para ser veedores cuidadanos y verificar que las FARC cumplan con su parte del trato. Que esa indignación llegue a sus corazones y los revuelque, los haga reflexionar y ojalá los motive a pedir el perdón que todos anhelamos.

Esto solo será posible si los acuerdos salen adelante, ellos tendrán que salir del monte y se enfrentarán con el reto de tener que ganarse el corazón del “pueblo” que hoy los odia. Esa misma presión la debe sentir el gobierno. No puede ser que se sigan haciendo nombramientos políticos en las regiones, no puede ser que se siga repartiendo mermelada por lo ancho del país. Que se sienta el peso de la responsabilidad de nuestro voto y de la sociedad civil. 

 

En conclusión

Es muy fácil opinar en internet. Cada uno siente satisfacción con cada comentario que deja, enorgulleciéndose de su capacidad de alzar la voz, pero todo es de otro color en el mundo real. Estamos viviendo un momento histórico y único, y depende de cada uno de nosotros innovar en nuestras acciones y hábitos. Seamos astutos, leamos e informémonos con la verdad y demos el paso de defender nuestras convicciones sin atacar al otro.

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